La tierra y su equilibrio

Somos una especie ingeniosa a la hora de abrirnos camino y sabemos qué hay que hacer. A menos que resultemos mucho más estúpidos de lo que creo, de las crisis medioambientales de nuestro tiempo debería surgir una integración de las naciones y las generaciones, e incluso el final de nuestra larga infancia.

Carl Sagan

El equilibrio ecológico, a pesar de ser una idea humana, es decir, un concepto pensado por nosotros, me parece que abarca porciones de universo que supera nuestra consciencia.

La “crisis medioambiental” es un tema sonado desde hace ya décadas. Se ha hablado de smog, de IMECAS, de capa de ozono, clorofluorocarburos e inversión térmica, etc. De lo que hablamos actualmente es de cambio climático.

Es evidente que la naturaleza, con su clima (nuestro clima, si pensamos que somos parte de esa naturaleza), está cambiando, con ruta hacia condiciones poco favorables para nosotros y para muchos otros seres. Hay quien dice que el cambio no se debe a la actividad humana, a pesar de que estadísticamente no hay de otra, es con la revolución industrial que la actual crisis comenzó a gestarse.

No creo que la discusión sea sobre el comienzo de todo esto. Sabemos con cierta precisión que en un periodo determinado, cosas negativas pasarán, entonces la discusión debe centrarse en cómo vamos a enfrentar lo que sea que venga.

Por eso, me es bien interesante la presencia de diferentes campañas realizadas para informar y motivar, -intelectual, emocional y espiritualmente- a la gente, como S.O.S. Calentamiento Global . de la red mundial Avaaz que reúne personas de 168 países o A limpiar el mundo. de Planeta Azul donde participan 35 millones de personas en un esfuerzo internacional. Lo preocupante, es encontrar “ecología de moda”. Escuchar a alguien hablar de la importancia de hacer algo y después verlo alejarse en su automóvil, consumiendo litros de gasolina, para llegar a su casa y prender decenas de focos e incluso una televisión que no observa. Todos hemos tenido actitudes de ese tipo. Yo por ejemplo, dejo la computadora prendida toda la noche (descargando… eh… archivos).

¿Debemos sacrificar estilo de vida para cambiar las cosas? la pregunta es similar a la que se han planteado gobiernos como el nuestro: ¿Debemos sacrificar crecimiento económico para cambiar las cosas? La respuesta más acertada para ambas, es que a fin de cuentas, si no hacemos algo, perderíamos mucho más estilo de vida como crecimiento económico del que “invertiríamos” cambiando hábitos y estrategias macroeconómicas.

Hace falta “una revolución de consciencias”, como lo manifestó el presidente Jacques Chirac en la llamada que hizo con motivo de la reunión del Panel Internacional para el Cambio Climático en el 2007 donde participaron 40 países.

Hay mucha ética, mucho corazón y muchas carteras interesadas de una u otra forma en el cambio climático. Muchas campañas publicitarias, gobiernos haciendo propaganda y movimientos organizados diariamente nos bombardean con la misma idea pero con diferentes palabras: salvemos al planeta.

¿Conseguir esa salvación sería conseguir el equilibrio? ¿En verdad estaríamos salvando al planeta? ¿O más bien estamos intentando salvarnos a nosotros mismos?

En la película Matrix., el agente Smith atinó a comparar nuestro comportamiento con el de los virus. Nos hospedamos en un cuerpo apropiado, lo explotamos y nos reproducimos hasta su muerte. Tengo cierta seguridad al pensar que si el planeta fuera más grande, la discusión del cambio climático la tendríamos varios cientos de años más adelante -dependería del tamaño del planeta…-. Lo que nos interesa es mantenernos a nosotros mismos. El planeta no nos interesa. Así como no nos preocuparía matar vacas para comer si no supiéramos que si se acaban nos quedamos sin carne.

Algunos, ciertos iluminados por el raciocinio y una chispa de corazón, se dan cuenta de la aberración en que consiste nuestra existencia sobre la Tierra. Nuestro estilo depredador está convirtiendo a la Tierra en una gran fábrica destinada a conservar humanos. A veces me creo uno de esos iluminados, la verdad a veces más bien creo que no lo soy. Como sea, me doy cuenta de que el planeta estaría mejor sin nosotros, y aún eso es una perspectiva de las cosas bastante limitada.

Pensemos en todos los seres que tuvieron que dejar de existir para que nosotros estuviéramos aquí. Tomando por cierta la teoría de la evolución, podemos asegurar que miles de millones de seres, con sus respectivas especies, murieron, se “extinguieron”, y de su muerte nacimos nosotros.

Es cierto que todos ellos se extinguieron debido a fenómenos ajenos a seres “inteligentes” que se equivocaron y masivamente terminaron con todo (hasta donde sabemos, claro). Sabemos que en su tiempo, glaciaciones, enfermedades y meteoritos, realizaron el trabajo que estamos haciendo ahora. Fenómenos que llamamos “naturales” claro, pero nosotros no surgimos del éter divino (espero no herir sensibilidades), no somos entes ajenos al universo natural que por definición contiene todo. Nosotros también somos un fenómeno natural, al igual que todo lo que hacemos. El problema para el hombre, es que no puede dejar de ser hombre para poder ver en perspectiva su propia existencia.

Me parece imposible que la naturaleza deje de encontrarse en equilibrio. Si bien en este momento podemos provocar desastres inmensurables con nuestra actividad, no dejo de pensar en lo que le ocurre al bosque al lado del volcán recién vomitado: todo se incendia, se termina lo que hubo… sólo para que de las cenizas surja nueva vida, con más ímpetu que antes. Lo complicado es que nosotros somos el bosque, y no queremos dejar de estar aquí, y más aún, no queremos dejar de estar como lo estamos.

No quiero ser mal interpretado, no creo que debamos dejar de esforzarnos por detener el cambio climático, pero tampoco tengo interés en vivir una cruzada por la soberbia humanidad, disfrazada de salvemos al planeta. Tenemos todo, en realidad todo, para construir mundos enteros de equilibrio y armonía, de vida y trascendencia, pero somos muy jóvenes y muy estúpidos, creemos que no pasándonos el semáforo y comprando una camiseta de Greenpeace construimos un mundo mejor.

El verdadero equilibrio que buscamos no está allá fuera con la vida, el agua, las montañas, el cielo y mares, somos muy ingenuos si creemos que les importa algo lo que una especie de, hasta donde sabemos, sólo 30,000 años puede hacerles a sus miles de millones de eras de existencia (y esa cifra es sólo el tiempo que estimamos que tiene existiendo la vida en la Tierra, ésta última tiene muchos más). Resulta conmovedor y espeluznante el ritmo de destrucción de vida que mantenemos. La verdad es que la muerte nos espanta mucho, pero es tan benévola con la vida como el nacimiento mismo. Me atrevo a pensar que nos atemoriza de esa manera porque nos recuerda nuestra propia muerte.

El equilibrio, si es que hemos de hablar de nosotros en relación a ello, se encuentra entre la propia humanidad. Para evitar nuestra propia destrucción tenemos que darnos cuenta de lo realmente importante, tenemos que superar la larga infancia de la que hablaba Carl Sagan en su obra Miles de millones . No somos los hijos predilectos de la creación, no nos encontramos en el centro del Universo. Si nos extinguiéramos e incluso si nos lleváramos más especies entre las patas, la vida y la Tierra se las ingeniarán para crear nuevos y mejores seres, no sería la primera vez. A eso se han dedicado desde que comenzaron su existencia. .:M:.

*Escrito originalmente para e.Metro, estación Chapultepec