El final de la Segunda Guerra Mundial significó la reconfiguración del mundo de múltiples maneras: cambiaron fronteras, desaparecieron países y se crearon otros; se construyó una cortina de hierro ideológica y se erigió un muro que partió en dos a Alemania; pero sobre todo se priorizaron discursos alrededor de la nueva diáspora judía.
Tras las declaraciones de paz, Europa atestiguó el nacimiento de numerosas y valientes obras en todas las ramas del pensamiento debidas a plumas judías, como las tesis sobre teoría de la historia creadas por Fernand Braudel.
En la literatura, conjugando la tradición y las palabras con un potente espíritu de reflexión y pensamiento, se destaca Edmon Jabès, quién se consolidó como uno de los escritores judíos más importantes de a segunda mitad del siglo XX.
Nacido en Egipto en 1912, Jabès recibió una educación tradicional francesa en este país africano; sin embargo, a raíz de la expulsión judía de 1956 durante el conflicto árabe-israelí, se trasladó a París, donde entró en contacto con representantes del surrealismo y obtuvo la nacionalidad francesa.
En Francia, fue amigo de Max Jacob, quién fue su guía por muchos años. La obra de Jabés está escrita en francés y su poesía es considerada como una de las más representativas de la posguerra.
Recibió diversos premios como el de la Crítica en 1972 y obtuvo una distinción por la Legión de honor en 1986. Incluso, fue nombrado uno de los cuatro escritores franceses al lado de Albert Camus. Levi Strauss y Jean Paul Sartre.
Jabès alude en sus poesías a elementos místicos de la tradición judía. Constantes metáforas al exilio y al éxodo impregnan sus páginas, desde las que indaga sobre la condición humana, la vida como una constante búsqueda en la que se impone un eterno peregrinar.
En sus poemas alaba a Dios y recrea las costumbres judías. Desde las experiencias del holocausto activa un diálogo entre la filosofía y la teoría literaria para comprender la vida y los actuares humanos.
Entre sus textos se encuentran: Libro de las preguntas, Libro de las semejanzas, Libro de los márgenes y La memoria y la mano, entre muchos otros.
“La parte humana de la escritura es la parte conocida; la parte divina, la desconocida.
El libro está en la semilla.
La semilla es vocablo.
El vocablo está en el libro.
La lectura del libro quizá no sea sino lectura de granos germinados.” .:M:.
*Escrito originalmente para e.Metro, estación Polanco

