La mayor parte del tiempo las personas tomamos decisiones basadas en nuestras emociones, a pesar de lo mucho que nos gusta decir que no nos dejamos llevar por las mismas. Se podrá decir que somos la persona más racional y aún así sin saber exactamente por qué un discurso, una frase, una mirada desencadena una reacción tan instintiva y poderosa que mueve nuestro mundo desde la base.
Esto se debe a que las personas somos emociones y sentimientos fundamentalmente. La parte racional es una adición evolutiva que a pesar de todo no es tan fuerte como las emociones: nos vemos sobrepasados por ellos por naturaleza.
Las emociones dominan la mayoría de los actos que se realizan a pesar de encontrar posteriormente una razón para nuestro comportamiento. De qué otra forma se podría explicar una reacción tan fuerte contra las personas de color o los homosexuales sino es por prejuicios emocionales, sin importar que clase de argumentos utilicen, después, para explicar su fuerte rechazo.
Es por ello que uno de los problemas de la humanidad es que carecemos de una verdadera inteligencia emocional y dejamos que las emociones nos inunden en los peores momentos, reteniéndolas justo cuando deberían de surgir con mayor intensidad.
Ser tan emocionales tiene sus ventajas; nos permite emocionarnos por las cosas más insignificantes, maravillarnos por milagros inesperados pero sobre todo comprender a otros. Es lo que nos permite ser empáticos con las personas, ponernos en sus zapatos, tratar de conectar con ellos. Somos seres sociales por naturaleza lo cual limita a la racionalidad de cierta forma.
Somos humanos y es parte integral de nuestra esencia. Sólo podemos aspirar a controlar las emociones desagradables en los momentos en que se necesario, de forma que podamos evitar complicarnos de más la vida. Porque si bien las emociones son inevitables también tienden a complicarnos, en ocasiones, la vida sin necesidad; todo gracias a que cuando te sobrepasa dejas de prestar atención a tu alrededor y no te das cuenta de lo que dices con precisión hasta que suele ser muy tarde.
Sin embargo, existen algunas personas que realmente tienen problemas para controlar algunas emociones, esto se debe a un posible golpe en la parte frontal del cráneo (que es el encargado de los impulsos y estados de ánimo de la persona) o un defecto en la secreción de la serotonina (el cual es un neurotransmisor que se relaciona con el estado de ánimo y que su mal funcionamiento puede inducir depresión y agresión). Para esas personas controlar ciertas emociones e impulsos resulta prácticamente imposible, por lo que terminan por solicitar ayuda o sobrellevar las consecuencias de sus problemas… solos. .:m:.

