El Domingo por la tarde siempre me ha parecido contrastante, pues por un lado, es la alegría de la reunión familiar, para compartir, además de la comida, viejas y nuevas anécdotas, pero por el otro, la tarde dominical, también es el triste anuncio de que el fin de semana está por terminar, fin del descanso, y el Lunes, nuevamente a la realidad.
Pero hoy, hay algo distinto en el ambiente, se respira un aire festivo, un optimismo colectivo, ese que se siente solo en ocasiones especiales, cuando todos presentimos que algo grande está por pasar; y al ver en una mesa de centro, botanas y bebidas de todo tipo, confirmo que será una gran tarde, y que al igual que millones de mexicanos, a través de nuestro apoyo a los jugadores de la Selección Mexicana, los estaremos convocando a lidiar con valor; hay historias que ya están escritas, esta es una de ellas, no puede haber otro resultado, México tiene que ser campeón del mundo, y ese deseo está respaldado, como pocas veces, con talento y esfuerzo, demostrados en la cancha.
Sé que no hay mejor lugar para vivir el fútbol, que el estadio mismo, pero para este evento, los boletos eran casi tan codiciados, como un pasaporte a la libertad, la única opción que me quedaba era la reventa, y más allá de no querer fomentar esta práctica, la verdad sea dicha, es que mi bolsillo no resistiría, en este momento, un golpe tan fuerte; pero con buena compañía, la televisión siempre será una buena alternativa.
Y mientras pasaban la interminable publicidad previa al partido, reflexioné por un momento, la cantidad enorme de complejos, que afortunadamente esta nueva generación de futbolistas ya no arrastra al entrar a la cancha, como por muchos años nos habían acostumbrado nuestros seleccionados. Contaban los abuelos que en el mundial de fútbol de Suecia 1958, jugó para la selección nacional mexicana, “el Jamaicón” Villegas, futbolista proveniente del equipo Guadalajara, que es recordado, más que por su trayectoria deportiva, por el hecho que durante su estancia en aquel país, llegó a un estado de depresión, debido a la nostalgia que le producía el estar lejos de México, además de extrañar a su familia y a la comida, gracias a este personaje, surgió el ya casi inexistente “síndrome del Jamaicón”.
Cuánto tiempo y cuantas cosas ha pasado desde entonces, la preparación física y mental han cambiado, aunque a veces parezca que quienes impiden el crecimiento de los futbolistas son ellos mismos. Pero también es cierto, que las nuevas generaciones de jugadores y aficionados han crecido viendo a selecciones ganadoras, sin ser parte del “ya merito”, a quienes no les tiemblan las piernas al enfrentar a potencias como Brasil o Alemania, que aún no tienen grabado el discurso de “jugamos como nunca y perdimos como siempre”, y que han cambiado los pretextos por resultados.
Si, sé que hay cosas mucho más importantes para el país que un buen partido de fútbol, se también, que la vida sigue siendo la misma, pero también es cierto que, para un alto porcentaje de la población, el fútbol forma parte de nuestra de vida, y aún quienes no son seguidores de este deporte, se contagian de un poco de optimismo al ver triunfar a adolescentes que representan una generación con mentalidad ganadora.
Aficionados al fútbol, disfrutemos este campeonato, cada vez hay menos cosas que celebrar, pues entonces hagámoslo ahora, que no tenemos que decir “perdieron”, sino que “ganamos”, porque aunque somos críticos despiadados cuando las cosas se hacen mal, siempre terminamos apoyando a los nuestros, así que este título mundial también es nuestro; dejemos que los “expertos” se encarguen de analizar el futuro de estos jugadores, que dicho sea de paso, sólo el tiempo lo dirá, pero hoy somos parte del triunfo, somos ganadores, somos campeones del mundo, hoy nuevamente, como en 2005, hemos cambiado el complejo del ¡sí se puede!, por el ¡ya se pudo!.
Y me disculparan que ya no siga escribiendo, pero las bebidas y las botanas se están acabando, y en la televisión comienzas los festejos; el resultado del partido, aunque ya todos lo sabemos, lo repetiré, porque se oye muy bien, ¡México Campeón del Mundial Sub-17!, sigamos entonces con el festejo, escapemos por un momento de la realidad, que a ella no le importa, porque sabe que mañana volveremos a encontrarla. .:m:.

