Empezaba a caer la tarde. Iba caminando entre toda esa gente, que entre gritos y empujones, trataban de llegar a algún sitio. Siempre me he preguntado: ¿a dónde querrán llegar?. Mientras tanto, sólo los veo pasar, por lo menos en ese momento yo sabía hasta donde quería llegar: saliendo del metro Universidad debía tomar el camión que me llevaría al espacio escultórico, lugar en donde todo comenzó, que desde el momento en que conocí, me transmitió cierta seguridad que, a partir de que todo inició se ha ido desvaneciendo a cada instante.
En esta gran urbe siempre he tratado de encontrar alguna cara familiar, alguien que me pueda tender la mano y colocar de nuevo por el camino que yo llevaba, creo que no será así, por lo tanto cada día que pasa debo seguir en esta rutina que me está matando poco a poco. Desde muy pequeña me di cuenta de que la fragilidad de mi persona me llevaría a caminos inesperados, y, con todo esto que comenzó desde hace algunos meses, me he cerciorado de esa debilidad de mi persona, la misma quien bifurcó así el camino que llevaba, que fui yo quien decidió estar en donde estoy ahora, la que sólo puede seguir tratando de encontrarse, rodeada de alguna esperanza que me ayude a seguir, aunque si por mis fuerzas fuera, hoy mismo tiraría la toalla y me dejaría desvanecer. Durante toda mi vida, abruptos pensamientos se han apoderado de mí, esa necesidad de estar acompañada y vivir los días con gran pasión me han traído hasta donde estoy ahora, me pregunto si es a este punto a donde quería arribar, no lo sé, creí que con la compañía de alguien conseguiría cuanto siempre había querido, pero no fue así y paradójicamente he encontrado la soledad más grande que alguien pudiera tener.
Empezaré relatando cómo llegué a ese justo instante en el cual no sé si estoy viviendo o sólo es la sensación de existir, en donde día a día voy preguntándome tantas cosas que tal vez en el justo instante que tropiece con las respuestas, éstas me ayudarán a renacer.
Ahora, sola, sentada en este gran espacio, donde hace millones de años un volcán hizo erupción y el único rastro que nos dejó fueron estas grandes rocas que ahora me sirven de asiento para meditar, intentaré colocarme en el punto exacto donde todo comenzó, tratando de no erupcionar ni hacerme roca de mí misma.
Hace unos meses, una tarde similar en la cual me sentía como cada día de mi existencia, tan breve, en la que sentí que alguien llegó y que sólo dijo un hola; justo con esa frágil palabra iniciamos la fugaz pasión. Yo leía a Xavier Villaurrútia y su Dama de corazones y él llevaba un periódico debajo de su axila, ésta no olía bien, me percaté por el feo e incómodo aroma a sudor; al principio me molesto, sin embargo con el pasar de los minutos pude acostumbrarme. Comenzaba a obscurecer, situación que nos hizo comenzar a caminar sin rumbo alguno. Él dijo llamarse Luís (traté de creerle), su aspecto era extraño y eso lo hacía más enigmático aún. Continuamos caminando y en cada paso de esa caminata intimamos más y más, hasta llegar al punto donde se volvió demasiado; él me contó tanto de su vida que me transfirió la sensación de bienestar necesaria para que yo también comenzara a hablar. Caminamos un largo tramo de la avenida de los Insurgentes hasta llegar a Churubusco, fue ahí cuando me percaté de la hora y que me debía irme. Intercambiamos teléfonos y en ese lapso pensé que era él, la persona que siempre había estado buscando.
Pasada la noche de ese encuentro, él me llamó. Segunda noche y nos encontrábamos tomando un café; tercera noche y nos encontrábamos en una lucha de pasiones, su cuerpo junto al mío, su sudor en mi piel, su olor penetrando cada poro de mi cuerpo y yo entregando mi tez, mi ser y mi alma.
Pasaron algunas semanas para que nos diéramos cuanta de que no podíamos estar el uno sin el otro, que precisábamos estar juntos para sentir que vivíamos, para hallarle sentido a esta simple e insignificante vida que llevábamos…Sin pensar, decidimos huir, huir de todos esos fantasmas que nos tenían encadenados a un pasado que ambos detestábamos.
Huir, ¡Que gran palabra! ¿Cómo evadir la realidad?, que mejor modo que huyendo.
Un par de meses dedicamos a fugarnos de este cosmos que tantas penas nos había dejado, a vivir en ese fino, sencillo y delicado mundo que juntos nos esforzamos por construir. Y poco a poco una vaga sensación de bienestar se apoderaba de mi ser, una vaga sensación que ahora se ha desvanecido por completo.
En mi lucha de vivir entre nuestro universo y la realidad, él se perdió; prefirió existirse en nuestra fantasía, en ese mundo que habíamos construido juntos, para ya no regresar nunca más.
¿Pero cómo pude permitir que me pasara eso? ¿Cómo pude dejarlo solo ahí?
Huir, fue mi alternativa de vida, más él sólo quiso huir y fui yo tan real que de mí huyó. Me dejó, sin pensarlo, sin consultarlo, prefirió irse y dejarme en esa misma soledad en la que nos conocimos.
Ahora, regreso al lugar donde todo comenzó, percatándome de que nuestros mundos jamás se volverán a encontrar y de que nunca más sentiré su tibio cuerpo sobre el mío, como lo sentí durante aquellas noches.
Y aún sigo sola, y quiero sentirme más sola y más real, más palpable y más natural, para ver si algún día que él quiera huir de la realidad del orbe, me escoja a mí para ser de la que primero huya. .:M:.
*Escrito originalmente para e.Metro, estación Universidad

