Nunca sabes lo que puede pasar…
Cuando pensamos en la primera mitad del siglo XX, generalmente llegan a nuestra memoria recuerdos de nuestros abuelos o bisabuelos pero sobre todo un montón de imágenes fantásticas de cómo debió haber sido la vida cotidiana en aquel entonces. Según los historiadores, existía una confianza casi religiosa en el progreso y la ciencia pero también, según miles de cartas, diarios y narraciones que van de generación en generación, un cierto encanto que teñía los días que habían escapado a la guerra.
Diarios, relojes y botones se convierten en esta hermosa película en artilugios para detener el tiempo y contener dentro de ellos una vívida memoria. La historia de El curioso caso de Benajamin Button empieza cuando un relojero conjura a través de su obra maestra una fórmula para que los segundos corran hacia atrás y se esquive el intenso dolor que produce la muerte de tantos jóvenes reclutados durante la Gran Guerra.
La historia inicia con el nacimiento, el mismo día que termina la Primera Guerra Mundial, de un extraño bebé totalmente envejecido y que tiene las articulaciones endurecidas, cataratas en los ojos, cualquier cantidad de arrugas y no se sabe si puede oír.
El destino de Benjamín, que será el nombre del niño, es crecer hacia atrás, rejuveneciendo día con día hasta convertirse, irremediablemente en un recién nacido nuevecito y morir. La novedosa idea ha sido difundida en trailers y carteles por lo que no es un misterio pero la verdadera trama del filme es la historia de amor que construyen a pesar de las circunstancias y las probabilidades Daisy y Benjamín, enfrentándose al tiempo y asumiendo la frágil condición humana.
El cruce de caminos, la inversión del tiempo y el equilibrio que dan los sueños y el amor a la vida dotan a la película de un sentido nostálgico increíble, ya que sin ser cursi es capaz de conmover a cualquiera y de trasladarlo a diferentes instantes del siglo pasado.
Toda esta magia se logra gracias a un despliegue impresionante de efectos especiales, de tan alta calidad que ni siquiera se sospechan. Los personajes principales Brad Pitt, que da vida a Benjamín y Cate Blanchett que interpreta a Daisy recorren toda una vida, aparecen como niños, como adultos en diferentes fases y, la mayor parte de la película, lucen como dos ancianos, lo mismo sucede con el personaje de Julia Ormond que, de alguna manera detona la historia al leer el viejo diario de Benjamín.
Muchas de las escenas son construidas gracias a la tecnología ya que son animaciones computarizadas, muchas otras fueron logradas con un esmerado maquillaje, extensiones, juego de luces y demás. Es en verdad asombroso.
La música fue compuesta por el francés Alexandre Desplat y logra crear una atmósfera conmovedora. Cada tema se ajusta como guante a las escenas de la historia y contribuye a profundizar la emoción en turno hasta el punto de las lágrimas. Los detalles no fueron escatimados y desde el vestuario hasta el mobiliario cada escena parece provenir de la época que representa.
El curioso caso de Benjamín Button fue escrita por Francis K. Fitzgerald, quien es considerado como uno de los mejores novelistas estadounidenses y creó diversas obras alrededor de la “época del jazz”, acentuando las diferencias sociales y el descarnado existencialismo que provocó la crudeza de la guerra. Sus textos se vuelcan en la juventud y las decisiones que –afortunada o desafortunadamente- se crean a partir de los impulsos y el destino, aderezadas de los momentos agridulces en cada relación y siempre con la nostalgia del cambio de siglo.
La película está dirigida por David Fincher y es una coproducción de Paramount Pictures y Warner Brothers, ha sido nominada ya para obtener el Premio de la Academia a mejor maquillaje y efectos especiales y seguramente conseguirá muchas nominaciones –y premios- más.
La recomiendo ampliamente, al igual que el texto de Fitzgerald que es muy pequeño y fácil de leer. Tenía mucho que no disfrutaba tanto de una película y más que no lloraba de esa manera. Me encantó y la moraleja que encontré es que no importan ni la edad ni las diferencias, ni siquiera la cantidad de arrugas o el momento de la vida, sino la vitalidad y la fuerza de los lazos que se crea entre las personas porque en verdad, nunca sabes lo que puede pasar.
.:m:.

