Siempre me ha llamado la atención el diseño, el dibujo y todo lo que tenga que ver con la expresión artística y desde que era niño hay una figura que me acompañó durante mi crecimiento ya que estuvo presente en cualquier lugar que iba: El Ojo de Dios.
Tal vez al leer o escuchar este nombre piensen en esas figuras cósmicas o imágenes de la NASA que suelen circular por las cadenas de correos electrónicos, o bien en ese símbolo masónico del ojo sobre una pirámide; pero yo me refiero a una artesanía que representa no sólo a una cultura y su religión sino a todo un estado de nuestro país.
Si quisiéramos representar de una manera fácil al estado de Nayarit podríamos hacerlo con cinco rombos, uno al centro más grande y cuatro a cada esquina. Esta estructura simple es la figura del Ojo de Dios, y su construcción es incluso más sencilla: dos palos que se unen con una cuerda y ésta misma se enreda de tal forma que vamos armando líneas que unen cada vara de tal forma que vamos hilando rombos concéntricos. Esto se los digo con toda autoridad pues en alguna visita a Papalote Museo del Niño [@papalote_museo] tuve la oportunidad de armar mi propio Ojo de Dios con estambre. (Más tarde les diré un poco más del simbolismo que tiene para mí este Museo).
Lo más importante de esto no es tanto la artesanía en sí, sino lo que representa.
Los historiadores del arte y antropólogos tal vez sean más capaces de explicar la cosmología de cada cuerda, pero de manera sencilla podemos entender que cada vuelta que da el estambre representa un año de vida para una persona de la cultura Huichol, Cora o Tepehuana. Además, el que tenga forma de rombo y en cada extremo tenga un rombo más pequeño es símbolo de los cuatro puntos cardinales.
Más allá del uso religioso y cultural que los Huicholes y otras culturas del occidente de nuestro país le dan al Ojo de Dios, me emociona la idea de poder contar con un símbolo del recorrido que ha dado por mi vida. Se imaginan qué genial, cuatro puntos cardinales que representan el mundo que nos rodea y cada año que pasa se añade un hilo más para hacerlo más grande, al igual que nosotros aprendemos más de recorrer el mundo tal y como el estambre recorre cada extremo de la figura para añadir un nivel más.
Le decía al principio que ese símbolo me ha acompañado, bastará decir que mi familia es nayarita y que incluso en lugares como Hidalgo o la ciudad de México que están territorialmente muy lejos de Nayarit ha existido ese pequeño símbolo que genera familiaridad con mis raíces. Además su gran colorido y figura peculiar no sólo me ha agradado sino que también ha inspirado uno de los diseños más famosos de nuestra cultura mexicana: el logotipo y cartel de los juegos olímpicos de México 1968.
Si lo piensan y observan es el mismo concepto de hilos concéntricos que van formando una figura que crece, a partir de un punto original; una imagen que fluye, cambia se mueve. Este logotipo fue diseñado por Lance Wyman junto con Pedro Ramírez Vázquez y otros diseñadores para representar la cultura mexicana de una forma moderna y que fuera flexible.
Fue de tal importancia el aporte gráfico del logotipo de los juegos olímpicos de México 1968 que definió el estilo gráfico de la década siguiente y un nuevo concepto en la simbología.
Lance Wyman fue también el diseñador principal de la semiótica y simbología del Sistema de Transporte Colectivo Metro y, como ustedes imaginarán, es mi diseñador gráfico favorito y uno de mis héroes artísticos. Fue el mismo diseñador quien ideara el logotipo del Papalote Museo del Niño, de extraordinaria simpleza y simbolismo… es aquí donde el círculo se cierra en los conceptos del diseño que les comentaba antes, al fin y al cabo todo es un ciclo, todo está ligado y unido por la misma cuerda.
El Ojo de Dios es un símbolo de cómo recorremos nuestra vida, con líneas de diferentes colores que representan las muchas experiencias que nos van formando, que construyen nuestra personalidad y carácter. Cada línea de color en el Ojo de Dios puede ser una línea del Sistema de Transporte que estación a estación recorre de un extremo de la ciudad a otro. Las líneas son las capas de los árboles que le dan su grosor y su fortaleza, así como cada alegría, tristeza y emoción nos va haciendo más altos y más fuertes.
Esa artesanía de nuestro país, por su sencillez y alto grado simbólico es digna de estar al centro de una exposición artística en cualquier parte del mundo (a colación de una charla que tuve en la tarde con una persona que se sorprendió al ver un Ojo de Dios encabezando una exposición en París); no sólo por el gran peso cultural que lleva sobre cada uno de sus cuatro brazos, sino por la manera tan simple de representar lo complejo y maravilloso que es crecer y vivir cada día. .:m:.

