El concurso llevado acabo para elegir las famosas 7 maravillas del mundo, organizado por el empresario suizo Bernard Weber, quien ha sido cuestionado principalmente por hacer negocio con el evento más que seguir la línea que planteó inicialmente de proteger el patrimonio mundial, dejó a Chichen Itzá en ese grupo exclusivo de los siete grandes monumentos reconocidos no por UNESCO, ni por especialistas, sino por el simple voto de millones de personas alrededor del mundo. Estos votos no necesariamente estuvieron motivados por un profundo conocimiento y conciencia por lo que votaban, sino más bien por cuestiones emotivas, patrióticas o gustos personales.
Y obviamente, de esta votación, exitosa en rating , con más de 40 millones de votos, provocó como en el caso de Chichen Itzá que el gobierno del Estado de Yucatán, televisoras, grandes empresas e incluso el mismo federal se “anclaran” a la publicidad de la votación. Y esto no es realmente de sorprender porque México, además del petróleo y las remesas, tiene al turismo como tercer fuente de divisas para el país y es la octava nación más preferida para ir de vacaciones.
Actualmente Chichen Itza recibe 1.2 millones de turistas al año, con capacidad de recibir 300 mil únicamente; y en los meses previos a la votación, el lugar registró un 30% más visitas que al año anterior, esto de acuerdo al INAH1 . La consecuencia de esta cantidad de visitas es el deterioro de la zona.
Y de aquí quiero ligarme al punto relevante de la promoción de zonas turísticas de México: el desarrollo del país con base en el turismo. Y Chichen Itza enfrenta una situación que muchos otros centros de atracción turística enfrentan, tales como Teotihuacan, Acapulco, Celestún; lugares que debido a la gran afluencia de turistas, se han deteriorado en cuanto a su conservación y a los servicios de seguridad y limpieza que ofrecen, ya que son insuficientes debido a la mala planeación y a la promoción de sitios sin políticas públicas que salvaguarden estos lugares.
Es por eso que uno de los grandes obstáculos que México enfrenta es, además de lograr desarrollo económico, también hacerlo sustentablemente. El desarrollo de grandes centros turísticos y hoteleros, principalmente en playas involucra la destrucción de manglares, zonas de selva y litorales.
Es entonces, cuando yo cuestionaría la falta de políticas de desarrollo regional; porque al iniciarse un proyecto turístico o expansión del mismo, no son necesariamente los pobladores locales o comunidades nativas quienes se benefician de la promoción de lugares turísticos sino que, los grandes ganadores son las cadenas hoteleras, cadenas departamentales, aerolíneas, etc. Lo que da prueba de un problema de desigualdad, monopolización que prevalece en todos los sectores económicos de México y por tanto el turismo no escapa a esa realidad.
No quisiera decir con esto que la nominación sea negativa, al contrario, creo que envuelve retos para que existan mejores condiciones de vida para la población de la zona, pero si se sigue bajo un marco de la “no planeación”, de beneficios solamente a los grandes empresarios de la industria hotelera del país el futuro de Chichen Itza y sus pobladores no sería el más maravilloso. Porque además, más beneficiado que Chichen Itza, está Cancún, que es el punto de paso obligado para llegar a la zona arqueológica; por lo que la derrama económica se quedaría mayormente en el puerto y en menor medida en la zona de Chichén y, como ya lo había dicho antes, el dinero no llegaría a las comunidades nativas, haciendo aún más al sur del país el territorio más pobre, un lugar todavía un poco más desigual, arruinando las maravillas arqueológicas y naturales que poco a poco desaparecen de México. .:M:.
- 1) – ¿Premio o castigo para Chichen Itza? Alejandra Noguez. 6. jul.2007. BBC Mundo http://news.bbc.co.uk/hi/spanish/misc/newsid_6274000/6274746.stm
*Escrito originalmente para e.Metro, estación Mixcoac

