La Fridomanía más viva que nunca

El 2004, es el año en que se celebran cinco décadas del fallecimiento de una de las más grandes pintoras que ha dado nuestro país. Reconocida internacionalmente, Frida Kahlo, es icono de una generación, rompió con los esquemas donde la mujer era sometida, y en el marco de una revolución e integración política de toda una nación, surge una mujer marcada por el destino, predestinada a sufrir; pero que sería recordada después de su muerte por miles de seguidores que admiran sus obras artísticas y sobre todo, su temple ante la vida. La capacidad de afrontar adversidades y convertirlas en obras de arte, las cuales han alcanzado a subastarse en millones de dólares.

Frida Kahlo nació en Coyoacán, D.F. el 6 de julio de 1907, hija de un fotógrafo austriaco radicado en México, Guillermo Kahlo y de la oaxaqueña Matilde Calderón. Frida tuvo un temprano encuentro con el daño físico a los seis años de edad, cuando enfermó de poliomielitis, quedándole la pierna derecha más delgada y una cojera leve.

Cambio de vida

Joven rebelde, ingresó a la preparatoria de San Ildefonso y allí se relacionó con un grupo de estudiantes conocidos como Las Cachuchas. A los 18 años, iba en un autobús a la escuela acompañada por su novio Alejandro Gómez Arias, cuando un tranvía les embistió; destrozó su cuerpo por completo, la barra del pasamanos le entró por un costado y salió por la vagina, le rompió la columna vertebral, el cuello, la pelvis. Recluida en cama durante varios meses, cubierta de yeso y atada a un aparato ortopédico, comenzó a pintar sus primeras obras. Durante esta larguísima convalecencia, su madre colocó un espejo en la cama comenzando así, a usarse de modelo.

A partir de este trágico suceso, a Frida le cambia la vida y nos demuestra como soporta estoicamente su dolor, tenía tanta fuerza de voluntad, tantas ganas de aferrarse a la vida, que dos años después, tras un calvario de varias operaciones, logró llevar prácticamente una vida normal.

En 1927 conoció a Diego Rivera, que para entonces ya era el pintor más famoso de México, autor de grandes murales con temática revolucionaria y quien indescriptiblemente, gozaba de un encanto con las mujeres. Frida lo detuvo en los pasillo de la Secretaría de Educación Pública, donde él trabajaba para pedirle que analizara sus primeros cuadros, y dos años más tarde se casaron en Coyoacán. Desde el principio, la pintora denotó un gran amor por Diego y lo acompañó en la militancia política en el partido comunista.

En la década de los treinta, la pareja radicó en los Estados Unidos, donde Rivera pintó murales en San Francisco, Detroit y Nueva York. En 1932 Frida sufre un aborto a consecuencia del accidente anterior que casi le costó la vida. Ella siempre estuvo obsesionada con la idea de tener hijos y éste fue uno de varios abortos que sufrió a lo largo de su vida.

Diego Rivera no pudo corresponder plenamente a tan grande amor que manifestaba siempre Frida, y la defrauda pues tuvo infinidad de amantes, pero el involucrarse con Cristina, la hermana de Frida, le ocasionó un gran dolor que los llevó al divorcio. Pero se volvieron a casar dos años más tarde. Ella misma reconoció tiempo después, que su segundo accidente fue Diego.

La pintora mexicana reacciona de igual manera ante las infidelidades de su esposo, manteniendo aventuras con varios hombres y mujeres, entre quienes figura León Trotsky, con quien mantuvo una larga relación, mientras él se encontraba con su esposa como asilados políticos viviendo en su casa.

En el período de separación del matrimonio Rivera-Kahlo, ella presenta una de sus obras cumbres: Las dos Fridas, que se convierte en el desfase más notable de su personalidad. El origen de esta obra, se atribuye a una nota escrita por la propia autora, donde menciona que a los seis años, tenía una amistad imaginaria con una niña de su misma edad: “no recuerdo su imagen, ni su color, pero si sé que era alegre, se reía mucho. Yo la seguía en todos sus movimientos y le contaba mientras ella bailaba mis problemas secretos… Yo era feliz, corría con mi secreto y mi alegría hasta el último rincón del patio de mi casa. Asombrada de estar sola con mi gran felicidad”.

Su pintura no tenía más que un propósito; revelar la intensidad de su dolor físico, su sufrimiento existencial y manifestaba sus diversos estados anímicos, su deseo por ser vista y conocida. Ante las dificultades de la vida, siempre reaccionó con ironía y con un sorprendente sentido del humor, a través de su físico y vestimenta denotaba una expresión artística más; siempre usaba ropa de las indias tehuanas, bellísimos trajes largos que le permitían ocultar su cuerpo quebrado, trenzaba su cabello con cintas de raso, flores y se adornaba con pesadas joyas precolombinas.

Sus pinturas de carácter surrealista muestran su frustración y una profunda angustia. Durante muchos años nunca enseñó sus obras y en 1938 Diego Rivera prácticamente la obligó exponer en Nueva York y por esta época, conoció a André Bretón, el principal representante del surrealismo, un movimiento artístico que trata de plasmar el mundo de los sueños y de los fenómenos subconscientes, con una animación de lo inanimado, aislamiento de fragmentos anatómicos, expresión del pensamiento, etc. Bretón quedó fascinado por esta pintora que era surrealista sin ella saberlo, según mencionó. En 1939 expuso en París y se le consideró incluida dentro de este movimiento estético.

Con el paso del tiempo la situación para Frida se volcó más complicada y difícil de sobre llevar, el hecho de que Rivera la engañara con un sin fin de mujeres, era devastador para ella, como lo expresa varias de sus pinturas en ese preciso momento de su vida. Durante el período de su divorcio trabajó más arduamente que nunca y produjo algunos de sus más importante autorretratos. Físicamente, el cuerpo se le fue deshaciendo: el pie se le ulceraba, la espalda se le torcía, ansiaba tener hijos y no podía, sufrió cuatro o cinco abortos, la enganchaban en aparatos, colgaban veinte kilos de sus piernas, la encerraban en corsés de hierro y se bebía una botella de coñac al día para mitigar el dolor, desde 1944 padecía dolores agudísimos que la obligaron a depender de la morfina, tenía la pierna derecha gangrenada y en agosto de 1953, se la amputaron desde la rodilla.

Durante toda su vida le practicaron al menos 32 intervenciones quirúrgicas, sus últimos años fueron un martirio, las drogas y el alcohol la tenían fuera de si y en varias ocasiones intentó suicidarse; lo único que la mantenía viva era el deseo de seguir al lado de Diego, que en repetidas ocasiones le mencionaba la falta que le hacía.

Los pocos cuadros que pintó, muestran trazos torpes y es en esta etapa, cuando más se aferra a la ideología comunista pues necesita encontrar algún alivio, algún sentido a tanto sufrimiento y pinta un cuadro titulado El Marxismo dará salud a los enfermos, en el que un milagroso Marx sujeta entre sus manos a Frida, quien abandona sus muletas.

En abril de 1953, se inauguró la primera gran exposición de la pintora surrealista en México, ella estaba tan mal, que los organizadores creyeron que no podría acudir, pero a su esposo se le ocurrió la idea de mandar la cama e instalarla en medio de la sala de exposiciones. Así asistió Kahlo a su inauguración, todos sus amigos pasaron a saludarla de uno en uno. Ocho días antes de morir, pintó su último cuadro denominado: Viva la vida; son varias sandías en carne viva, donde expresa la dualidad de la vida y la muerte a la que desafía con alegría.

Frida Kahlo Calderón murió el 13 de julio de 1954 en la Casa Azul, su casa de Coyoacán a los 47 años de edad. El velorio fue llevado al Palacio de Bellas Artes para hacerle un homenaje póstumo, amigos, familiares y personas importantes de los ámbitos artístico y político, incluyendo al ex presidente Lázaro Cárdenas, formaban guardias de honor alrededor de su ataúd. Al día siguiente fue cremado, según el deseo que Diego Rivera se encargó de cumplir.

Han pasado cincuenta años y la artista de pobladas cejas y vestimenta folclórica sigue más viva que nunca, ya se ha convertido en un mito y en la pintora más cotizada de América Latina.

La Fridomanía se fortalece y engancha cada día a más admiradores, la pasión que despierta esta pintora mexicana entre personas que no son necesariamente conocedoras de su vida y obra, es avasalladora. Su nombre se ha convertido en marca para una línea de joyería, chales y otros accesorios. Es motivo de películas, libros, láminas, objetos y distintos movimientos culturales que agrupan la conocida Fridomanía.

“Espero alegre la salida y espero no volver jamás”, fueron las últimas palabras que escribió en su diario al salir del hospital. Aún muerta, se ha convertido en una figura que se le rinde culto, para las mujeres es un ejemplo de fuerza y valentía, de lucha por seguir adelante y sobre todo, de perseverancia. .:M:.

*Escrito originalmente para e.Metro, estación Observatorio