La pintura tiene la obligación de plasmar en el lienzo una realidad que sólo se presenta a través de la mirada del alma y la imaginación; de lo contrario sería una fotografía, que a pesar de ser un arte deja de lado el pulso cardiaco que se transmite de la mano al pincel.
El pincel da vida pues es una conexión con el alma, haciendo que lo que se pinta tenga su propio espíritu a pesar de lo plano de la superficie. Esta conexión entre el pintor y su pintura es el sentido creacionista de la obra “La Creación de las aves” de Remedios Varo. La carga simbólica de este cuadro lo hace una de mis pinturas favoritas y sin duda la más icónica de la pintora española, por lo que en este texto -más que hacer un análisis semiótico de los elementos- describiré mi interpretación tomando como base la cultura y el contexto en el que estoy inmerso en este siglo XXI.

Somos polvo de estrellas
Para que los materiales con los que estamos hechos (carbono, calcio, oxígeno, hierro, etcétera), tuvieron que pasar millones de años antes de que los hornos celestes, las estrellas, pudieran convertir el hidrógeno en elementos más pesados; así con cada muerte estelar había un poco más de vida en el universo. Todo el color del que estamos hechos proviene de este ciclo estelar de miles de millones de años, que se recolecta a través de un embudo con el cual se pintan todas las cosas vivas de la creación. Es este símbolo el que me lleva a pensar que el recipiente que sale por la ventana hacia las estrellas es la representación del origen material de todas las cosas.
La música es el lenguaje del alma
El universo tiene una ley en donde si no hay movimiento las cosas no están vivas. Todo se mueve y todo vibra y a lo largo de los años los científicos lo han demostrado pues el lenguaje universal de la creación son las ondas y el movimiento. Existen cuatro fuerzas fundamentales con lo cual todo interactúa: la gravedad, el electromagnetismo, la interacción nuclear fuerte y la interacción nuclear débil, todas hacen que las cosas se muevan, vibren o que se atraigan. Los científicos han buscado una sola causa que una a estas fuerzas y a las partículas fundamentales que interactúan con ellas y han generado la llamada teoría de cuerdas, siendo éstas últimas unas pequeñísimas partículas de una dimensión que al vibrar en once dimensiones dan origen al espacio, al tiempo, a la masa y a todo. Estas cuerdas se coordinan para hacer un concierto cuántico y la orquesta sinfónica de la creación toda.
Qué mejor manera de representar la energía y la vida a través de las cuerdas de un violín, que el creador transmite a su criatura para dar movimiento y con ello existencia a la masa fría.
Creado a su imagen y semejanza
En un sentido visual la creación a imagen y semejanza puede resultar comprendida con simpleza como si el creador tuviera dos ojos, boca y brazos y sus criaturas debieran tener los mismos elementos constitutivos de su figura. En un sentido cuántico y espiritual la imagen y semejanza es representada por las mismas reglas que rigen a todos los seres. Las plumas son el patrón común del hombre-ave con su creación, y aunque es creador es un ser más complejo posee la misma cubierta de sus criaturas que les permiten salir del lienzo y emprender el vuelo a la vida.
La iluminación del alma
La divinidad es representada por dos símbolos: la luz y la lupa triangular. Es gracias a la luz que las cosas se separan de la negritud universal. Es ésta la señal de vida de las estrellas, del calor y de la interacción. Es esta luz que ilumina la materia la que se ve potenciada y multiplicada por la divinidad, pues cada creación nueva perfecciona la anterior en un ciclo evolutivo universal a partir de una conciencia que da toque final a la creación.
De regreso al origen
Las aves vuelan y salen por la ventana. Dejan la habitación iluminada por la vida para volver al universo exterior para formar parte de las estrellas que darán masa y color a otras criaturas nuevas. Ciclos de vida y muerte, creación y reconstrucción. La energía no se crea ni se destruye, sólo es transformada por el creador.
Como les comenté anteriormente, estas son sólo mis sensaciones espirituales al observar una pintura. Cada uno podrá tener su propia experiencia, poner música, color, alma y ciclo a su visión de este cuadro de la genio española surrealista que vino a México para encontrar el lienzo de su creación. Este país surrealista, cuya extrañeza fue constatada por el divino Dalí que afirmó: “De ninguna manera volveré a México. No soporto estar en un país más surrealista que mis pinturas.”, hizo del Museo de Arte Moderno de la Ciudad de México el templo en donde se guarda la reliquia espiritual de la Creación de las aves para el disfrute de todos nosotros, las criaturas de este universo. *+**

