Secreto en la cabaña – El bajo mundo de las grandes empresas

Solo con mencionar las palabras mágicas: “nos enteramos a través de una fuente cercana y muy confiable”, se puede decir lo que sea, no importa si es cierto o no, gracias a que los periodistas tienen el derecho de no revelar dichas fuentes de información, algo que me parece atinado, aunque algunos lo han utilizado también como escudo para realizar un periodismo amarillista, siendo la prensa de espectáculos, la principal –aunque no la única-  proveedora de noticias en las que la explotación del morbo es el ingrediente principal; un buen eslogan para estas publicaciones podría ser: “usted pone el nombre y nosotros la calumnia”.

La vida personal de una figura pública, no debería ser noticia, a menos de que afecte directamente el desempeño de su actividad profesional, pero es un hecho que si existen medios, que sin ninguna consideración comercializan con la privacidad, es porque también existe un mercado que lo demanda, de hecho la venta de las revistas del corazón, son considerablemente altas, al igual que el rating de programas de radio y televisión que abordan estos temas.

Hay notas que trascienden tanto, que aunque no seamos consumidores de este tipo de periodismo, nos enteramos por la insistencia con la que se mencionan, y de no ser por todo lo que ha generado la supuesta relación extramarital del periodista Carlos Loret con la reportera de espectáculos Laura González, alias Laura G, este asunto habría quedado como uno más de infidelidad, de hecho lo que hagan con su intimidad es totalmente intrascendente, lo que realmente llama la atención, y en lo que quiero profundizar, es lo que se esconde detrás de este supuesto romance.

Bajo el argumento de la libertad de expresión, una revista justifica el publicar esta información, aunque más que libertad, me parece libertinaje, porque la prensa de espectáculos se ha convertido, como ya la han rebautizado algunos, en periodismo carroñero, todos los que hablan y escriben sobre el tema, se creen tocados por un ser divino, ya que cuestionan la moralidad de cantantes, actores, deportistas, etc., y se atreven a decir quien está bien o está mal, como si ellos tuvieran la calidad moral para juzgar a los demás.

Por otro lado, cuando nos ligamos laboralmente a una empresa, normalmente, además de firmar un contrato, nos dan a conocer el reglamento, en donde  se indica  cómo debemos conducirnos dentro y fuera de la misma, y supongo que para un periodista, este aspecto debe ser fundamental, ya que tiene la gran responsabilidad de cuidar su imagen, porque también representa a una empresa de comunicación, en este caso Televisa, que pretende dar clases de moralidad a la población mediante anuncios que hablan sobre la importancia de los valores, por esto, es inexplicable que se exponga de esa forma, realizando actividades que no tienen nada que ver con lo que nos vende su empresa, y sabiendo mejor que nadie que como figura pública está expuesto en cualquier momento a ser exhibido, aún en sus actividades privadas.

Pero lo más inquietante, es el inexplicable silencio que han guardado las principales cadenas de televisión y radio sobre este caso en particular; de los noticieros lo entiendo, ya que no es un tema de relevancia para el país, pero los programas de chismes del espectáculo, que de eso viven, han enmudecido sospechosamente, e incluso, algunos cínicamente han dicho que no mencionan el tema, porque es algo de la vida privada; ahora resulta que tienen ética, seguro que algo se esconde tras esa censura.

El único espacio en el que se tocó el tema de manera breve, curiosamente fue en un programa de debate periodístico, en el que aunque quisieron hacerlo pasar como un acto espontáneo y de solidaridad con el compañero, está claro que fue planeado y autorizado, y terminaron por dejar al descubierto que es una guerra de intereses entre medios de comunicación. Acusaban al periódico Reforma, que en su afán de atacar a Televisa, habían descendido al nivel del periodismo carroñero, al retomar el desliz del comunicador, como nota de primera plana. ¿No les parece un verdadero pleito de vecindad?, ¡Qué nivel de periodismo!

Pero las grandes empresas, son capaces de darse golpes bajos entre ellas, con la finalidad de no perder su poder. Hace unos meses Televisa y Tv Azteca, iniciaron una campaña contra los anuncios donde se ofertaba sexo-servicio, argumentando que estos alentaban la trata de personas, pero extrañamente solo mencionaban en sus reportajes a los periódico Metro y Reforma como responsables de publicar estas ofertas sexuales, siendo también otras publicaciones, como el Universal Gráfico y La Prensa, quienes se benefician económicamente con estos anuncios, aunque estos nunca fueron mencionados por las televisoras.

Estas mismas cadenas de televisión, un día decidieron que les  preocupaban las tarifas tan altas de  telefonía celular, -que si son muy altas-, e iniciaron una campaña en contra de Telcel, una empresa perteneciente a otro monopolio, Grupo Carso, pero el objetivo de esa campaña, no era la defensa de nuestra economía, lo que buscaban, era condicionar la venta de publicidad en televisión al Grupo Carso, a cambio de que redujera el costo de interconexión que Telmex cobra a Iusacell, esta última, empresa del Grupo Salinas, que después se asociaría con Televisa, para competir contra Telcel; que enredo, tal vez se rigen por aquello que dice que ladrón que roba a ladrón.

En 2006, las televisoras también amanecieron con la preocupación del costo tan alto en los medicamentos, y una vez más para defender a los ciudadanos, lanzaron una campaña contra  Casa Saba, el mayor distribuidor de medicamentos en México, propiedad del grupo Xtra, aunque tengo la ligera sospecha que más que el precio de las medicinas, a las televisoras les preocupaba que Xtra junto a General Electric, pretendían aliarse con Telemundo y generar contenidos para televisión y competir para la posible licitación de un nuevo canal, y por supuesto que no lo iban a permitir, el negocio es millonario y hay que cuidarlo. ¿Tendrán cien años de perdón?

Los poderosos de este país son capaces de todo para defender sus intereses, utilizando los medios que tienen a su disposición para pasar por encima de quien sea; sigo pensando que lo que haya pasado dentro de una cabaña entre un periodista y una reportera, es lo de menos, pero ejemplifica, lo que resulta, de la combinación de la prensa sin escrúpulos y de corporativos que luchan por conservar el poder. Sin duda el bajo mundo de las grandes –solo en tamaño- empresas es más siniestro de lo que pensamos. .:m:.