Orozco y Cabañas – De hospicios y arte mexicano

Rivera, Siqueiros y Orozco; son tres nombres que nos son evocados cuando se menciona el esplendor del muralismo mexicano del siglo XX. La fuerza nacionalista de los murales está plasmada en muchos de los más importantes monumentos y edificios de la nación, como parte de una propaganda del estado que resultó en la más bella forma de hacer perdurar la identidad nacional a través del tiempo.

Uno de ellos, José Clemente Orozco, es el que de forma más agresiva, con líneas gruesas y coloridas nos narra mejor los sucesos bélicos de la historia nacional.

Este icono de la pintura contemporánea mexicana, nacido el 23 de noviembre de 1883 en Ciudad Guzmán, estado de Jalisco; ya mostraba señales de lo que sería su estilo artístico desde edad temprana. En 1916, en la librería “Biblos” de la Ciudad de México, Orozco plasmó con gran fuerza y contraste las líneas y tonalidades de su pintura.

Orozco fue uno de los mayores estudiosos que, a profundidad, analizó la antigua técnica de pintura al fresco, al tiempo que le agregaba sus propias meditaciones sobre el color y su relación con la forma y el movimiento.

“Es para el pueblo. Es para TODOS”

La fuente de inspiración del artista llegó de cuatro fuentes elementales, aunque estas, de origen muy diferente: El tratado de pintura de Cennio Cennini, el cual fue un pintor italiano del siglo XV; la experiencia del trabajo diario de los albañiles mexicanos; el minucioso examen de los muros de los frescos antiguos del México prehispánico y de la experiencia adquirida al pintar los muros de la Escuela Nacional Preparatoria que comenzó a adornar con sus pinturas en el año de 1922.

Pronto este jalisciense comenzó a cobrar fama internacional, representando a México a través de sus murales en el Darmouth College en New Hampshire, como parte de una exitosa estancia de siete años en los Estados Unidos de América.

En 1934 regresó a la capital de México bajo la invitación de la Secretaría de Educación Pública para pintar las galerías del muro oriente en el segundo piso del Palacio de Bellas Artes.

Los motivos empleados para representar su la guerra y la desintegración, estuvieron llenos de alegorías de la lucha, el caos, la desintegración, entre imágenes de prostitución y máquinas que fueron tratados para formar un ritmo espectacular.

En esta obra titulada La Katharsis (Aunque, según el curador Clemente Orozco Valladares, ésta no fue intitulada de esta forma; ya que denota una interpretación psicológica distinta a su sentido), el hombre se enfrenta a la civilización mecanicista y, a través de este proceso puede llegar incluso a la purificación.

La naturaleza, llena de expresión, de esta obra queda implícita en el dramatismo y la fuerza de su representación, sus colores y sus trazos.

La Katharsis es una de sus trabajos más relevantes, no obstante su más destacado e importante es el grupo de murales de la capilla del Hospicio Cabañas en la Ciudad de Guadalajara.

El Hospicio Cabañas es uno de los monumentos más importantes de la capital del estado de Jalisco, enmarcando imponentemente la plaza tapatía la cual ostenta orgullosamente el edificio construido por encargo del señor obispo don Juan Cruz Ruíz de Cabañas y Crespo.

El plano, realizado por Manuel Tolsá, comenzó a ejecutarse en 1803, y fue dirigido por don José Gutiérrez. Siete años después, la obra se detuvo a causa de la guerra de Independencia, reanudándolas hasta 1840 por órdenes del Obispo don Diego de Aranda.

El arquitecto don Manuel Gómez Ibarra estuvo en esta ocasión encargado de dirigir la obra, agregando su famoso pórtico, formado con seis columnas de estilo toscazo el cual predomina en la mayor parte del inmueble, formado por veintitrés patios, la mayoría de ellos con jardines.

Los patios están encuadrados por corredores y bien distribuidos simétricamente. Al final del patio principal se levanta la Capilla, obra del arquitecto Manuel Gómez Ibarra, cuya cúpula sostenida por un doble círculo de 32 esbeltas columnas.

Las columnas interiores son de estilo jónico y dórico las del exterior. En el frente que da al máximo patio, hay un pequeño pórtico sobre el cual se alza atractivo campanario que enmarca todo el conjunto.

Su función como hospicio comenzó desde antes de ser terminada la obra, recibiendo a casi setenta niños de las calles de Guadalajara. En ese lugar les era impartida su educación básica, además de artística. La labor del hospicio se vio interrumpida en muchas ocasiones a causa de los movimientos armados del siglo XIX, cesando definitivamente como hospicio en la primera mitad del siglo XX.

En 1939 la Capilla fue transformada en una gran pieza de arte por obra de José Clemente Orozco, teniendo como tema principal los personajes de la conquista de México.

La bóveda del ala derecha de la capilla contiene los frescos del «Fraile Franciscano», «Los Caballeros de la Conquista» Felipe II y La Cruz», y en el muro el «Juan Ruiz De Cabañas». En el ala opuesta y en la bóveda llaman la atención «Cortés y La Victoria» y «Escenas de la Guerra».

A pesar de que es un mural muy grande (y la mayor de Orozco) el centro de ésta es la que más llama la atención, la cúpula de la Capilla, adornada con el mural “El Hombre del fuego”.

Esta ha sido considerada una obra maestra de la ingeniería visual, ya que posee muchos efectos e interpretaciones según desde donde se esté observando. Por principio, el mural está pintado sobre una superficie convexa, por lo que toda pintura se vería deformada, no obstante ésta permanece perfecta como si fuese plana. Por otro lado, el hombre que está al centro de la pintura pareciera que volara o cayera según si se le ve al entrar o al salir del recinto, un efecto visual que no es azaroso ya que esa fue la concepción con la que el artista la pintó.

Bajo la bóveda están representadas las artes, la artesanía y las ciencias en forma alegórica, como eje fundamental del paso de la humanidad.

Todo en su conjunto es una muestra del gran conocimiento del espacio que José Clemente Orozco poseía, dando ejemplo de la majestuosidad del arte mural mexicano, pro esa razón, el Hospicio Cabañas (Llamado hoy Centro Cultura Cabañas) ha sido testigo de eventos muy importantes en la historia de nuestro país, desde la firma del plan del Hospicio en donde Antonio López de Santa Anna retomaba el poder como dictador En 1853, hasta la realización de la primera Cumbre Iberoamericana en 1991.

Este Patrimonio Cultural de la Humanidad permanece como testigo de nuestra historia y sin duda se ve engrandecido por la obra de José Clemente Orozco, quien falleció el siete de septiembre de 1949, pero quedó inmortalizado al igual que muchos artistas que guardaron su obra en éste, el corazón de Guadalajara. .:M:.

*Escrito originalmente para e.Metro, estación San Juan de Dios