Hay imágenes pictóricas que nos evocan la cultura de las naciones y que, si se viaja por las grandes capitales del mundo, se espera contemplar e incluso tomar una pequeña parte de ellas.
Si recorremos las calles de Madrid y nos topamos frente al Museo Nacional de El Prado, Las Meninas lamarán nuestra atención como una de las piezas centrales del museo, y, al final del recorrido nos toparemos con la tienda de souvenirs en donde encontraremos a las Meninas en una goma, un pequeño cuadro, una mascada, en fin, en muchos objetos que nos permitirán llevarnos la obra a casa.
En estos últimos años, México a nivel internacional ha llevado la imagen de una de sus pintoras al grado de icono cultural, una representación de la mexicanidad cosmopolita que mezcla el pasado indígena, la exquisitez virreinal y la fuerza del muralismo moderno; por supuesto me refiero a Frida Kahlo.
Además de representante de México, Frida está enlistada dentro las más destacadas personalidades del género femenino a nivel internacional, junto con Marie Curie, la madre Teresa de Calcuta, Juana de Arco, y Sor Juana Inés de la Cruz entre otras muchas más, que se atrevieron a romper los cánones establecidos de la época y que aportaron a la cultura universal nuevas formas de expresión en las ciencias, las artes o en el desarrollo humano.
Aunque Frida Kahlo no se acerca en su calidad pictórica a sus contemporáneos como lo son el resto de los muralistas entre los cuales está su esposo, Diego Rivera; aportó a la pintura un nuevo tópico, ya que Frida no hacía autorretratos, sino que plasmaba la realidad exterior a través de su rostro. Esta nueva forma de hacer arte haría que de ella misma nacieran una secuencia de imágenes e iconos que dudo que ella misma pudiera haber imaginado su alcance.
Frida Kahlo nació en Coyoacán, murió en Coyoacán y sigue existiendo allí. Coyoacán es una de las zonas de la Ciudad de México con una identificación cultural especial, en donde entre inciensos, collares y libros brota una identidad algo autóctona, algo rebelde del resto de la urbe. Qué mejor lugar para encontrar a Las Dos Fridas en un póster, o en un botón que es añadido a las mochilas de las transeúntes de la Plaza, mientras ella misma observa en las cafeterías pintada en las paredes, como si disfrutase del aroma del café, haciendo más soportables los dolores de espalda.
Qué curioso que una mujer que estuvo confinada a un corsé gran parte de su vida se convierta en uno, transformado en playera, con su rostro pegado al pecho de muchos hombres y mujeres que llevan en su ropa la columna rota, acompañada de unos jeans; haciendo así que la Frida que tenía dificultades para caminar, ronde las calles como diseño textil.
La pregunta es porqué no vemos en las playeras alguna pintura barroca de Cristóbal de Villalpando, las manos de La Marcha de la Humanidad o los volcanes del Dr. Atl. Porqué Frida tiene el privilegio de volverse mercancía, una característica que comparte sólo con la calavera Catrina. Porqué sólo ella y no Leonora Carrington o su esposo Diego. Qué tienen de encantador las cejas unidas o un pequeño bigote en la conciencia popular que hace que hayan largas filas en las escaleras del Palacio de Bellas Artes para ver el rostro de una mujer una y otra vez, a lado de loros y primates… Qué hace de una mujer que se consideraba fea, tan encantadora.
El fenómeno de Frida Kahlo apareció a mediados de los años noventas y cobró más auge a nivel internacional con la producción de películas como la que protagonizó Salma Hayek en el 2002. Este boom desencadenó la emisión de productos con la imagen de Frida Kahlo no existiendo una regulación de este icono como una marca.
La explotación formal de la marca Frida Kahlo comenzó gracias a la edición de un libro difamatorio hacia la hermana de la pintora, Cristina Kahlo, que obligó a la familia de la pintora a pedir asesoría legal para la defensa; averiguando con ello que también poseían derechos sobre la imagen de su hermana.
Las sobrinas de Frida Kahlo, con esta herramienta legal, se dieron a la tarea de conformar una organización que se dedicara a regular la explotación comercial de la imagen de su tía, obteniendo ingresos por concepto de regalías de entre el dos y el cinco por ciento.
La organización Frida Kahlo Corporation, encabezada por las sobrinas de la artista, se ha dedicado desde entonces a hacer alianzas con los artesanos a fin de producir artesanías y otros objetos con la imagen de la pintora de Coyoacán, como lo son tequilas, libretas, lentes y muñecas.
Es curioso que una mujer que perteneció a las filas más duras del partido comunista en México ahora sea una “víctima” del capitalismo que pone precio al arte, rebajándolo a Mercancía, y quizá ese papel que le toca desempeñar a Frida Kahlo el día de hoy sea otro más de los dolores que vivió en vida, ver como sus ideales desaparecen para que su imagen sea un impulso para las utilidades de las empresas.
La comercialización de la imagen de Frida es quizá otro corsé que dolorosamente la mantiene viva, pero también curiosamente (y aunque parezca contradictorio) ha sido la forma en que el ideal de acercar al proletariado a los beneficios de las clases más beneficiadas se vuelva realidad, ya que no todos podemos comprar un cuadro de Kahlo, pero si disfrutar de su arte en una libreta o en un imán adherido al refrigerador.
Parece que la dualidad persigue a Frida, más allá de la tumba, más allá de la historia.
.:M:.

