La curiosidad engendra datos inútiles

Una persona curiosa tiende a acumular una cantidad absurda de datos que no le interesan a nadie más que a ella. La razón es muy sencilla, a quién se le ocurre buscar el significado de una palabra de uso común como aguacate (ahuacatl: testículo, por la forma) o si los gatos ven a blanco y negro (lo cual por cierto sólo ocurre en la noche porque son capaces de diferenciar entre el azul, el amarillo, el blanco y el verde).

Seamos sinceros ¿Quién en su tiempo libre busca ese tipo de cosas? O mejor aún ¿Cómo compartes estos pedazos de información sin parecer fuera de contexto?

La realidad es que sólo la curiosidad y, dicho sea de paso, la ociosidad te orillan a encontrar estos datos y a compartirlos en los momentos aparentemente más inoportunos. Esos silencios espesos donde ya no sabes que decir para continuar la conversación son la ocasión perfecta para soltar un “¿sabías que es físicamente imposible lamerse el codo a menos que seas contorsionista?” si quieres ver como lo intenta y reírte un rato o el “¿tú sabías que el encendedor se inventó antes que los cerillos?”. En cuyo caso seguro se ponen a platicar sobre lo absurdo de dicho descubrimiento o en el peor de los escenarios te voltearán a ver con cara de “¿y de dónde sacas la información?”. Cualquiera que sea la reacción seguro que es diferente, te deja un buen sabor de boca o al menos te cambia la perspectiva del día.

Estos datos deben de ser extraños, fuera de lo común, chistosos, asquerosos o que provoquen una emoción diferente; como el saber que en promedio al año mueren 100 personas ahogadas con bolígrafos. Seguro que no se olvida dicho comentario y puede llegar a más personas de las que imaginaste en un inicio. Lo creamos o no, hacen falta chispazos que nos enriquezcan en una forma inútil, sin mayor propósito u objetivo que el de comentar algo nuevo que se aprendió y que no te servirá de nada más.

Esa habilidad innata en los seres humanos que es la curiosidad contribuye a condimentar la rutina diaria que debemos seguir, carece de mayor razón que satisfacer una duda que no responde a ninguna necesidad primordial y el conocimiento resultante sólo es almacenado esperando una oportunidad de ser compartido por el puro placer de variar las cosas. Saber que Walt Disney le tenía miedo a los ratones, te va a causar gracia considerando que el personaje insignia es un ratón, notarás la ironía y continuarás con tu día sin más. Tal vez hasta con una sonrisa en el rostro, lo más seguro es que la próxima vez que veas a “Mickey Mouse” te vayas a reír.

Los datos inútiles son la forma más sencilla de aprender algo nuevo que sale de tu área de especialidad, a menos que te dediques a ellos, y de fomentar esa capacidad de asombro que el día a día nos ha hecho perder. La curiosidad no tiene nada de malo siempre que puedas afrontar las consecuencias y la cantidad de datos sin sentido aparente que seguro recolectarás, para lo cual te recomiendo encontrar una víctima de la que te puedas reír con la cara que te van a poner.

 

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