A pesar de la serie de pruebas históricas que han tratado de comprobar el origen terreno de la imagen de Santa María de Guadalupe en el ayate de San Juan Diego, la ciencia moderna no ha logrado explicar la perfección de la santa imagen y las concordancias exactas con los signos más preciados del cristianismo y del dogma mariano.
Además de la perfección de los trazos, la imagen de Santa María de Guadalupe posee una perfecta sincronía con los elementos naturales encontrados en ese entonces en la Ciudad de México.
Uno de los elementos que más llaman la atención son las constelaciones del manto de la Virgen, que son iguales, salvo pequeñísimas variaciones, al cielo nocturno que se podía observar en la Ciudad de México en 1531, año de la aparición mariana.
A la derecha del manto se encuentran las principales constelaciones del cielo del Norte. En el lado izquierdo las del Sur, visibles en la madrugada del invierno desde el cerro del Tepeyac. El Este se ubica arriba y el Oeste en la porción inferior. Como el manto está abierto, hay otros agrupamientos estelares que no son visibles en la imagen, pero se encuentran presentes en el cielo, encontrándose así la Corona Boreal, ubicada en la cabeza de la Virgen, Virgo en su pecho, a la altura de las manos, Leo en su vientre, justo sobre el signo del Nahui Ollin, con su principal astro denominado Régulo, el pequeño rey. Géminis se encuentran a la altura de las rodillas, y Orión en donde está el Ángel que sostiene a la Virgen.
Además de las estrellas en el manto, existen otros signos que añaden información hacia el origen divino de la imagen de Santa Maria de Guadalupe. A continuación se presentan de forma cronológica algunos de los estudios que se realizaron a la imagen de Santa María de Guadalupe en la tilma de San Juan Diego:
Uno de los grandes descubrimientos, gracias a la tecnología del siglo XX, fue la presencia de imágenes humanas en los ojos de Santa María de Guadalupe.
En 1929 Alfonso Marcué, fotógrafo oficial de la Basílica de Guadalupe, ampliando algunos unos negativos del rostro descubrió un busto humanos que se idéntica con la imagen de San Juan Diego, en el ojo derecho de la Virgen. Para 1956 el oftalmólogo Dr. Rafael Torija, examinó los ojos de la Virgen, descubrió en los ojos el efecto «triple imagen de Purkinje y Samson», con el cual las imágenes que el ojo humano capta se repiten tres veces, encontrándose la imagen de un busto humano.
Así mismo el Dr. Torija descubrió que la pupila emitía reflejos de luz, lo cual no sucede con fotografías o estampas, sólo en los ojos vivos, además de que la pupila ilumina de forma difusa, dando la impresión de oquedad, tal y como lo es el ojo humano.
El Dr. Enrique Graue, eminente oftalmólogo, en 1974 y luego de examinar el lienzo, manifestó: «al proyectar un haz de luz sobre el ojo, el iris brilla más que el resto, no así la pupila, lo que da una sensación de profundidad, pareciendo además como si el iris fuese a contraerse de un momento a otro, como el de una persona viva.» Además. Con una serie de acercamientos se pudo constatar la presencia de varias imágenes humanas en los ojos de la Virgen, las cuáles no ocupan más de cuatro milímetros de espacio, pero que son visibles al reflejo de la luz, tal y como ocurre con el ojo de una persona viva.
El lienzo en sí es un milagro debido a su conservación durante estos casi cinco siglos ya que esta imagen ha sido objeto de las inclemencias del tiempo y de los errores humanos para su conservación, no obstante este lienzo se ha mantenido su esplendor original. Desde 1951 esta imagen ha sufrido los embates del clima del Tepeyac, el cual es muy húmedo y que sin duda hubiera causado que la imagen de lastimara; además hay que recordar que los fieles muchas veces tocaban el ayate para recibir sus bendiciones y los ácidos del sudor de las manos la habrían afectado.
Para 1554 los que hacían custodia de la virgen creyeron óptimo pintar alrededor de la imagen unos querubines junto a los rayos del sol le hicieran compañía, no obstante, como esta pintura no sobrevivió a los embates del tiempo y el clima, a pesar de que se pintó con las mejores técnicas de la época.
En 1791, mientras un orfebre limpiaba el marco de oro y plata del marco exterior de la Imagen, un frasco con ácido nítrico se derramó sobre la parte superior derecha del ayate quedando sólo una ligera mancha más no destruyendo el lienzo.
En el año de 1921, exactamente el catorce de noviembre, la imagen sufre un atentado con una bomba en el altar mayor de la Basílica, por supuesto la imagen no sufrió ningún daño, sin embargo otros objetos no corrieron con la misma suerte, tal es el cazo de un crucifijo que resultó chamuscado (Actualmente se exhibe en la Antigua Basílica) y todas las ventanas del templo terminaron en fragmentos.
Al Dr. Ricardo Kuhn, austriaco y premio Nóbel de química, le fueron enviadas dos fibras provenientes del lienzo de Guadalupe. Después del análisis manifestó: «en las dos fibras -una de color rojo y otra amarillo- no existen colorantes vegetales ni colorantes animales, (como la cochinilla), ni minerales. Tampoco podían ser colorantes sintéticos, pues en aquel tiempo (1531), no se conocían estos productos.»
Para 1975 El Dr. Eduardo Turatí, luego de estudiar el Sagrado lienzo, sin el vidrio, asintió: «observando unas zonas del tejido donde se encuentran unas grietas que lo abren -por lo viejo que está- puede verse que la pintura sigue fija en las fibras ocultas del tejido. Este detalle tan significativo hace pensar que la Imagen se encuentra impresa o es parte de la misma tela y no pintura sobrepuesta.»
Por último, en 1979 científicos de la NASA, Brant Smith y Philip S. Callagan, tomaron fotografías infrarrojas del ayate, llegando a la conclusión que “la cara, manos, manto y túnica de la Virgen no tiene explicación posible».
Si bien es cierto que por parte de algunos científicos modernos, a través de aparatos del siglo XX han demostrado que el origen y la perdurabilidad del lienzo es inexplicable, han existido otras fuentes científicas también que lo han atacado, pero cabe resaltar que se hacían sin instrumental de alta precisión, el cual es sólo disponible en nuestra época, como son los estudios gráficos del Dr. Atl, en donde éste afirma que es sólo una pintura.
Mucho antes que los avances tecnológicos permitieran vislumbrar la autenticidad de la imagen guadalupana, en años anteriores se emitieron textos históricos que bien afirmaban o negaban la existencia del fenómeno guadalupano. A continuación presentamos la reseña de algunos de estos textos:
Nican Mopohua: Es el texto pilar de las narraciones guadalupanas. Compuesto probablemente en 1556 por Don Antonio Valeriano y publicado en Nahuatl en 1649 por Luis Lasso de la Vega, este texto narra las cuatro apariciones guadalupanas en el cerro del Tepeyac y el milagro de la tilma de San Juan Diego.
Nican mopohua, motecpana, in quenin yancuican hueytlamahuizoltica monexiti in cenquizca ichpochtli Sancta Maria Dios Inantzin tocihuapillatocatzin, in oncan Tepeyacac, motenehua Guadalupe. Acattopa quimottititzino ce macehualtzintli itoca Juan Diego; Auh zantenpan monexiti in Itlazoixiptlatzin in ixpan yancuican Obispo Don Fray Juan de Zumárraga.
Aquí se cuenta, se ordena, cómo hace poco, en forma por demás maravillosa, el amor de la perfecta Virgen Santa María, Madre de Dios, nuestra venerable Señora y Reina, la hizo visible allá en el Tepeyac, que se conoce [ahora] como Guadalupe. En un principio se dignó dejarse ver de un indito de nombre Juan Diego, y, al final, su amor nos entregó su preciosa y amada imagen en la presencia del reciente Obispo Don Fray Juan de Zumárraga.
Nican Motecpana: Es un documento mestizo queal igual que el Nican Mopohua fue escrito en lengua náhuatl. Fernando de Alva Ixtlilxóchit lo escribió en 1590, autoría que consta por el testimonio de D. Carlos de Sigüenza y Góngora.2
En el se relatan los sucesos después de las apariciones guadalupanas con respecto a San Juan Diego, su vida al servicio de Guadalupe, su muerte y la del Obispo Fray Juan de Zumárraga, así como milagros atribuidos a la virgen.
Historia Verdadera de la Conquista de Nueva España, Bernal Díaz del Castillo: Compañero de Hernán Cortés, Díaz del Castillo no se encontraba en México cuando el milagro guadalupano ocurrió, no obstante al estar él en Guatemala, ciudad bastante lejana a México, hace referencia sobre el milagro Guadalupano en su texto Historia Verdadera de la Conquista de Nueva España.
«Luego manda Cortés a Gonzalo de Sandoval que dejase aquello de Ixtapalapa, e fuese por tierra a poner cerco a otra calzada que va desde México a un pueblo que se dice Tepeaquilla, a donde ahora llaman Nuestra Señora de Guadalupe, donde hace y ha hecho muchos admirables milagros.» (cap. 150)
«[…] Y miren qué hay de hospitales, y los grandes perdones que tienen, y la santa casa de Nuestra Señora de Guadalupe, que está en lo de Tepeaquilla, donde solía estar asentado el Real de Gonzalo de Sandoval cuando ganamos a México: y miren los santos milagros que ha hecho y hace de cada día, y démosle muchas gracias a Dios y a su bendita madre nuestra señora por ello, que nos dio gracia y ayuda que ganásemos estas tierras, donde hay tanta cristiandad.» (cap. 210)
En conclusión, la ciencia no ha podido explicar la perfección de las imagen de Santa María de Guadalupe la cual ha quedado casi intacta en estos casi cien lustros, no obstante queda afirmar que no han de ser las ciencias las que van a demostrar la existencia de Santa María de Guadalupe a través del origen de su Imagen divina, ni la historia la que ha de comprobar sus apariciones o veracidad del dogma, es la fe la única respuesta a todas las preguntas acerca de María, la cual, no necesita de ningún sustento humano para hacer de sí un signo sensible del amor de Dios.
Puede que el ayate sea original o no, no obstante el suceso guadalupano que ha logrado unir a toda América en una sola a través de la Virgen María, es un milagro que ciertamente por sus dimensiones no puede atribuírsele a la sola voluntad humana..:M:.
Bibliografía y más información en:
*Escrito originalmente para e.Metro, estación La Villa-Basílica

