Su novela “Memoria de mis putas tristes”, en medio de una gran polémica.
Cuando el escritor colombiano Gabriel García Márquez, ganador en 1982 del Premio Nobel de Literatura, escribió -el que hasta hoy- es su último libro “Memoria de mis putas tristes”, no imaginaba que su obra se vería envuelta en una gran polémica generada a partir de que se dio a conocer el proyecto de llevar al cine dicha novela. Debido a esto se ha levantado una serie de protestas por parte de organizaciones en contra de la explotación sexual infantil, al argumentar que dicho texto, tiene claramente tintes de pederastia. A tal grado llegaron estas protestas que incluso se mencionó la posibilidad de presentar una denuncia en contra del escritor colombiano, también conocido como “El Gabo”.
La novela escrita por García Márquez en 2004 relata la historia de un hombre, que, para festejar su cumpleaños número noventa, decide tener sexo con una jovencita virgen de catorce años, por lo que recurre a Rosa, una vieja prostituta que el frecuentaba desde su juventud, para que le consiga a la doncella de quien termina enamorándose.
Las organizaciones que se han inconformado argumentan que con la realización de este filme se estaría justificando e incluso apoyando la trata de menores, un delito muy grave que cada vez va incrementándose de manera alarmante.
La periodista Lydia Cacho en su columna del periódico el Universal escribió: ¿Por qué Televisa se indignó con las aberraciones de Succar Kuri y Kamel Nacif y ahora pone millones de dólares para filmar una historia muy parecida? ¿Por qué Eva Garza, dueña de FEMSA invierte en una historia que convierte la explotación sexual adolescente en un acto de amor normalizado que ella ha criticado?
Aunado a ésto, el gobierno del estado de Puebla, encabezado por Mario Marín (el tristemente célebre “Gober precioso”, quien es acusado de brindar protección a pederastas), donaría un millón de dólares para la realización de la película, misma que se filmaría en tierras poblanas.
Como consecuencia de las protestas la filmación de “Memoria de mis putas tristes” se ha detenido de manera indefinida, aunque independientemente de esto, es un tema que se debe analizar profundamente. Por un lado ¿Qué tanta responsabilidad se le puede adjudicar a una obra literaria, en este caso, sobre los actos que realicen quienes la hayan leído? Me parece que es tanto como decir que -por ejemplo- los asesinos seriales actuaron a partir de leer un libro o ver una película acerca del tema.
Aunque, por otro lado, se entiende la preocupación de las organizaciones que luchan en contra de un delito tan repulsivo como el abuso en contra de menores de edad y que buscan a toda costa evitar o inhibir cualquier forma de expresión, en la que ellos consideren que se esta justificando e incluso alentando actos en que todos debemos estar en contra.
Casos como éste nos dan para la reflexión: ¿Hasta dónde una obra deja de ser arte para convertirse en cómplice del delito? ¿En qué momento las organizaciones, en afán de defender sus causas, pierden de vista el verdadero origen del problema? Sin duda, las respuestas a estos cuestionamientos nos ayudarían a definir una posición sobre el tema.
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