No cabe duda que uno de los lugares que causan mayor gusto entre los amantes del café es Starbucks.
Es toda una experiencia el entrar, abrir la puerta de vidrio, mirar las mesitas de madera las cuales parecen tener un tablero de ajedrez en el centro. Caminando un poco más uno se topa con un estante de madera en donde se pueden encontrar tazas y vasos de distintas formas y colores. A un lado del mueble de madera es común ver una canasta con bolsas de café molido y otro cesto cuyo objetivo es ser un centro de acopio de juguetes. Unos pasos adelante está el gran mostrador; al centro 2 cajas registradoras circundadas por discos, chicles, tés, galletas y monederos electrónicos.
Al momento de acercarte a la caja empiezas a mirar las opciones de café que existen: desde un barato café del día hasta un té chai o Frappuccino.
De repente una chava o chavo se acerca y te dice: “hola ¿qué vas a ordenar?” con una gran sonrisa la cual en ciertas ocasiones te obliga a pedir lo más caro.
El momento confuso es la elección del tamaño de tu bebida: Alto (tall), Grande y Venti (que extrañamente todas refieren a un tamaño grande en distintos idiomas); posteriormente las elecciones especiales: espacio para leche, crema batida, leche entera, Light, deslactosada, con sabor, con chispas de chocolate, con cajeta, con crema…
Amablemente te preguntan: “¿cuál es tu nombre?”
Después de ordenar la bebida es muy común el observar los refrigeradores y estantes de cristal en donde existen panes exquisitos, sándwiches o paninis, aguas minerales, vasos de jugo, yogurt, pasteles, botellas con café frío, etc.
Llega la hora de pagar y te entregan un ticket el cual tiene una clave para Internet gratis.
Al poco tiempo gritan tu nombre y al otro lado de la cafetera y de la historia del café Starbucks, existe un tablón ovalado que parece una gran paleta de pinturas con una lámpara color amarillo con detalles marrones y anaranjados. Ya está listo tu café.
-“Frappuccino de té verde, grande, crema batida, Flavio”-
Caminas un poco y está un mueble con distintos termos con leche, especieros con chocolate, vainilla y canela; popotes, servilletas, azúcar, batidores, folletos y un bote de basura.
Tomas lo necesario y te diriges a un cómodo sillón, o bien, si traes computadora vas a una mesa con lámparas azules la cual tiene enchufes para conectar tu ordenador.
Ya es tu elección el optar por el área de fumadores, la cual generalmente tiene coquetas mesas con sombrilla.
Así puedo mencionar miles de cosas que se logran con la “experiencia Starbucks” la cual se ha mantenido casi intacta desde los años 70’s.
Lo más increíble es que en cualquiera de las más de nueve mil doscientas sucursales en el mundo entero la vivencia es la misma. Los mismos sillones, uniformes, colores, aromas…
Si no has vivido la experiencia que genera esta cafetería, es tiempo de hacerlo. Recuerda que existen demasiadas sucursales, e incluso hay centros comerciales con dos establecimientos.
La experiencia de tomar café en cualquier lugar la puedes encontrar, sin embargo no hay mejor ambiente que el que genera la calidez de la sirena, la experiencia Starbucks.
.:m:.

