Gustav Holst y sus Planetas

Para un compositor los temas de los cuales pueda motivarse para componer pueden ser tan bastos como su propia inspiración. Desde sentimientos, personas, animales y hasta cuerpos celestes, estos han servido como tema principal en algunas obras importantes de la historia de la música académica. Este es el caso del compositor inglés Gustav Holst, quien encontró en los Planetas la inspiración para componer una de sus obras mas representativas.

La suite de “Los Planetas” Op. 36, compuesta entre los años 1914 y 1918, es una obra que marca toda una forma de composición, dando como resultado formas fantásticas en las que Holst, a través de la música, nos cuenta el significado que para él tenia cada planeta del sistema Solar. Las bases que tomó para poder dar vida a esta emblemática suite fue, por supuesto, en la mitología y las deidades que eran representadas por los Planetas para la cultura Romana. Tal es la trascendencia de la obra que muchos de los movimientos de la misma son incluidos en películas de la actualidad o formaron parte fundamental de la inspiración de muchos compositores que prestan su talento a la industria cinematográfica.

Con dichas referencias, Gustav Holst compuso esta suite que consta de siete movimientos, los cuales son:

 

Marte, el portador de la Guerra.

Es el primer movimiento de toda esta gran suite, en ella podemos escuchar una introducción misteriosa, que intranquiliza… Es la llegada del dios Marte que con el sonido  repentino de trompetas que asemejan explosiones continuas, mientras el constante sonar del tambor nos recuerda el carácter marcial de este movimiento. Curiosamente éste fue compuesto y terminado un mes antes de que estallara la Primer Guerra Mundial.

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Venus, el portador de la Paz.

Venus, la diosa de la belleza; en este movimiento comenzamos a escuchar pequeñas campanadas, que dan a entender el inicio de un día en algún lugar mítico. La obra llega a un punto donde la diosa Venus es representada por el bello sonido de los violines que asemejan a la gracia y hermosura que ésta irradia en el lugar donde se encuentre.

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Mercurio, el mensajero alado.

En este movimiento es narrada la travesía de el dios Mercurio quien lleva de lado a lado los mensajes tan importantes que le son encomendados, representado por el ágil tocar de la flauta transversa; los demás instrumentos sirven como referencia para saber en que sitio se encuentra Mercurio. La figura descendente que es ejecutada por el triángulo nos permite pensar en una caída en picada que hace el dios para poder ganar velocidad para sus entregas y una vez finalizada la tarea, se retira sin más que un simple sonido seco de una trompeta que deja tras de su partida.

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Júpiter, el portador de la Alegría.

Podríamos decir que este es el movimiento más importante de toda la suite, debido a que representa nada más y nada menos que a Júpiter, el máximo dios de la mitología Romana.

En este movimiento podemos escuchar al inicio el bullicio de un día especial en algún sitio, como el sonido de los preparativos para la celebración debido a la llegada del dios Jupiter, quien es anunciado con trompetas para dar aviso a su llegada; tras su paso suena un himno bastante peculiar y conocido. “I vow to Thee, my Country” que es el himno de Inglaterra. Dicho himno es incluido en esta pieza debido a que Júpiter es el máximo dios de la mitologia romana, dando por entendido que así mismo esta obra, la suite de los planetas tiene un carácter completamente nacionalista, es decir, que toda la nación Británica se identifica con ésta y más aun debido a que el himno de la propia nación está incluido en ella.

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Saturno, el portador de la Vejez.

Completamente opuesto al movimiento anterior, aquí el misticismo no se hace esperar. En éste podemos escuchar cómo es que los instrumentos nos adentran a una atmósfera un tanto confusa, un ambiente que nos hace sentir que algo puede ocurrir y que hay que estar al tanto de todo lo a nuestro alrededor; sin embargo, Saturno, representado por el sonido acompasado de la flauta transversa, nos da a entender qué así son su pasos y que éstos se escuchan a lo lejos. Nos enseña como es que, conforme se aproxima hacia nosotros -con la sabiduría que sólo la vejez le ha podido otorgar-, percibimos cómo es que poco a poco la intensidad musical va creciendo lentamente, como si majestuosamente viéramos a la misma sabiduría acercando sea nuestra puerta y una vez dentro de nuestra morada, no queda más que contemplarla y aprender de ella. El constante sonido acompasado nos recuerda al pesado andar de los años por una vida que, aunque alguna vez fue joven, hoy está agotada pero aun en pie sobre de cualquier obstáculo y que la vejez no significa el final… sino el inicio de una nueva vida.

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Urano, el mago.

Las trompetas que dan inicio a este movimiento nos advierten que estamos pisando terrenos que pocos se atreven a conocer, pero que dentro de todo aquello que representa la magia, lo oculto, no deja de tener un toque de alegría. Este movimiento nos trata de relatar a Urano, un dios sumamente atareado con sus experimentos mágicos, que conforme comienza a adentrarse en su propio mundo, no hay quien le detenga hasta obtener el resultado que busca.

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Neptuno, el místico.

Este movimiento fue inspirado principalmente en una obra del compositor impresionista Claude Debussy, quien trata de capturar lo que para el podría ser el canto de las sirenas. Holst a su vez introduce el toque místico de las voces de un coro femenino como símbolo intriga y duda; de confusión y anhelo. En estas voces puede uno depositar cuanto pensamiento crea pertinente para la pieza, este es el misticismo que Holst quería dar al Planeta Urano, que en ese entonces, era el mas lejano del sistema solar y el menos estudiado.

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Aunque Plutón fue descubierto durante la vida de Holst, en 1930, él no mostró interés en escribir un movimiento para este planeta. En 2000, la Hallé Orchestra comisionó al compositor y crítico musical británico Colin Matthews, especialista en la obra de Holst, que escribiera un nuevo movimiento, el octavo, al que Matthews tituló Plutón, el Renovador. Este nuevo movimiento fue dedicado a Imogen Holst, hija de Gustav, y fue presentado el 11 de mayo de 2000 en Mánchester, por la Orquesta Hallé bajo la dirección de Kent Nagano. Matthews cambió el final de Neptuno y lo convirtió en una transición a Plutón.

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Al fin y al cabo, la inspiración para componer no es algo que dependa de algún factor planeado o de algún complicado ritual que tenga que ver con las costumbres del compositor; simplemente se trata de inspiración y ya sea, la naturaleza, la humanidad o los planetas del sistema solar, podemos estar seguros que elementos sobrarán siempre para dar vida a una nueva era en la música. .:m:.