Antes de comenzar una descripción histórica de los Juegos Olímpicos de la antigüedad —antecesores de nuestras olimpiadas modernas—, quizá sea necesario definir el concepto “deporte”, que si bien es muy usado en nuestro argot cotidiano, no muchos de nosotros solemos ejercerlo.
La palabra deporte, que en nuestro idioma español proviene del francés desport (raíz similar para la palabra inglesa sport) es de acuñación muy reciente, y ésta suele confundirse con correr por las mañanas o ir al gimnasio tres veces por semana; no obstante, el deporte es algo más complejo, ya que es un juego en donde existen reglas y limitaciones aceptadas voluntariamente por las personas que lo realizan. Consta de disciplina y hasta de un uniforme que va acompañado de una distancia que recorrer o una meta que superar.
A esta idea muy actual de deporte —a la que se añade el espectáculo, las marcas y la profesión—, se le suma la de los antiguos griegos, forjadores del concepto olímpico, cuyo motor principal era la manifestación de la religiosidad y la ética de los pueblos de la península helénica. La Grecia del primer milenio antes de Cristo estaba conformada por varias ciudades-estado, las cuales comúnmente luchaban y guerreaban entre sí. Jamás se llegó a conformar un estado griego tal y como lo entendemos ahora; no obstante, su cultura tenía un principio común, la cual se basaba en formar óptimos ciudadanos (y por tanto óptimos guerreros).
Esto se tradujo en la necesidad de competir por saber quién era el más fuerte, el más rápido y el mejor griego; así que se formaron competiciones en honor a los dioses que reunían a los mejores miembros de la península. Estas fiestas eran cuatro principalmente: las Nemeas, las Píticas, las Ístmicas y las Olímpicas; estas últimas las más antiguas y grandes, ya que tenían como deidad protectora al dios Zeus.
Las Olimpiadas se celebraban —como su nombre lo indica— en Olimpia, donde se decía que el Zeus adolescente había hecho sus rutinas gimnásticas. Los juegos, instituidos por el rey Ífito en el 776 a.C. (y por consejo del oráculo de Delfos), eran ya un espectáculo para la época.
El programa olímpico, en sus primeros años restringido sólo a los griegos, comenzaba en su primer día con sacrificios ante la estatua de Zeus. Posteriormente se examinaba a los potros y a los jóvenes que competían en pruebas exclusivas para ellos. Los verdaderos juegos comenzaban al segundo día.
Las pruebas que se realizaban en ese entonces no difieren en mucho de las pruebas tradicionales de la actualidad, éstas eran:
- Carrera de cuadrigas de 15 Km: (Las cuadrigas son carros tirados por cuatro caballos).
- Carreras de caballos: de 1,200 m.
- El Pentatlón: que comprendía lanzamiento de disco, lanzamiento de jabalina, salto de longitud, lucha libre y carrera de 192 metros.
Llegado el tercer día los sacrificios a Zeus se reanudaban; uno de ellos constaba de sacrificar a doscientos bueyes. Posteriormente los jóvenes participaban en competencias exclusivas para ellos:
- Boxeo.
- Lucha libre.
- Carreras.
El cuarto día de competencias consistía en:
- Carreras de 198 m, 384 m, y de tres millas.
- Lucha (a la que conocemos como “Lucha Grecorromana”).
- Pancracio (una mezcla entre box y lucha).
- Además carreras de caballos y perros.
Posteriormente se incluiría un deporte llamado “Hoplitodromía”, que consistía en atletas a pie de guerra recorriendo de dos a cuatro veces el estadio. Con esto terminaba el cuarto día y las competencias deportivas.
El quinto día era reservado para proclamar el nombre de los ganadores, los cuales recibían como premio una corona de olivo, cantos en su honor y un busto fuera del templo.
Existían a su vez reglas para el ejercicio de los juegos, estas eran:
- Los que querían participar debían ser griegos y de condición libre, tenían que hacer el entrenamiento reglamentario en la ciudad de Elis y prestar el juramento ritual.
- Las mujeres casadas no podían presenciar los juegos, pero si eran solteras podían entrar como espectadoras.
- Los participantes tenían la obligación de concursar desnudos.
- No se podía matar al adversario en la lucha, ni empujarlo en las carreras.
- Todo intento de soborno a los jueces era castigado con azotes.
- Los jueces no podían participar de los juegos.
- Las sanciones por no cumplir el reglamento podían ser económicas (las más frecuentes), políticas, deportivas y corporales.
Los juegos se celebraban a finales del verano cada cuatro años hasta el año 394 de nuestra era, cuando Teodosio I, emperador de Oriente, los abolió por deseo de San Ambrosio, obispo de Milán, ya que las consideraba manifestaciones del paganismo.
Los romanos también tuvieron su versión de las Olimpiadas, llamadas “Ludi” (juegos), que consistían ya no en una unión religiosa sino en un espectáculo pleno en los llamados “Circos”, donde se hacían presentaciones gimnásticas y de carreras (al estilo Ben-Hur), que servían para entretener a las boyantes capitales del imperio.
A pesar de estar muy lejanos en el tiempo, los Juegos Olímpicos de la antigüedad continúan con su labor principal: unir a los pueblos y demostrar la capacidad de sus contendientes. En la modernidad ya no está presente Zeus para rendirle honores, ahora los sacrificios se hacen a favor de la humanidad misma que desea ser más alta, más rápida, más fuerte.
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