El agua y el ser humano

Cuando me preguntan qué pienso acerca del agua, lo primero que llega a mi mente es una imagen borrosa, el cielo distorsionado y una luz muy brillante, seguramente el Sol, ondeando de forma indefinida; lo siguiente es una sensación de presión y el recuerdo de una mano sacándome a flote aquél día en que, sin saber nadar, cometí el error de soltar el salvavidas en la alberca del hotel, el mismo hotel al que siempre íbamos en nuestras vacaciones familiares. Acapulco poseía un olor muy particular por aquellos años, era humedad y sal que me anunciaban, minutos antes de llegar a la bahía, que el momento que había esperado durante todo un año finalmente estaba a la vuelta de la esquina.

No sé si se debió a aquella experiencia, o al hecho de haber visto la película “Tiburón” a muy temprana edad, que desarrollé una angustia profunda a sumergirme en el agua. Al principio esto me trajo incontables problemas en la clase de natación, sentía agitación al hundir la cabeza en la piscina y en las noches soñaba con una criatura marina persiguiéndome a lo largo de una fosa; con el tiempo y unos años más encima rebasé el umbral del miedo; sin embargo, no dejo de admitir que esa sensación de desesperación me cerró la puerta a algunas vivencias que en su momento pudieron haber sido bastante satisfactorias.

Esta reflexión me llevó a una conjetura: el agua posee significados distintos para cada persona así como para cada una de las culturas que las agrupan; finalmente es uno de los cuatro elementos primordiales existentes en la naturaleza, conforma tres cuartas partes del cuerpo humano y cubre más del 70% de la superficie de la Tierra; entonces, el agua es y ha sido siempre un componente vital en el desarrollo del ser humano.

Los pueblos del pasado erigieron las más imponentes ciudades alrededor del agua, y desde el inicio de la humanidad las primeras civilizaciones rindieron pleitesía a este elemento; de entre sus diversos dioses, las culturas politeístas adoraban al menos a uno relacionado con el agua, ésta es sinónimo de vida y a ella se atribuye el origen de todas las especies.

Pero el agua posee un simbolismo aún más profundo, durante el rito del bautismo por ejemplo, es sinónimo de iniciación; al sumergir a la persona o empapar la cabeza de un niño se le da inicio en la vida cristiana. Para los vikingos, quienes incluyeron el signo del agua en las runas, éste líquido era fuente de fortalezafertilidad, el inicio de todas las cosas; similar al bautismo cristiano, los vikingos sumergían a los recién nacidos en agua como bienvenida al clan.

De igual manera, para muchas religiones como la judía, el agua representa al tiempo que la vida, la pureza divina, de allí que los ritos lavatorios tengan como finalidad la purificación del cuerpo y el alma para comenzar cada jornada de forma positiva. En la India, el río Ganges es sagrado, todas las mañanas cientos de creyentes bajan a sus orillas a bañarse, orar y al mismo tiempo recibir la bendición del río y la expiación de los pecados; con el correr del agua las impurezas se van y las gracias llegan. La contaminación que aqueja sin embargo a las aguas del Ganges hoy por hoy, debido a las naves industriales que descargan en él sus residuos, representa una potente fuente de infecciones para los devotos que a pesar de ello, no le dan la espalda a su fe.

En el lenguaje de los sueños, el agua representa tanto la vida como la salud y la buena ventura. Gilgamesh, el héroe babilónico que temía a la muerte más que a nada, gastó su existencia buscando el elixir de la vida, el cuál se encontraba en el fondo del mar; en la mayoría de las concepciones ideológicas dicho elíxir viene en forma líquida porque el agua es entendida como perpetuidadrenovación, la fuente de la eterna juventud.

El agua también simboliza compasiónmisericordia; los hindúes todavía conservan la costumbre de lavar los pies a los viajeros, y en la religión católica “dar de beber al sediento” es la segunda obra de misericordia prescrita por la Iglesia.

Las culturas mesoamericanas entendían a la naturaleza como una dualidad, una yuxtaposición de eventos y fuerzas; también el agua posee una contra significación intrínseca: el agua es a su vez símbolo de destrucciónmuerte. Para los mexicas el agua es comienzo y fin, por el agua la tierra sucumbió en la cuarta era y los hombres se convirtieron en peces para sobrevivir.

En las reseñas bíblicas Dios castigó al hombre enviando un diluvio que acabó con todo ser vivo sobre la faz de la Tierra, permitiendo a los elegidos comenzar de nuevo un mundo libre de vicios.

Podemos atestiguar el poderío del agua y la magnificencia de la naturaleza; los huracanes y maremotos que asolan y han devastado civilizaciones enteras a lo largo de la historia, son quizá una advertencia para los hombres, de que no somos dueños de nuestro destino ni del mundo que nos abriga con sus dones.

El cambio es otro de los significados implícitos del agua, porque así como la vida comienza y termina, el agua también cumple un ciclo: es nueva vida, renovació n y fuerza. En el arte del jardín japonés, el agua representa el paso del tiempo y la serenidad, ilustrado en el flujo ininterrumpido de un pequeño riachuelo que corre a mitad del jardín.

Los egipcios adoraban al fuego y al agua por sobre los demás elementos; el río Nilo era la fuente más extensa de esplendor y sinónimo de abundancia, por ello una de las plagas más terribles que sucumbió sobre Egipto fue la conversión del agua en sangre, restringiendo así el manantial de vida al pueblo egipcio.

Tenochtitlán, la gran ciudad, se fundó sobre un lago; durante la época feudal los imponentes castillos medievales se erigieron al centro de fosas y al margen de los ríos, en el ámbito de la construcción el tener cerca una fuente de agua ha sido fundamental. Las ciudades amuralladas no siempre tuvieron paredes de piedra, muchas veces su resguardo se basó en la geografía del agua; desde el inicio de las civilizaciones el agua ha sido complemento del hombre como elemento de protecciónterritorialidad.

En el Oriente Medio el agua es un don del que no todos disfrutan, y cuando se ven restringidos de tal don, el significado del agua deviene en violencia. De hecho, si el hombre urbano no toma conciencia de que el líquido vital es perecedero, las guerras del futuro ya no serán por el petróleo ni en por el oro, sino por el control y dominio sobre el agua potable que quede. Vivir y estar en armonía con la naturaleza requiere respeto, sobre todo en una época en la que la distribución del agua es atrozmente inequitativa; hay regiones donde existe de sobra, hay lugares en los que se ruega porque deje de llover, y hay otras partes del mundo en las que se muere porque es insuficiente.

El agua es placer para todos los sentidos: un delicioso baño de burbujas, la luna reflejada sobre las tranquilas aguas oscuras de una laguna, el refrescante deguste en el paladar de un sorbo de agua helada o el relajante vaivén de las olas rompiendo contra la playa. El agua es en conclusión un elemento dual del que necesitamos todos los días para poder subsistir, no sólo porque de ella depende nuestra integridad física, sino porque forma parte importante de nuestra concepción del mundo. .:M:.

*Escrito originalmente para e.Metro, estación Xochimilco