¡Perra suerte! – La grandeza de una nación se juzga por la manera en que son tratados sus animales.

¿Cuánto vale la vida de un animal, por ejemplo la de un perro?; el presidente municipal de San Luis Río Colorado, Sonora, Manuel Baldenebro, la ha cotizado en doscientos pesos, aplicables en descuentos para el pago de agua y del impuesto predial; con la sensibilidad propia de un carnicero, ha ofrecido este beneficio a las personas que lleven a un perro callejero para ser sacrificado, ya que según, desde su brillante punto de vista, es una manera eficiente de terminar con la sobrepoblación canina que deambula por las calles; y con orgullo presume que gracias a su gran propuesta, sólo se han sacrificado un poco más de catorce mil perros en los dos últimos años, y no los diecisiete mil que apuntaban algunas versiones; ¡uf, que alivio!; y a pesar de lo evidente, niega que haya una cacería de perros en su municipio. ¡Vaya cinismo!

¿Qué tiene en la cabeza alguien, que se supone que está capacitado para resolver problemas sociales de todo tipo, para que con esa ligereza, realice propuestas de tan bajo nivel?; ¿Por qué no pensar primero en otras opciones?, por ejemplo, campañas de esterilización, programas de adopción, o cualquiera otra, de tal forma, que si el matar a un animal, es la última e inevitable alternativa, lo hagan de la forma más humana y digna posible, pero siempre como último recurso.

Dada la cantidad de perros que se han sacrificado, algunas asociaciones protectoras de animales, cuestionan la forma en que se les ha dado muerte, e incluso, algunas han denunciado la crueldad con la que lo hacen; y el sentido común nos dice que esto puede ser cierto, ya que es difícil pensar que el municipio del Sr. Baldenebro, invierta parte de su presupuesto en la compra de inyecciones para dormir a los perros, lo que nos lleva a concluir de que es muy probable que se utilicen métodos como las descargas eléctricas, o peor aún, con golpes en la cabeza, que casi nunca son certeros, lo que los lleva a una agonía terriblemente lenta.

Pero si combinamos la ineptitud e insensibilidad de las autoridades con la irresponsabilidad, por desgracia, de muchos dueños de mascotas, el resultado es indignante; ¿Cómo es posible que haya gente que se deshaga de un perro como si fuera basura?, los abandonan en la calle, o algunos más los tienen amarrados en azoteas o espacios reducidos, sin algún lugar para protegerse del sol, la lluvia o el frío; y de agua y alimentos, ya ni hablamos. En nuestro país, como en muchos otros, en donde difícilmente se respetan los derechos de las personas, el de los animales es un tema casi olvidado, y creo que una forma, aunque sea mínima, de contribuir para que se empiecen a tomar en cuenta, es, además de procurar su bienestar, alzar la voz para dar a conocer este tipo de abusos.

El descontento llegó a tal grado que la actriz francesa, Brigitte Bardot, quién ha dedicado varios años de su vida a la defensa de los animales, a través de la fundación que lleva su nombre, envió una carta, tanto al presidente municipal de San Luis Río Colorado, como al presidente de México, Felipe Calderón, manifestando su indignación ante tal medida, además de recordarles que está comprobado que matar a animales callejeros no aporta solución alguna; y suplica la suspensión de esta acción y la  búsqueda de otras alternativas.

Ante las reacciones tanto en México como en otros países, de la sociedad civil y de asociaciones dedicadas a la defensa de los animales, el alcalde Baldenebro, justificó el asesinato de perros, diciendo que era una forma de sensibilizar a la población para que se responsabilizara de sus mascotas, y que el bono de doscientos pesos, se seguirá entregando, pero ahora para quien llevé a esterilizar a su perro. ¿Y los más de catorce mil que ya mataron?, reitero, ¡vaya cinismo!

Aunque insisto también, que este problema sería menor, si las personas dueñas, de alguna mascota, se concientizaran de la responsabilidad que se adquiere al tener un animal en casa: alimentación suficiente y adecuada, espacios amplios e higiénicos en donde puedan moverse con libertad, visitas regulares al veterinario, y sobre todo, mucha atención y cariño, porque una mascota no es un juguete, es un ser vivo, que merece ser tratado con respeto y dignidad. Por eso hay que pensar muy bien antes de comprar o aceptar como regalo una animalito, ya que pequeños los ven tiernos y acariciables, pero en cuanto crecen, los ven como un problema y terminan sus días sufriendo en las calles o asesinados de manera terrible en alguna perrera.

Pero el tema de los perros es sólo un ejemplo de la crueldad hacia los animales. Podemos mencionar algunos otros, como la matanza de focas en Canadá, la caza de ballenas en la Antártida por parte de los japoneses, el sacrificio de diversas especies para extraer sus pieles en países europeos y asiáticos principalmente, la utilización de animales en laboratorios para hacer pruebas, desde medicinas hasta cosméticos, el trato inhumano que les dan, en algunos rastros, a los cerdos, reses y pollos, destinados al consumo humano; o las corridas de toros, un circo romano, denigrante para el animal, pero aún más para quienes pagan por ir a divertirse con el sufrimiento.

Hagamos pues, conciencia de cómo estamos tratando a nuestros animales, porque es innegable que todos tenemos cierto grado de responsabilidad, y la gran obligación de hacer lo que esté a nuestro alcance -o un poco más-, para disminuir, en la medida de nuestras posibilidades, la crueldad hacia ellos, que aunque parece que muchas veces lo olvidamos, también son seres vivos.

Y si tomamos como medida las palabras de Mahatma Gandhi, que dijo: “La grandeza de una nación se juzga por  la manera en que son tratados sus animales”, entonces, la nuestra, debería observarse con microscopio. .:m:.