Un domingo cualquiera sin nada mejor que hacer. Buscas algo que rompa con la monotonía del día. Una buena opción es ir a un museo pequeño y diferente, que te permita conocer un arte que -además de sonar raro- es precioso y lo hemos visto en otras partes sin saberlo. Estoy hablando del museo Franz Mayer, ubicado en la Plaza de la San Veracruz, frente a la Alameda Central y la marquetería.

La marquetería es, según la querida Wikipedia: “una técnica artesanal aplicada al revestimiento de pavimentos, paredes, muebles, esculturas y objetos artísticos. En la labor se utilizan piezas cortadas de distintos materiales (piedras, mármol, madera, metales…), que se van encajando en un soporte hasta realizar el diseño decorativo. Es un trabajo de incrustación. Entre unas piezas y otras hay un efecto de contraste que depende del color y la característica del material empleado. Se pueden hacer combinaciones de piedras de distintas clases y colores, de mármoles con piedras, de maderas diferentes, de marfil con madera o incluso distintos metales.”
Todo lo anterior se reduce a trabajos con madera en el que se embuten otras maderas y materiales con el fin de crear un diseño artístico diferente y hermoso.


Ahora, Franz Mayer fue un gran coleccionista (más de diez mil objetos conforman su acervo), financiero y fotógrafo alemán que se nacionalizó mexicano en 1933. Entre sus grandes aficiones se encuentran las antigüedades y el arte, lo que lo impulsó a acudir a diversas subastas y recorrer el mundo en busca de piezas que le parecieran lo bastante atractivas como para pertenecer a su colección. Además de que en sus viajes por el mundo toma un sinfín de fotografías que retrataban lo que él veía y apreciaba de cada país. Y por supuesto, México era su lugar favorito para esa actividad en particular.
Fran Mayer coleccionó objetos de plata tanto cotidianos como religiosos, vasijas de porcelana, pinturas del siglo XIX de Italia y Holanda, muebles hasta de la India, relojes de Londres, libros de bolsillo, religiosos y muchas versiones de “El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha” y marquetería de Oaxaca. Mayer, tenía un deseo con respecto a toda su colección, él quería que tanto sus libros como sus piezas de arte recibieran el mismo cuidado y cariño que él les había proporcionado en vida. Por lo que donó su colección entera a México.
Es en este punto en donde Franz Mayer se une con la marquetería no sólo en este artículo sino también en el museo.
La primera sala con la que te encuentras al entrar al museo huele a deliciosa madera trabajada. Siguiendo tu olfato te encuentras con una colección de herramientas que sirven para trabajar a la madera de una manera muy particular que resulta en objetos con diferentes colores y tipos de madera, así como con piedras y metales incrustados. Al seguir avanzando, tienes frente a ti múltiples baúles, escritorios con soportes de puentes, contadores y bufetillos completamente de madera que tienen diseños muy extraños.


Estos diseño son más madera que ha sido trabajada de una manera diferente para terminar embutida en la estructura principal, ya sea representando escenas religiosas, animales, “grutescos” (que son formas de animales y personas que se retuercen entre sí hasta abarcar un exceso de espacio en su desarrollo) o flores.
La marquetería es un arte con un gran atractivo visual que te envuelve en un mundo donde la mayoría de los objetos eran de madera, en donde cada cajón o baúl tenía un diseño particular que representaba los gustos de su propietario o contaba una historia.
Siendo este el inicio del museo, te puedes imaginar será el resto. Lleno de un gusto impecable en objetos y pinturas. Un ambiente lleno de nostalgia que por un momento te permite salir de la realidad tan ajetreada en la que vivimos y te sumerge en un pasado con aroma a madera .:m:.

