Menos solicitó veloz saeta
destinada señal, que mordió aguda;
agonal carro por la arena muda
no coronó con más silencio meta,
que presurosa corre, que secreta,
a su fin nuestra edad. A quien lo duda,
fiera que sea de razón desnuda,
cada Sol repetido es un cometa.¿Confiésalo Cartago, y tú lo ignoras?
Peligro corres, Licio, si porfías
en seguir sombras y abrazar engaños.Mal te perdonarán a ti las horas:
las horas que limando están los días,
los días que royendo están los años.De la brevedad engañosa de la vida
Luis de Góngora y Argote
El culteranismo y el conceptismo, formas literarias características del siglo de oro español, marcaron la tendencia y los ideales del siglo XVII, continuando así con el esplendor generado por los patrones clásicos y sus estándares de belleza y perfección. Pero de todas las formas literarias que tuvieron auge y esplendor en éste período, es sin duda el teatro la que tuvo el pináculo de este arte, siendo Lope de Vega el que le infundió vida, animación y fecundidad.
López Félix de Vega Carpio nació en Madrid en el año de 1562, en el seno de una familia de bordadores. Desde pequeño se le conocía por su gran habilidad hacia las letras, demostrando un gran compromiso hacia sus lecciones de retórica y gramática, además de generar gran habilidad para plasmar sus pensamientos en borradores expresados en versos latinos. En su juventud a Lope de Vega se le conoció por sus múltiples noviazgos y sus dos nupcias de las cuáles nacerán cinco hijos. Posteriormente se alista como soldado de la armada invencible y en 1614 se ordena sacerdote.
En lo literario, es en el género de teatro histórico donde Lope de Vega sobresale más que alguno de su época, gracias en su brillo en la expresión y su luminosa forma para perfilar historias de reyes, castillos y vasallos; tal es el caso de El mejor alcalde del rey y Fuente ovejuna.
La iluminación artística de Lope de Vega murió junto con él en 1635, en pleno siglo de oro, para dar paso a otros jóvenes autores como lo fueron Luís Góngora y Juan Ruiz de Alarcón.
El culteranismo es la inclinación hacia lo culto, caracterizándose por ser una máquina creadora de metáforas y picardías, torciendo el pensamiento hasta los límites de lo incoherente y lo indescifrable, perdiéndose así, por fuerza de las figuras metafóricas, el sentido llano de las palabras, haciendo de la literatura culteranista exclusiva a las sociedades cultas capaces de comprender este rebuscado estilo, que bien puede compararse con el excesivo adorno de los retablos de las iglesias de ese siglo, cargados de ángeles, aves y santos, como de adjetivos y metáforas estaban llenas las obras del culteranismo. Esta forma literaria se extendió durante el siglo XVII por toda Europa y América.
Luís de Góngora es la máxima figura del culteranismo, al grado tal que a esta corriente literaria se le llame también como gongorismo; nació en el año de 1521 en la ciudad de Córdoba, la cual vio nacer a otros dos grandes de la literatura como lo fueron Séneca y Lucano. Al igual que Lope de Vega, se ordena sacerdote a los cincuenta años, no obstante no posee un historial tan exuberantemente pecador como el del escritor madrileño. Góngora ejerce su sacerdocio como capellán del rey Felipe III, viviendo de las comodidades cortesanas por lo menos doce años terminando estas en 1627, el año en que murió. Heredó a la literatura española las dos figuras poéticas más representativas de este nuevo estilo: Las Soledades y Polifemo, los cuáles tuvieron tanto impacto en su sociedad que Juan de Jáuregui ataca a Góngora con Antídoto para las soledades; no obstante el mismo Jáuregui se convertiría en un destacado seguidor de Góngora, imitando el más puro estilo culterano en obras como Orfeo.
Calderón de la Barca, que nace en 1600 y muere en 1681 y al igual que Góngora y Lope de Vega; caracterizó su vida por tres sucesos: Sus amoríos y matrimonio, su orden militar y su orden sacerdotal, pues se ordenó como presbítero en el año de 1651. Calderón era un hombre de una gran vitalidad, la cual se reflejó en su gran producción literaria, escribiendo doscientas obras teatrales, sin llegar a la magnanimidad de Lope de Vega para el teatro, aunque también abarcó todos los géneros de la época, destacando en sus autos sacramentales, testimonio de la gran religiosidad de Calderón de la Barca; además otros títulos como El médico de su Honra, A secreto agravio, secreta venganza, El alcalde de Zalamea y La vida es Sueño, siendo estas dos últimas sus obras más famosas. Al igual que Góngora, Calderón murió como capellán del rey de España, rodeado de gran multitud y admiración de sus contemporáneos.
Juan Ruiz de Alarcón, (1581-1639) era mexicano de nacimiento y se fue a radicar a España para continuar con su carrera literaria. Sus obras estaban cargadas de una gran preocupación moralizadora y cargadas de amargura, originada de un defecto físico (él era corcovado), lo que hizo que Quevedo le pusiera el mote de “Pechuga con patas”. Sus dos obras más trascendentales fueron Las paredes Oyen y La Verdad Sospechosa, las cuáles están cargados de sátiras y críticas a sus contemporáneos.
El personaje de mayor talla literaria del siglo XVII, exceptuando al teatro, es Francisco de Quevedo y Villegas, teniendo una creación polifacética, abarcando la poesía, la novela, el estilo moralista y sobretodo la sátira. Pero fue el conceptismo lo que hizo destacar más a la figura de Quevedo como escritor.
El Conceptismo es la antítesis del culteranismo, el cual se opone completamente al sobrecargado barroco de la época, el cual se preocupaba más por el pulido y la perfección de la forma, descuidando en gran medida el fondo y el contenido.
La poesía de Quevedo está repleta de un aire burlón, festivo y popular, al contrario de Góngora que dedicaba su obra a la gente culta; destacando Aguja de navegar cultos y La culta latiniparla como las mejores críticas al culteranismo. En cuanto a la prosa, Quevedo continúa con el tono pícaro, además de una gran crítica social, destacando Los Sueños, obras en la que contempla las vidas de todos los estratos sociales de la época.
Sin duda, el siglo XVII es rico es producción literaria, dejando en heredad a la literatura española, las más bellas formas de expresión y de estilo, reflejo de una sociedad profundamente religiosa y preocupada por la atiborrar de belleza el mundo que les rodeaba, tal es el ejemplo de todas las artes de la época que atiborraron de percepciones los sentidos para hacer llegar al éxtasis a todos aquellos que aprecian el arte. .:M:.
*Escrito originalmente para e.Metro, estación Salto del Agua

