El domingo pasado decidí acudir a una de las salas de cine y romper mi tradicional día de guardar, pues como Shakira cantó alguna vez “nunca duermo antes de diez, ni me baño los domingos”*, además estaba totalmente aturdido con los sucesos que acontecían en el fin de semana, entre balaceras en partidos de fútbol, reliquias de la muerte, digo del Papa, visitas incongruentes de Benedicto XVI a celebrar la juventud en una España cuyos jóvenes distan mucho de ser celebradores de sí mismos, entre otros “ninelescos” eventos; por lo que para no sufrir un ataque de estrés tomé las llaves del carro de mi padre y me lance a ver Super 8.
J.J. Abrams es el director de Super 8 y por tanto es a quien debemos elogiar o pedir de vuelta nuestro dinero después de ver la cinta, al principio fue curioso encontrar en la historia de este buen hombre creaciones como Felicity (1998-2002) – serie de TV que compitió con Dawson’s Creek por ganar el público adolescente – y también es el responsable de la exitosa Lost (2004-2010), como leen este hombre cuenta con un background interesante y eso es lo que hizo que al ver la película entendiera que gracias a su pasado fue afortunado su salto como director a la pantalla grande. El guión también fue escrito por el propio Abrams de 45 años de edad, en el que logra mezclar con mucho tacto, la sensibilidad y drama con los efectos especiales y el suspenso. Como les dije la experiencia en las dispares series de TV mencionadas con anterioridad tuvieron influencia productiva en este trabajo y es que los Aliens son sólo un pretexto para atraer a las masas a ver una historia de amor y compasión.
Nos encontramos al final de la década de 1970 en Ohio E.U.A., suena en la radio y en los innovadores Walkmans, Heart of Glass de Blondie, en medio de la Guerra Fría es el ambiente de misterio ideal para que en la mente de unos chicos de primaria surjan inquietudes como las de hacer cine de zombis y estos son un quinteto de chicos “prepúber” liderados por Charles Kaznyk, pero cuyo líder espiritual y rol protagónico lo lleva Joe Lamb (Joel Courtney), este último acaba de perder a su madre y quedó a cargo de un padre que en realidad es a quien cuesta más trabajo entender la perdida y aceptar su nuevo rol como único pilar y absoluto responsable de dar amor a Joe. Del otro lado tenemos a Alice Dainard (Elle Fanning, hermana de Dakota) una chica francamente bella pero que también ha perdido mucho, de esos seres que siendo tan hermosos en su interior y exterior pueda sufrir tanto logrando seguir intactos, un ángel de esos que enamoran nuestros corazones infantiles cuando el amor es puro y sincero. Mientras los chicos se encuentran rodando una secuencia de su corto en la estación de tren local son testigos de un accidente ferroviario del que milagrosamente no sólo salen vivos, además y gracias a la cámara Super 8 con la que filmaban, se convierten en portadores de pruebas de un suceso peligrosamente indiscreto para la Fuerza Aérea de los Estados Unidos. Resulta que el tren que colapsó transportaba en sus vagones un material de construcción súper innovador, confiscado – por decirlo de alguna manera – a un Allen que en 1958 estrelló su nave en nuestro planeta. El extraterrestre en cuestión nunca fue hostil lo único que quería era volver a su hogar, pero la paranoia humana que nos caracteriza hace que este ser se desespere paradójicamente cual ataque de bipolaridad y decida atacar como último recurso para reconstruir el único transporte que lo lleve de vuelta al lado de los suyos.
El extraterrestre también tiene una carencia, un sentimiento que muchas veces sólo logramos ver y comprender cuando nos está pasando a nosotros y solo así logramos empatía con el otro ser, sea humano o no. Como Joe y Alice, este Allen tal vez llore cada noche por que extraña el contacto con sus congéneres, no sabemos si es una madre u otro ser pues tendríamos que investigar la estructura familiar de su raza, pero eso no importa el sentimiento de pertenencia creo puede ser universal, pues cada planeta es habitado por algo que sin duda se siente pertenecer ahí mismo y no a otro sitio, sea roca, gas o ser alienígeno. El final no se los voy a contar evidentemente, pero diré que derrame una lagrima, a veces nos cuesta trabajo iniciar de nuevo, tomar lo que tenemos en nuestras manos y aunque no sea lo que hayamos pedido convertirlo en algo nuevo que nos lleve a construir la nave en la que viajaremos al otro lado de la Vía Láctea donde la esperanza nos dice que encontraremos un pequeño pedazo de espacio sideral para vivir, comer y amar.
La producción de Super 8 corre a cargo del experimentado Steven Spilberg y el ciertamente mas joven pero talentoso Bryan Burk (Lost). Definitivamente sus huellas se dejan sentir desde el apego al guión, que sin duda fue algo que debió atraer a Spilberg para producirla pues es similar a su película ochentera E.T., claro que en esta ocasión el extraterrestre no es protagonista realmente y carece de la ternura del anterior, pero conserva estos elementos clave como son los personajes infantiles que a pesar de todo logran vivir sus infancias felices llenas de aventuras, como seguramente todos recordamos las nuestras; son niños reales con familias disfuncionales, huérfanos, divorcios de por medio, alcoholismo de los adultos y ese sentimiento de estar solos contra el mundo pero con la esperanza de que un día los adultos que los rodean se comporten como lo que deberían y los protejan. En los efectos especiales es donde se nota más su producción, excelente sonido y pirotecnia hacen que de vez en vez saltes de tu asiento y abraces casualmente a tu acompañante de brazos fuertes. La fotografía es clásica, sin mayor reto pero en verdad extrañaba una película donde el color fuera genial y la cámara no se moviera como maraca “disque” porque la visión del director así lo exigía, ¿verdad González Iñarritu?
Algo padrísimo que me tocó en la sala a la que asistí fue sentarme junto a dos chicos de aproximadamente doce años, que reían y reaccionaban a la peli de una manera que yo hace mucho no hago, gritando cuando era necesario y riendo estúpidamente, tanto que fui contagiado. Super 8 también te hará reír con diálogos divertidos y actitudes de los coestelares muy graciosas, ya saben caras divertidamente tímidas, dentaduras con ortodoncia, grasa corporal sin control, todos elementos divertidos que hacen a Super 8 una película redonda, te da para reír, para llorar y para gritar; una buena dosis hollywoodense para sacarse la flojera de regreso a clases y para los que trabajamos todo el año seguido pues te ayuda a no colapsar después de enterarte de un nuevo impuesto o que probablemente gracias a la crisis económica mundial te quedes sin trabajo, sin casa, sin cine, sin novio…
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El recurso de regresar al pasado siempre tiene éxito garantizado en taquilla, uno de los grandes amores que tiene el cinéfilo hacia la industria es la capacidad de esta para trasladarlo a tiempos pasados entre más lejanos al presente mejor. La infancia es una época que –espero- todos recordamos con alegría como los mejores años de nuestras vidas. Pero hay una parte muy clara en el guión que nos dice que el presente es lo único que tenemos y debemos ser fuertes, no hay edad perfecta para afrontar retos el tiempo de tomar las riendas de tu vida puede llegar a los doce o a los treinta, la cuestión es una decisión personal. Joe y sus amigos tomaron una cámara Súper 8 hicieron cine, llamaron la atención de sus padres, encontraron el amor y lucharon por sobrevivir.
Si te gusta verte en la pantalla grande compra un boleto para ver Super 8, te encontrarás en muchas escenas y sabrás que es momento de volver a soñar y ser el más valiente de todos tus cuates porque hay nuevos retos y aventuras que están esperando por ti “… Im trying to grow so before im old ill confess “** dice Robbie Williams, así que aún tienes tiempo. .:m:.
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* Inevitable, Luis Fernando Ochoa y Shakira, ¿Donde están los ladrones? Sony Music.
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** Strong, Guy Chambers y Steve Power, I’ve Been Expecting You, Chrysalis.

