Siglo XXI – ¿Choque de civilizaciones?

A pesar de encontrarnos en los albores del 2007, ya entrado el siglo XXI, el mes de diciembre nos ofrece un espacio de recapitulación, que nos permite realizar ejercicios de reflexión y de crítica, que nos da conclusiones personales y generales sobre nuestra estancia en el mundo y los movimientos que se presentaron en él a lo largo del año.

En esta mini retrospectiva es importante comprender que somos herederos de los sucesos del siglo pasado: sus coyunturas y sucesos forman parte de nuestro presente, que se escribe día con día y que se nos revela inestable y dinámico. Nuestra aportación al tema que circunda la e-Metro de este mes son algunas ideas sobre los marcos en los que se mueve el desarrollo mundial y que, atestiguan los conflictos bélicos de nuestro tiempo. Solo eso, ideas que se modifican con cada nuevo hecho…

Vivimos dentro de un nuevo orden mundial, la globalización y laposmodernidad, que son el resultado de las fuerzas que modelaron el siglo XX, como la ciencia y sus avances, la guerra y sus consecuencias, la economía de libre mercado y los medios de comunicación masivos, que produjeron cambios sustanciales en la concepción que el hombre tenía de sí mismo y de su entorno, afectando con ello todas sus manifestaciones culturales.

El NOM o nuevo orden mundial es una de las muchas consecuencias de la caída del régimen bipolar que dictaba las normas internacionales de finales del XX. La desaparición del comunismo tuvo muchas interpretaciones en la política internacional, ya que era evidente la imposición de un nuevo esquema global que rigiera las relaciones políticas y económicas entre naciones; existe la interpretación de algunos diplomáticos norteamericanos que exponen que el nuevo orden debe ser instaurado por el país vencedor, naturalmente: Estados Unidos.

Este NOM en teoría debe regirse bajo organizaciones internacionales que vigilen los intereses de una comunidad global en aspectos de convivencia e interacción vitales como los comerciales, los políticos y los militares. Una de estas entidades continúa siendo la Organización de Naciones Unidas junto con el Fondo Monetario Internacional pero, lamentablemente, su voz no siempre es escuchada.

A partir de la década de los noventa fue evidente que el mundo se dividiría en agrupaciones regionales que velarían por sus necesidades e intereses a pesar de estar inmersas en el nuevo esquema. Hasta ahora, las regiones se pueden identificar a través de los convenios comerciales y económicos que relacionan a diferentes estados y son: Europa Occidental, América del norte, donde en cierta forma participa nuestro país, América del Sur, Asia, la región de Medio Oriente, África central y, finalmente, la zona de de los Balcanes que continúa transformándose. Es muy probable, como afirman algunos estudiosos, que con el tiempo se entablen competencias por obtener lugares hegemónicos dentro de este nuevo esquema. Pese a que, dentro de esta lucha Estados Unidos tomó la batuta desde la presidencia de George Bush en 1991, el ideal de que el nuevo orden mundial sea dirigido por una superpotencia, por más fuerte que esta parezca, resulta irreal analizando el panorama anterior.

El problema que presenta la constitución de un orden global evidencia una profunda crisis mundial que cuestiona los sistemas existentes para solucionar los conflictos humanos que a diario suceden y naturalmente, el capitalismo, así como algunas teorías neoliberales sobre las cuales se sustentan; por tanto, cabe preguntarse si la construcción de este NOM es real y si en realidad responde a los intereses mundiales, sobre todo después de haber atestiguado el impune ejercicio de fuerza realizado por el gobierno norteamericano en su cruzada contra el terrorismo y en la invasión a Irak.

Este escenario se presenta en el corazón mismo de la globalización que se acentúa por el vertiginoso desarrollo científico y tecnológico consecuente de la Segunda Guerra Mundial cuando la vida del hombre se revolucionó en todos los aspectos de su existencia.

Puede decirse que uno de los ámbitos que impulsó a la globalización fue la evolución de la información y de los medios de comunicación que hicieron posible que las fronteras se diluyeran y fuera mucho más fácil difundir ideas a toda la población, con herramientas como la televisión, Internet y la telefonía celular. De esta manera se ha fomentado el acercamiento entre culturas, con lo que también se ha permitido la coexistencia ideológica y la convivencia entre elementos tradicionales y otros propios de la modernidad pero, si bien esto es posible, también este proceso ha contribuido al aislamiento del individuo en un proceso fundamentalmente materialista, plástico e impersonal.

Una de las intenciones primordiales para que existieran mecanismos globales era el facilitar el comercio y obtener el mayor provecho posible de él, a la par el impresionante proceso totalizador comenzó a expandirse a la política y a la difusión de las ideas, y actualmente se encuentra presente en todos los aspectos de la vida humana permeando patrones socioculturales. Desafortunadamente, muchas de las consecuencias de esta internacionalización económica y cultural se han convertido en graves problemas como la polarización de la riqueza mundial donde observamos fuertes desigualdades entre países que repercuten en la miseria de la población, así como en el surgimiento de dificultades como el nacionalismo, el racismo y los movimientos migratorios.

En estrecha relación con la globalización se encuentra el tema de la posmodernidad, si bien aún no conocemos del todo el rostro de ésta última; en un intento podemos comprender la posmodernidad como el resultado del colapso económico, político y social de la modernidad, que pretende ofrecer al ser humano una alternativa ante la aridez humanitaria y de valores de finales del siglo, en la que puedan coexistir estilos y propuestas tradicionales con soluciones contemporáneas. Si consideramos que parte de nuestra herencia es la crisis de occidente y su decadencia, que se traduce en nuevas guerras como la que actualmente se libra en el Congo, movimientos terroristas, pandemias, ataques fundamentalistas y brutales represiones que permanecen impunes, es momento de replantearnos el modo en que vivimos y qué podemos transformar como individuos y como sociedad.

Tiempo para celebrar… pero sobre todo, tiempo para reflexionar y tiempo para decidir. .:M:.

*Escrito originalmente para e.Metro, estación La Paz