¡Qué Maravilla! – Chichén Itzá

Chichen Itzá, orgullosamente con sello en mexicano, tierra en donde vivimos y en donde existen muchas maravillas creadas por el hombre y otras más por la propia madre naturaleza, es ahora, y por elección de los ciudadanos de la Tierra, una de las siete nuevas maravillas del mundo.

El centro de este complejo es la pirámide de Kukulcán conocida también como “El Castillo” ubicada al centro del bello Estado de Yucatán.

Hoy más que nunca nacen varias incógnitas: ¿Por qué es tan famoso este asentamiento arqueológico? ¿Qué tiene de particular? ¿Por qué fue elegido como una nueva maravilla?

El complejo de Chichén Itzá está compuesto de varios edificios que guardan la historia de los antiguos habitantes de Yucatán; el Castillo, una de las pirámides más representativas del sitio, fue construido hacia el siglo XIII por los mayas y está dedicado al dios Kukulcán, que en lengua maya significa “Serpiente emplumada”, deidad similar a Quetzalcóatl para los mexicas. Esta maravilla mide 55 metros de lado por 24 de alto, incorpora a su cuerpo 9 plataformas (pisos) en sus cuatro lados y, en la parte superior, se encuentra rematada por un pequeño templo al que se accede por el lado norte, considerando que la construcción de la pirámide se alinea con los cuatro puntos cardinales. Dentro del templo se elevan cuatro columnas hipóstilas que representan a la serpiente emplumada. Su perfección y belleza, siguen levantando incógnitas respecto al pensamiento que las concibió, a su ingeniería, arquitectura y la precisión con al que los escultores lograron captar el sentido sacro en la cantera.

Cuatro escalinatas conducen al altar de Kukulkán, cada una conformada por 91 escalones. Infiriendo una explicación que implica, ciencia, cosmogonía y creencias, creemos que fueron diseñados así para sumar 364 escalones, considerando el Templo se llega al número 365, que coincide con los días que tiene un año solar.

Siguiendo con las sumas. De las nueve plataformas que están a cada lado, estas se dividen por escalinatas, lo que arroja un total de 18 cuerpos, nuevamente estos números nos remiten a un elemento importante de la cosmovisión maya: los meses que conformaban el antiguo calendario solar maya, también conocido como HABB.

La perfección en la hechura de la pirámide nos remite a una cultura que observaba cuidadosamente su entorno, que respetaba la naturaleza y que convivía armónicamente con las estrellas, con sus creencias y con la vida.

Los equinoccios

Parte fundamental del devenir humano son los ciclos vitales, regidos por la propia naturaleza y por el cosmos. Un hito que ha sido objeto de veneración y estudio por todas las culturas ancestrales es la medición del tiempo y una de sus manifestaciones más prodigiosas son los equinoccios. Para los antiguos mayas de Yucatán el descenso del dios Kukulcán, inauguraba los cambios estacionales, modificando así la vida de todos los habitantes de Chichón Itzá. Este fenómeno ocurre dos veces al año y su manifestación , el descenso de la serpiente emplumada por las alfardas de El Castillo, ha sido considerado como una hierofanta por los mayas y, en la actualidad, atrae a miles de personas de todas las naciones del mundo.

La sombra del dios recorre las escalinatas desde el templo hasta conectarse con la imponente cabeza emplumada en la base de la pirámide. Este fenómeno metereológico sucede el 21 de marzo y 21 de septiembre, anunciando la entrada de la primavera y del otoño respectivamente. Como todos sabemos, un equinoccio es el momento en que el sol atraviesa el plano del Ecuador celeste, que es igual a que el día y la noche tengan la misma duración (12 horas) en todo el globo terrestre.

Los mayas aprovecharon este fenómeno para realizar un asombroso efecto que combina lo sagrado con la belleza de la vida en un evento que atestigua la máxima expresión de la perfección y la majestuosidad Maya.

Kukulcán, la serpiente emplumada, desciende por la escalinata norte formada por un destello de luz y sombra que refleja los siete triángulos isósceles que conforman las alfardas de la pirámide, se deslizan de forma paulatina, hasta llegar, como escribimos líneas arriba, en la colosal cabeza de serpiente que se encuentra en la parte inferior de El Castillo. La serpiente emplumada se revela así, en todo su esplendor, ya que la sombra abarca 35 metros desde la punta hasta la petrea cabeza.

Este espectáculo dura unas horas pero lo podemos ver en su máximo esplendor tan sólo por un lapso de 10 minutos, siendo estos los minutos cuando Kukulkán se manifiesta ante su pueblo.

La precisión de los cálculos geométricos y matemáticos logra que el cuerpo de la serpiente sea perfecto. Formado por la conjunción de seis sombras y siete triángulos, que suman un total de trece. Curiosamente, trece son también los círculos celestes que conforman el supramundo dentro de la cosmogonía de los mayas.

Los solsticios

La relación que procuraban los mayas con sus dioses, la naturaleza y su propio ingenio se manifestaba también en los periodos conocidos como solsticios, en los que el sol se halla en uno de los dos trópicos, del 21 al 22 de junio para el de Cáncer, y del 21 al 22 de diciembre para el de Capricornio. Los efectos del solsticio hiemal, el de invierno, el día menor y la noche mayor del año, y del solsticio vernal, que tiene el efecto contrario en el de verano no pasaron desapercibidos por los mayas.

En El Castillo se presenta este espectacular efecto natural, cuando la parte noroeste de la pirámide queda completamente iluminada y la parte sureste en contacto con la sombra, en una vista aérea se tiene una mejor captación de la pirámide dividida en dos partes por la luz y la sombra, esto debido a que el Sol alcanza su máxima posición meridional, ubicándose en el ecuador celeste.

Rodeada por una impresionante acrópolis que se erige orgullosa y maravillosa a lo largo del tiempo, la pirámide de Kukulkán, la serpiente emplumada se consolida hoy día como un testimonio más de la genialidad humana. Como mexicanos, debemos sentirnos privilegiados por descender de una cultura que sigue viva y que alimenta con su sabiduría nuestros pasos en este siglo. Ahora el reto es: convivir con la globalización dentro de este mundo posmoderno y valorar y cuidar las maravillas que nos rodean. .:M:.

*Escrito originalmente para e.Metro, estación Mixcoac