La Monja Gitana: De Federico García Lorca

Cuando pensamos en García Lorca se nos acerca la luna a la mente, las imágenes de campo, los gitanos y la música; pero también el asesinato, el fascismo y la homofobia, desgraciadamente por su muerte a manos del movimiento franquista.

A pesar de la biografía y los sobresaltos de la historia, Lorca es a su vez el poeta de las sensaciones, de las metáforas y sobre todo de la muerte. La riqueza simbólica de los elementos de la poesía y el teatro lorquiano hacen que su estilo muy particular de escritura lo conviertan en uno de los pilares de la literatura española del siglo XX.

El más destacado representante de la generación del 27 tiene —según mi opinión— por obra maestra al “Romancero Gitano”, y dentro de esta serie de poemas, el más simbólico y lleno de erotismo es sin duda “La Monja Gitana”.

Las metáforas de este libro se desenvuelven en Andalucía, entre castillos y gitanos, y de estos lugares brotan historias de amor y de sangre; cargadas de una magnífica representación del erotismo, que en la monja gitana es llevado a su mayor grado de sensualidad.

A continuación me permitiré describir los elementos metafóricos de la obra, a fin de que podamos comprender mejor lo magnífico de la descripción de este poema.

Por principio lo leeremos de corrido:

Silencio de cal y mirto. Malvas en las hierbas finas. La monja borda alhelíes sobre una tela pajiza. Vuelan en la araña gris siete pájaros del prisma. La iglesia gruñe a lo lejos como un oso panza arriba. ¡Qué bien borda! ¡Con qué gracia! Sobre la tela pajiza, ella quisiera bordar flores de su fantasía. ¡Qué girasol! ¡Qué magnolia de lentejuelas y cintas! ¡Qué azafranes y qué lunas, en el mantel de la misa! Cinco toronjas se endulzan en la cercana cocina. Las cinco llagas de Cristo cortadas en Almería. Por los ojos de la monja galopan dos caballistas. Un rumor último y sordo le despega la camisa, y al mirar nubes y montes en las yertas lejanías, se quiebra su corazón de azúcar y yerbaluisa. ¡Oh!, qué llanura empinada con veinte soles arriba. ¡Qué ríos puestos de pie vislumbra su fantasía! Pero sigue con sus flores, mientras que de pie, en la brisa, la luz juega el ajedrez alto de la celosía.

Ahora, tras haberlo disfrutado, sabremos qué significa cada una de las metáforas que el genio de Granada describe en su poema.

Silencio de cal y mirto. / Malvas en las hierbas finas. Se refiere a la quietud de un convento, ya que la cal era usada para pintar estos lugares donde habitaban las monjas. El silencio y la malva se refieren a una figura apacible y quieta.

La monja borda alhelíes / sobre una tela pajiza. Los alhelíes son flores pequeñas y la tela pajiza es una tela sencilla. Esta figura nos habla de que la monja está en una posición de humildad, sobriedad y recato.

Vuelan en la araña gris / siete pájaros del prisma. Esta figura nos remite a un candelabro, del cual cuelgan cristales.

La iglesia gruñe a lo lejos / como un oso panza arriba. Un oso panza arriba; eso nos habla de la cúpula de una iglesia. Por gruñido entendemos las campanadas de ésta. El oso es una figura que inspira respeto y miedo, tal y como ocurre con la Iglesia.

¡Qué bien borda! ¡Con qué gracia! / Sobre la tela pajiza, / ella quisiera bordar / flores de su fantasía. Aunque ella está comprometida con su labor, quisiera no bordar “alhelíes”, es decir, no ser recatada ni tener los hábitos de la monja, sino dejarse llevar por sus fantasías.

¡Qué girasol! ¡Qué magnolia / de lentejuelas y cintas! El girasol y la magnolia son flores grandes, de mucho color, y las lentejuelas y las cintas representan a los gitanos.

¡Qué azafranes y qué lunas, / en el mantel de la misa! El mantel de la misa por lo regular estaba muy adornado y era de la tela más fina, y los azafranes y lunas representan también a los gitanos. Es decir, que quisiera llevar una vida de gitana, alegre y libre.

Cinco toronjas se endulzan / en la cercana cocina. / Las cinco llagas de Cristo / cortadas en Almería. Por cinco toronjas se refiere a los cinco sentidos, aquellos que despiertan las “cinco llagas de Cristo”, es decir los pecados. Es decir, de la vista, el olfato y demás surge el deseo.

Por los ojos de la monja / galopan dos caballistas. Caballista es un hombre andando a caballo. Lorca relacionaba constantemente los caballos con la hombría y el poder sexual masculino.

Un rumor último y sordo / le despega la camisa, / y al mirar nubes y montes / en las yertas lejanías, / se quiebra su corazón / de azúcar y yerbaluisa. Al despegarle la camisa se refiere a que siente una atracción hacia éstos, y que el erotismo que esto implica hace que “su corazón de azúcar”, es decir inocente, se transforme para dar paso al de una mujer.

¡Oh!, qué llanura empinada con veinte soles arriba. La llanura empinada describe una erección y los soles arriba los órganos reproductores femeninos. Está describiendo una penetración.

¡Qué ríos puestos de pie vislumbra su fantasía! Los ríos puestos de pie describen de una manera muy sutil y erótica una eyaculación.

Pero sigue con sus flores, Significa que ha regresado de su ilusión.

mientras que de pie, en la brisa, la luz juega el ajedrez alto de la celosía. Imaginemos cómo la luz entra en la celda de la monja a través de una rendija que crea cuadros en el suelo, una imagen de soledad y calma que nos hace volver a la realidad del convento.


Como podemos leer, Lorca es un genio de la metáfora, maestro del erotismo y uno de los grandes creativos de la humanidad. Su libro Romancero Gitano (el cual se encuentra en la Mycoteca), es altamente recomendable para una tarde lluviosa de soledad, en donde los libros nos llevan a crear mundos y la poesía a darles vida.

.:m:.