Sin duda uno de los deportistas que más se recuerdan en la historia del olimpismo de los Estados Unidos es Greg Louganis; un hombre que desde temprana edad tenía un alto espíritu competitivo ya que desde los diez años comenzó su carrera como clavadista.
Este gran personaje, originario de San Diego, California, obtuvo a sus dieciséis años su primera medalla olímpica, la plata en los juegos de Montreal en 1976, la cual sería el preámbulo de una muy brillante y exitosa carrera.
Para obtener la plata, Greg tuvo que sufrir, al igual que muchas personas destacadas, de humillaciones y de atropellos emocionales. El provenir de una familia que a penas llegaba a la adolescencia llevó a éstos a entregarlo en adopción a muy temprana edad; además, por su origen étnico y un problema de dislexia, sufrió de discriminación y rechazo por parte de las personas a su alrededor.
A los once años, Louganis se topó con quien sería su entrenador, Ron O’Brian; el cual en ese entonces era entrenador en una universidad en Ohio; pronto Greg se integraría a los equipos más distinguidos de natación del estado de California, cosechando éxito tras éxito, los cuales lo llevarían a clasificar como seleccionado olímpico para Montreal 76.
Los juegos siguientes se llevarían a cabo en la capital soviética, no obstante como resultado del boicot que el Presidente Carter hiciera a los juegos como protesta de la invasión soviética a Afganistán, muchos competidores estadounidenses, incluido Greg, no pudieron participar ya que el gobierno norteamericano revocaría su pasaporte a todo aquel atleta que tratara de viajar a la URSS en los juegos. Esto ocasionó que los juegos olímpicos de 1980 en Moscú tuvieran el menor número de países compitiendo desde 1956, compitiendo un total de 18 equipos.
En 1984, a la edad de 24 años, Louganis volvió a competir por su país, obteniendo la presea de oro en dos disciplinas, primero en Palanca y posteriormente en Trampolín. Fue sin duda un triunfo que levantó el orgullo estadounidense, además, para el estado de California, ya que en ese año los juegos se realizaron en la ciudad de Los Ángeles. Los juegos de la siguiente olimpiada fueron decisivos para Greg. Él fue protagonista de una de las imágenes que más polémica y orgullo han causado en el olimpismo. Una de sus dos medallas de oro estuvo rodeada de un ambiente de drama y nerviosismo cuando, al saltar su posición para dar el primer giro lo llevó a golpear su cabeza contra el trampolín, haciendo que él cayera inconciente al agua y que tuviera que ser rescatado para evitar que ahogara. Unos minutos después, Greg volvería a la competencia vendado de la cabeza y, no obstante el accidente, obtuvo la medalla de oro.
La imagen de Greg Louganis sobre el puesto más alto del podio junto con el momento en que él se lanza del trampolín son las imágenes que más se recuerdan de los juegos olímpicos en Corea, y el momento más alto y brillante en la carrera del clavadista estadounidense.
La muestra de entrega que él demostró en Seúl, le hizo acreedor al reconocimiento que se brinda a aquellos que por su desempeño y actitud son ejemplo de atletismo, este reconocimiento llamado Maxell House-United States Olympic Comité Spirit, se a los atletas que representan en espíritu de competencia olímpica.
Aunadas a sus cuatro oros y una plata, Gregory Louganis obtuvo cinco medallas de oro en los campeonatos mundiales, seis medallas de oro en los juegos panamericanos y 47 títulos nacionales en los Estados Unidos de América, posicionándose así como uno de los mejores atletas que ha visto nacer el país de las barras y las estrellas.
No obstante la medalla de oro, su accidente en Seúl tendría consecuencias polémicas, ya que en 1990, Greg anunció que era tenía en su sangre el Virus de Inmunodeficiencia Adquirida (VIH) y que ya en 1988 era portador; el conflicto se dio ya que cuando su cabeza impactó contra la plataforma, quedó un pequeño charco de sangre en esta, causando estupor por la posibilidad de que otros atletas se contagiaran del virus a través de este medio.
Greg se enteró de su enfermedad seis meses antes de los juegos olímpicos, ya que, su pareja sexual (con la cual por cierto tuvo muchos problemas de relación) estaba muriendo de SIDA, por lo que fue orillado a hacerse los análisis respectivos, los cuales por supuesto dieron positivo. Nuestro atleta ocultó su enfermedad, pero su responsabilidad recayó doblemente por competir con el virus y sobre todo ser atendido de una herida por médicos sin la protección adecuada, fue impresionante para él, como lo manifestaría en su frase: “Creo que lo más herido fue mi orgullo”, la cual completaría con esta otra «Quedé atónito y sólo me pasaba por la cabeza cuál era mi responsabilidad».
A partir de este momento Greg ha dedicado su vida a promover fundaciones que apoyen a personas con este problema, además de ayuda a disléxicos, y contra el alcoholismo (enfermedad la cual el padeció como resultado de la depresión a causa de la discriminación que sufría a causa de sus origen étnico y familiar).
En 1994 y después de la muerte de Fredy Mercury, Gregory Louganis reveló al mundo su homosexualidad en los juegos gay de Nueva York, y posteriormente publicó su libro “Rompiendo la Superficie”, en el cual él nos cuenta de su relación con el virus y el impacto en su vida. Con esto Gregory dio un ejemplo de verdadero desarrollo humano, y que el VIH, el ser de origen Samoano o tener una preferencia homosexual no es un obstáculo para la grandeza en el deporte.
Cada salto de Greg hacia el agua era una danza por el éxito y el espíritu de la humanidad, y, aquel hombre que comenzó como un bailarín clásico en su juventud, llevó el arte de la danza a los cielos y su nombre a los más altos escaños de la historia del deporte y de la lucha contra un virus que se ha llevado a grandes hombres y mujeres de este mundo, pero que es impotente contra la fuerza de la trascendencia humana. .:M:.

