Quizá desde la perspectiva orgánica el tamaño del pene del hombre no importe mucho para el desempeño de sus funciones, ya sea el orinar o las relaciones sexuales. No obstante no es para nadie ajeno que el la distancia entre la base y la punta tiene una importante connotación social y el arte y la cultura no han quedado exentas de su influencia.
Las representaciones culturales de el miembro eréctil han tenido tanta importancia que se han llevado al plano de la divinidad. Por ejemplo Osiris, que muchas ocasiones era representado con un gran miembro erecto para representar cómo se había dado el embarazo de Isis para concebir a Horus. (De manera simbólica ya que este en la leyenda lo había perdido al ser devorado por un pez, ya que este fue separado cuando su hermano Seth lo descuartizara).
Min era otra deidad Egipcia ligada con el pene, este siempre era representado con un solo brazo y un gran miembro en erección (dando la impresión que un miembro supliera al otro en su función de otorgar protección y fuerza). Su culto es de los más antiguos y duraderos en el país del Nilo.
Otro ejemplo de la importancia del pene se dio en Grecia con el dios “Príamo”. Este fue el mítico rey de Troya según Homero. Este supuestamente había tenido 62 hijos (50 varones y 12 mujeres), por lo que fue elevado al grado de deidad de la fertilidad. Para representar este hecho se le representaba con un miembro enorme ya fuera esculpido o pintado.
En la India el pene en sí mismo es llevado a grado de deidad ya que es una de las representaciones del dios creador Shiva. El miembro viril es más que un simple ícono de la fertilidad y la vida, se hacen comparaciones de éste como pilar que sostiene al universo.
En las culturas mesoamericanas, sobre todo en la maya, se esculpían grandes figuras de penes que hacían alusión a los gobernantes. Estos monolitos también hacen alusión al dogma de que en el Quinto Sol, Quetzalcóatl se perforó el pene para crear al hombre. Esto vinculaba a los reyes con la divinidad. Por supuesto aquí el tamaño sí importaba, ya que entre más grande mayos vínculo con la deidad.
En el medioevo, con la llegada de la Cristiandad el pene perdió importancia en la cultura y la religión. El judaísmo mantenía como tradición citada en el Génesis que el pene del hombre tenía que ser circuncidado para establecer una alianza con Dios; no obstante Pablo de Tarso, uno de los más importantes formadores de la concepción religiosa del Cristianismo descartaron su práctica.
Desde ese entonces su importancia cultural fue minimizada, incluso haciendo el miembro como representación del pecado. Para muestra de ello pensemos en la obra pictórica de Miguel Ángel, sobre todo el de la Capilla Sixtina. La pieza central del techo representa la unión entre Dios y el hombre. Notemos el tamaño del pene de este, es muy pequeño con el resto del cuerpo, invisible desde la perspectiva del visitante. Por otro lado “El juicio final”, mural que fue censurado por mostrar la desnudez de muchos hombres en éste, tachándolo de inmoral.
Conforme han pasado los años el pene ha cobrado importancia en la cultura, con una sexualidad más abierta y con sus representaciones de nuevo llevadas a la exageración, se crean patrones o “medidas” a seguir.
El surgimiento de la pornografía trae consigo imágenes estereotipadas de grandes tamaños para ser poseedor de buen sexo y placer. Aquí se da un cambio importante, ya que el tamaño no es sinónimo de mayor descendencia sino de disfrute, en una cultura que sí lo permite.
Es por eso que esta “preocupación” surge en las etapas de la adolescencia, cuando los varones comienzan con su contacto cultural hacia el sexo, se dan las comparaciones, surgen las dudas, se utilizan las reglas. Cuestión cultural más que orgánica.
En una cultura donde mayor número de parejas, ser un conquistador y “galán” es sinónimo de éxito, el tamaño cobra importancia, se presume o alardea de él. También se hace relación a que la distancia que cobra este fragmento del cuerpo es sinónimo de la hombría. No obstante es bien sabido que el origen étnico y la herencia, pero esto en algunas ocasiones resulta un mito. Mucho se ha dicho que hay relación entre ser de origen afro-americano con la posesión de un gran tamaño de pene, o que una gran nariz, o grandes manos son indicio de esto.
Estas y otras más circunstancias se seguirán dando a partir de cómo las culturas observen un tejido de entre quince y diecisiete centímetros promedio, en qué tanto las culturas lo muestren y qué tan moral o inmoral se vea por una sociedad.
En respuesta, el tamaño sí importa, lo curioso es que para la reproducción dé lo mismo; interesa más para alimentar el ego (factor muy importante en algunos).
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