El Auditorio y la Zarzuela

Llegar al Auditorio Nacional es una invitación a visitarlo, conocerlo y quedarse para gozar de alguno de los múltiples espectáculos que ofrece. Majestuosa en su atrevida modernidad es la impresionante fachada de este conjunto de teatros, librerías, galerías, centros culturales, muestras de cultura que se resumen en el propio Auditorio.
Por su foro han desfilado los más destacados artistas del mundo: ballets, óperas, conciertos, así como intérpretes de todos los géneros desde el más moderno hasta el más clásico.

Un espectáculo que difícilmente olvidaré es el que hace ya bastantes años trajo uno de los directores teatrales más prestigiados de España, Don José Tamayo: “Antología de la Zarzuela”. José Tamayo (Granada, 16 de agosto de 1920 / Madrid, 26 de marzo de 2003), renovó, impulsó y recreó este género considerado por muchos como menor. Logró darle un nivel que podía competir con el mejor espectáculo musical. Y no es que la zarzuela no tenga calidad, tradición, prosapia y alta progenie para alternar en los más prestigiados escenarios del mundo. Pero tiene en su contra la mala suerte de estar cantada en español y tratar temas con los que cualquiera puede identificarse. Como decía un exitoso comediante. “Salir con unas barbas a decir que mataste a tu padre y te acostaste con tu madre, como Edipo, emociona al público mas fácilmente que si apareces con tu cara de diario a divertirlo durante hora y media”. Por eso la ópera con sus dramas escalofriantes impresiona más que la zarzuela que nos cuenta historias más cotidianas y accesibles.

Nacida por el siglo XVII bajo plumas brillantes como Don Pedro Calderón de la Barca ha ido evolucionando, sobreviviendo a través de los siglos. Maltratada, despreciada y criticada, llega hasta nuestros días muriendo y renaciendo como el alegórico Ave Fénix.

Aquella “Antología” dejó huella por donde quiera que Tamayo la llevara en su gira por el mundo. Una selección de las mejores escenas del género, en las que cantantes, los más destacados de aquel momento, los coros magistrales, y la orquesta se conjuntaron para brindar una emoción que compartieron no sólo los conocedores y amantes de la zarzuela, sino también jóvenes que por primera vez la escuchaban y salían del Auditorio cantando las melodías recién descubiertas.

Tamayo fue un innovador y un rebelde. Llevó a escena autores como Tennessee, Williams, Arthur Miller, Friederic Dürrenmat, Brecht, entre otros, y Ramón del Valle Inclán del cual montó en México “Luces de Bohemia”, todo un éxito de crítica y de público. Hasta se atrevió a presentar a Federico García Lorca, en la época franquista cuando era tabú hasta su nombre. Vale recordar cuando Alejandro Casona, republicano exiliado en Argentina, regresó en pleno franquismo para estrenar su “Dama del Alba”, la policía pretendió impedir que saliera a escena a agradecer los plausos, como es costumbre. Tamayo lo sacó y el público lo ovacionó de pie… y la policía hizo el ridículo… como es costumbre.

Pero volvamos a la zarzuela. Hasta el nombre tiene su abolengo. Felipe IV (1605/1665), cuando salía de cacería gustaba descansar en un pabellón del Real Sitio del Prado conocido como La Zarzuela, porque estaba rodeado de zarzas. En ese lugar se presentaban estas obras teatrales acompañadas de música y los músicos que ahí trabajaban fueron popularizando el nombre hasta que las obras cobraron el nombre del escenario donde se presentaban.

La zarzuela, digna heredera de la opera y de la opereta, nacida como una respuesta de los compositores españoles a la invasión de música italiana, es víctima sobre todo de la ignorancia. No falta quien la juzgue inferior y piense que es género menor al escuchar la mención de “género chico”, chico por su duración, una hora más o menos, más económicas en contraste con las del “género grande”, largas y de varios actos y por lo tanto más costosas. Creada aquella para atraer a un público que no contaba con tiempo ni recursos para pagar las más onerosas producciones.

La ninguneada zarzuela ha sido interpretada por cantantes de valía como Monserrat Caballé, José Carreras, Plácido Domingo, hijo de dos iconos del género, Pepita Embill y Plácido Domingo, entre otros muchos.

En México se presentaron largas temporadas en los mejores teatros como el Esperanza Iris, el Arbeu y hasta en el Palacio de Bellas Artes. Uno de los más esforzados promotores de la zarzuela fue Enrique Alonso con exitosas temporadas con artistas como María Conesa. Ahora el Casino Español de México toma la estafeta y presenta “Noches de Zarzuela” en un rescate de esa tradición española que dejó importante huella en las creaciones musicales de México que la adoptaron y la adaptaron talentosamente. Prueba de ello es “Chin Chun Chan” de José Elizondo con música de Luis G. Jordá, obra que se ha representado siempre con éxito desde 1904.

Este Auditorio atrae recuerdos muy gratos, no sólo para las nuevas generaciones sino también para los que peinan canas (o ya no peinan nada), pero que conservan el respeto y el amor por la música que no pasa de moda. .:M:.

*Escrito originalmente para e.Metro, estación Auditorio