Como ya todos sabemos, el pasado 11 de Septiembre, se cumplieron diez años de los ataques en territorio estadounidense, atribuidos al grupo terrorista Al-Qaeda, que dieron como resultado, la muerte de 2973 personas, pérdidas materiales millonarias, una gran sensación de inseguridad y el inicio de una guerra, al parecer interminable. Para recordar estos lamentables hechos, se realizaron ceremonias religiosas, programas especiales de televisión, inauguración de monumentos en memoria de las víctimas, y desde luego un mensaje del presidente Obama.
Por supuesto que es lamentable la muerte de personas inocentes en ese y cualquier otro acto terrorista, y merecen ser recordadas, pero ¿quién se acuerda, de los miles de civiles que han muerto de 2001 a la fecha, tanto en Afganistán como en Irak?, ¿acaso la vida de ellos no tiene el mismo valor?
Inexplicablemente en 2009, Barack Obama, presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, fue reconocido con el Premio Nobel de la Paz, y en una parte del discurso que dio en la ceremonia de entrega en Oslo, Noruega, dijo: “El uso de la fuerza no sólo es necesaria, sino moralmente justificada”; eso no es precisamente, lo que esperaríamos escuchar de un pacifista, son palabras cargadas de una fuerte dosis de cinismo.
Pero a una década de la invasión a territorio afgano ¿cuáles han sido los resultados?, ¿realmente han acabado con la mayoría de los líderes del terrorismo?, y de no ser así, entonces, ¿quiénes han muerto?; el siguiente fragmento de una nota periodística, tal vez nos dé algunas respuestas:
Ciento cincuenta civiles muertos en ataque aéreo, ningún guerrillero estaba entre los muertos: Un anciano de Sarak-i-Bala dijo que 15 niños estaban entre las personas de la aldea de Yaqubi muertos en el bombardeo. Una anciana lloraba amargamente mientras estaba frente a su casa en ruinas, dijo que sus tres hijos, esposo y un nieto murieron en el bombardeo. La gente mostraba al reportero hasta 50 tumbas de víctimas civiles.
Aunque es muy difícil, tratemos de imaginar por unos momentos, el vivir los horrores de una guerra, el ver morir a hijos, padres y hermanos, o que nazcan niños en medio de la violencia, entre el olor a muerte, sin agua, sin comida, y sin poder huir; son imágenes que sólo quien las haya vivido, podría describir. Por eso me pregunto si Barack Obama, Premio Nobel de la Paz, habrá reflexionado antes de hablar del uso justificado de la fuerza, porque supongo que no es lo mismo ver la guerra desde la comodidad de un sillón, que desde una trinchera o bajo las ruinas de una casa destruida.
Otra parte muy representativa del discurso de Obama, en aquella ocasión, fue la siguiente: “Enfrento al mundo como es y no puedo cruzarme de brazos ante amenazas contra estadounidenses. Que no quede la menor duda: la maldad si existe en el mundo. La negociación no puede convencer a los lideres de Al-Qaeda a deponer las armas”
Es cierto que no se puede, ni se debe negociar con terroristas, pero tal parece que el presidente estadounidense no se ha dado cuenta que no está en una película de Hollywood, en donde siempre han vendido la idea de que los americanos, -como se autonombran, olvidándose que América va desde Alaska hasta la Tierra del Fuego-, son los buenos y el resto del mundo somos los malos, da la impresión que Obama tiene la creencia que los habitantes de su país son ciudadanos de primera, y por ellos se justifica que mueran miles de mujeres y niños en los dos países que actualmente están bajo la invasión del ejército que el comanda.
Una respuesta militar, es la única manera de enfrentar al terrorismo, pero cuando los ataques militares son utilizados, más como un medio para conseguir algún beneficio económico, -entiéndase el petróleo-, que como una solución, y en esto se lleva la vida de miles de personas de la población civil, es imperdonable, y peor aún, que se traten de justificar esos crímenes con el argumento de buscar la seguridad para un pueblo, ¿pero quién se ocupa de la seguridad de la población de los países invadidos?
Y aunque es prácticamente imposible conseguir datos oficiales sobre el número de civiles muertos en Afganistán e Irak, la página unknownnews.org, ha realizado una estimación que es la más cercana a la realidad, y en su última actualización, hecha en agosto de 2010, calculaban en 8,813 civiles muertos en Afganistán y 864,531 en Irak, es decir, que entre los dos países, el número de víctimas asciende a 873,344, esto significa que son alrededor de 293 veces más, personas muertas que en los ataques de Septiembre 11. El que haya víctimas en atentados terroristas no se debe tolerar, pero esa intolerancia debe ser igual cuando las víctimas son a causa de invasiones militares.
El mundo no olvida las pérdidas humanas del 11 de Septiembre, pero pocos se acuerdan de aquellos que nacieron en países olvidados, destruidos en igual porcentaje por la guerra que por la indiferencia, aquellos que mueren a diario sin homenajes y sin justicia, aquellos que el mundo no quiere ver, pero que están allí, sin nombre, sin identidad, en el anonimato, aquellos que son, los otros muertos. .:m:.

