Antes de poder de hablar de indígenas, quisiera situar ese concepto, primeramente ¿qué es un indígena? Para nosotros los latinoamericanos es obvio que las poblaciones indígenas son aquellas nativas de esta tierra que siguen prevalecientes casi intactas, que no entraron propiamente al mestizaje que trajo consigo la conquista y que ha mantenido su autonomía por mucho tiempo. Ha prevalecido su cultura, su idioma y su identidad. Hay casos dramáticos como los de poblaciones en el Amazonas que nunca han tenido contacto con el mundo occidental y lanzan objetos a los helicópteros pero igualmente hay otras que viven no muy lejos de las ciudades, en México tenemos poblaciones a no más de 300 Km. de la capital y el español no es su lengua materna.
Pero después me pregunté, si el indígena es el nativo de una cierta región, entonces un alemán en Alemania debe ser indígena y pues resulta que no. Tras mi búsqueda, porque realmente fui ignorante en este sentido de cómo conceptualizar a un indígena, resulta que se le considera indígena a todas aquellas poblaciones que efectivamente han mantenido su cultura, idioma e identidad pero previas a lo europeo, previo a la conquista, a la colonización e imposición de valores europeos. En ese sentido la cultura que sirve de referencia para nombrar a otras como indígenas o no es la europea; pero extrañamente otros grupos étnicos como el de árabes, japoneses, hindúes y chinos no son considerados indígenas. Visto a la distancia el concepto de indígena ya me parece un poco discriminatorio, en Australia les dicen aborígenes a sus indígenas.
Y si nos restringimos a México, el ser indígena efectivamente trae consigo la exclusión, marginación y la discriminación.
De acuerdo a la Conapo existen alrededor de diez millones de indígenas, focalizados principalmente en los estados sureños de Chiapas, Oaxaca, Yucatán; en los estados del norte de Nayarit y Chihuahua y otra proporción en Veracruz.
Al ver las cifras de índices de desarrollo de estas comunidades, son sin duda quienes están al final de la cola, ignorados por mucho tiempo por las políticas públicas.
Abordando primeramente el tema de la educación, en México la alfabetización ronda el 93%, en el caso de los indígenas el indicador no supera el 76% de acuerdo a Conapo; y si restringimos ese grupo a mujeres sólo el 60% están alfabetizadas. Por lo que en materia de educación los indígenas se han quedado en el tiempo, mientras que el resto de la población mejoró en este sentido, en los niveles de educación, los indígenas siguen a niveles de alfabetización de prácticamente hace 50 años. Y el nivel de escolaridad es obviamente bajo, con apenas cuatro años de estudios promedio para este grupo comparado a los 8.7 de la media nacional, según Inegi; particularmente este dato es devastador, muy por debajo de la media. La educación, que siendo el motor e impulsor de una vida más digna, está negada ampliamente a este sector; y en este sentido la marginación de la minoría indígena está obviamente explicada por el limitado acceso a la educación.
Este punto de la educación lo quiero ahora ligar a otro que me parece importante, que es la mejora en la vida hogareña, en la participación de la mujer principalmente, ya que sin duda alguna las naciones que han avanzado en el acceso a la educación a sus poblaciones, existe igualmente un sentido de mayor equidad de género.
Y en este tema los indígenas vuelven a estar en último lugar y los paradigmas no han cambiado. Haciendo aún referencia a los mismos datos de Conapo, cerca del 9% de estas mujeres ha sido víctima de violencia física y sexual, y prácticamente la tercera parte son víctimas de la violencia emocional, de la verbal, de insultos. Pero al mismo tiempo como viven bajo este sistema de valores donde la violencia es permitida, la mitad de las mujeres encuestadas de origen indígena utilizaría la violencia con sus hijos desobedientes y una tercera parte estaría de acuerdo en que sus esposos las golpeen por no cumplir con sus obligaciones como esposa, en tener relaciones sexuales forzadas y otros abusos que ya no se permiten tan fácilmente en nuestra vida diaria o que no se deberían permitir.
Si de por sí ya tener la condición de indígena es un estigma algo desalentador, la situación de ser mujer bajo este contexto de marginación, pobreza y exclusión, sin duda tiene a la mujer en una situación más precaria todos los aspectos de su vida: educación, salud, violencia, participación, etc.
Un día platicando con una amiga, ella me comentó que en la construcción de un centro comercial en pleno corazón de Reforma seguramente habría gente que no hablaría español sino que estaría hablando algún otro dialecto y tenía razón, pasando un día junto un par de albañiles, ellos se comunicaban en algo diferente a español. Y esa es la realidad que muchos indígenas enfrentan, tener que migrar fuera de sus comunidades para obtener un empleo, seguramente sin contrato, ni acceso a la seguridad social; y en el caso de quienes se van a los Estados Unidos, viviendo en la ilegalidad, siguen siendo aún víctimas de la discriminación, del maltrato y abusos.
Además de mejores políticas públicas orientadas a estos grupos es necesaria alguna herramienta de comunicación social y nuevas bases educativas para paliar gradualmente la discriminación contra los indígenas porque según la primera encuesta nacional contra la discriminación, un dato del 2005, desafortunadamente no encontré datos más recientes, un 20% no toleraría tener como vecino a un indígena y algo que me pareció durísimo leer fue que una tercera parte de la población piensa que el indígena vivirá en la pobreza mientras se siga comportando como indígena; realmente me dejó sin palabras, un poco cínica la respuesta y al mismo tiempo es obvio la falta de respeto que se tiene a la identidad y cultura de este grupo; el indígena debe renunciar a su identidad, cultura y tradiciones si es que quiere integrarse al progreso, según los encuestados que comparten esta afirmación.
Todos estos datos orillan sin duda alguna a que ellos mismos renieguen de su condición, y el pronóstico es que tarde o temprano su grupo se vea reducido gradualmente hasta la desaparición o se tendrán que ir integrando porque los valores occidentales llevan la batuta y seguirá siendo así por largo tiempo.
Y como último comentario solamente para cerrar esta opinión es que si México desea dar ese salto a la modernidad, que desde hace años ha querido dar y que igualmente nos han prometido los diferentes gobiernos, lo tendrá que hacer con respeto a la pluralidad porque no todos somos rubios, ni todos somos de sangre cien por ciento española y todos de alguna forma llevamos raíces indígenas en nuestra sangre y pues le tenemos que hacer justicia a nuestra historia para así poder reencontrarnos como país y a partir de ahí poder avanzar hacia delante.
Ocurrió hace poco en Australia, que el primer ministro ofreció una disculpa pública a las poblaciones aborígenes por los abusos, la degradación y la humillación que sufrieron; un acto que quiere demostrar un punto y a parte de decir intentemos cerrar heridas del pasado, reconocer los errores como sociedad y a partir de ahí sentar las bases para una sociedad más equitativa. .:M:.

