Ser o no ser おたく / オタク – Otaku

La diversidad cultural a la que nos enfrentamos día a día es asombrosa. La cantidad de tribus urbanas que parecen surgir cada día es simplemente abrumadora pero a la vez es algo que provoca reacciones de miedo, rechazo y violencia.

El tener que enfrentarnos a un grupo de personas que piensan, visten y actúan de forma diferente a lo que consideramos normal parece una amenaza inminente contra el modo de vida al que se está acostumbrado. Es por ello que muchos prefieren optar por la discriminación y la violencia contra estas personas antes que respetarlos por lo menos.

Un caso muy particular que ha llamado mi atención gracias a los sucesos actuales, que más adelante mencionare, es el de una tribu urbana que cada día sobresale más en una sociedad que antes no le permitía desarrollarse: los Otakus. Comenzaré diciendo que el término otaku (おたく / オタク) surgió en los 80’s en Japón como un pronombre honorífico de segunda persona, pero con el paso del tiempo se transformó en una forma de referirse al estilo de vida de aquellas personas fanáticas del anime (animación japonesa) y del manga (cómic japonés que se lee de derecha a izquierda).

Ellos tienen un consumo significativo de objetos de colección, posters, playeras, mochilas, accesorios de sus series favoritas así como un conocimiento amplio sobre la cultura nipona y por lo general estudian japonés, además de escuchar música japonesa (conocida como J-Pop y J-Rock). También acuden con regularidad a convenciones dedicadas al anime y manga en donde pueden adquirir sus productos y también vestirse como sus personajes favoritos (lo cual se le conoce como cosplay). Otra característica de esta tribu es el gusto por los videojuegos, los juegos de rol y de cartas (como yu-gi-oh!).

Los otakus suelen ser personas de entre 14 y 26 años con un nivel socioeconómico medio alto. Sin embargo existen algunos que siguen acudiendo a las convenciones aún con todo e hijos, a quienes también suelen disfrazar.

Si bien, pertenecer a esta tribu urbana está catalogado como algo inmaduro y, como diríamos los mexicanos, teto. La realidad es que ver anime o hacer cosplay es otra forma de expresar nuestros gustos y nuestra forma de pensar porque es muy curioso que vestirte como Goku (de Dragon Ball) es algo para burlarse pero hacerlo de Darth Vader merece hasta un comercial.

Además me parece de lo más curioso que se catalogue a todo el anime y manga como animación porno cuando existen diferentes géneros, donde cada uno se dirige a un público en específico: niños, adolescentes, adultos, hombres, mujeres, profesionistas, deportistas, etc. Además de que TODOS hemos visto un poco o me podrán decir que ya se olvidaron de Dragon Ball, Ranma ½, Pokemon y Digimon (a los cuales tacharon de demoniacos y mala influencia, pero eso es cosa de la intolerancia ¿después de todo no hicieron lo mismo hace poco con Harry Potter?) o aún mejor me pueden decir que nunca vieron a Remi, Candy Candy, Heidi o Los Súper Campeones.

Y claro que existe el porno en el anime (que por cierto se conoce como hentai) pero también existe en la cultura occidental y nadie cataloga a todas las películas de Hollywood de ser pornográficas sin excepción ¿verdad?

Todos estos ejemplos son animes basados en mangas que lograron cruzar la gran distancia que existen entre Japón y el mundo. Que además se han vuelto clásicos y por supuesto marcaron a las generaciones que los vieron en su momento.

Ahora bien, tras haber explicado estas diferencias y similitudes de los otakus puedo decirles que lo que me motivo a escribir este artículo fue el capitulo del pasado 3 de agosto de la serie mexicana de Televisa “La Rosa de Guadalupe” que se transmite a las 17:00 hrs. en el Canal 2. Dicho capítulo trató justamente sobre los otakus y si bien el mensaje al final es el de la no discriminación hacia las tribus urbanas sin importar la forma de vestir, pensar o actuar. La forma en cómo abordaron el actuar y pensar de esta tribu es exagerado y completamente irreal, lo cual me lleva a pensar que no invirtieron el tiempo suficiente en su investigación. Lo cual está generando un gran revuelo entre los otakus que lo consideran un insulto y una burla a su estilo de vida.

Un otaku no haría cosplay en otro lugar que no fuera una convención o en Akihabara (barrio japonés dedicado exclusivamente al anime, manga, videojuegos y tecnología).

Si bien, estas personas suelen hablar con ciertas palabras y expresiones niponas y de anime, lo cual no los hace diferentes de cualquier agrupación social existente en la actualidad. Su vestimenta es casi como la de cualquier otra persona: jeans, playeras con estampado de la serie que les gusta, accesorios que denoten su gusto (mochilas, collares, pulseras). Lo cual, por cierto también hacen los fanáticos del fútbol.

Que te gusten las caricaturas japonesas no te hace inmaduro, sólo diferente pero no es peor que tener gusto por los cómics o los videojuegos. La única diferencia es que unos están “más aceptados” que otros, y lo digo de esa manera porque aún así te consideran diferente.

Al final ¿qué se supone que es ser normal? Todos pensamos y sentimos de formas diferentes y buscamos grupos sociales que tengan aficiones parecidas a las nuestras, lo cual nos lleva a plantearnos la pregunta inmortal de Hamlet: ¿Ser o no ser?

Todo depende de nosotros, ser diferente no tiene porque ser un estigma con el cual pelear toda la vida. En realidad puede llegar a ser lo mejor que te ha sucedido en la vida y si no lo ves de esa forma, al menos puedes respetar otra ideologías que nada cuesta y en definitiva no amenazan tu vida por el simple hecho de existir. .:m:.