Yonqui – La vida en el lado ciego más visto

Hablemos sobre las drogas, en nuestro entorno, en nuestra situación, en este nuestro México lindo y pacheco; pues es al parecer lo que nos sucede a la mayor parte de la población mexicana. Estamos en un sopor auténticamente parecido a cuando nos fumamos un churrito y es que en ese estado francamente todo nos da risa. Ya no sabes a dónde voltear pues parece que te encuentras dentro de un sueño surrealista, con gente que desaparece, otros que se hacen millonarios de la noche a la mañana y millones que se hacen pobres de un día para otro (cinco personas cada día se hacen pobres según estudios oficiales en México).

Después viene el delirio de persecución que nos obliga a escondernos de todo y de nadie porque ni siquiera sabemos a qué temer -no existe la seguridad y punto-. ¿Lo ven? Estamos absolutamente pachecos. Lo mejor de esto es que aun nos falta saber qué pasará el día siguiente pues considero que México está en un tiempo perfecto para despertar y decidir abstenerse de su adicción.

Éste es el entorno presente en el que los mexicanos podemos leer al Sr. William S. Burroughs en su novela “Yonqui”. Como breve reseña diré que Burroughs -además de contar historias- tiene una muy particular biografía.

Me interesó leer lo que escribía pues él, a mediados del siglo pasado y a pesar de pertenecer a una de las familias mas acaudaladas de Estados Unidos, decidió dedicar su vida a la experimentación de los sentidos, usar la droga como un camino para alcanzar un estado reflexivo e intentar descubrir nuevos horizontes. Sin embargo es muy delicado hablar de los beneficios o si quiera emular algún tipo de  alusión positiva al uso de estupefacientes. Como sabemos la situación actual de la droga en países como  México e incluso Estados Unidos es un tema tabú, envuelto por la humareda del narcotráfico, la salud pública y la deficiencia educativa de ambos sistemas para tomar el tema con seriedad y objetivamente.

La historia es envolvente, se va por tu mente como agua entre los dedos, no podrás dejar de leerla hasta que termine. Su dinamismo es lo que la define, por momentos creerás lo que lees y pensaras que sientes lo que en tu mente imaginas.

Algo muy interesante del libro es la parte desarrollada en la Ciudad de México, describe muchos lugares y costumbres, que desde la mirada de Burroughs, resulta exquisito compartir con él. De calles caminadas y personalidades descubiertas de las que seguramente cualquier capitalino ya ha conocido en carne propia o por nuestra basta educación popular.

Además, el autor aborda el interesante desarrollo de la mafia mexicana -antecedente directo del sistema de narcotráfico que en el 2011 gobierna nuestra nación.

En “Yonqui” el autor nos enseña cómo se vive de la droga y cómo además de ser una adicción como tal, se trata de una forma más de vivir y luchar por ello. El propósito de una vida yonqui es experimentar con nuestra mente y cuerpo, no es una apología de las adicciones, aquí de lo que se trata es entender este mundo de los yonquis como un mundo paralelo. Nos lleva a un ghetto -que inmerso invisiblemente en la sociedad de por lo menos estos últimos 100 años, sobrevive de tal manera que ha creado una tribu en cada país, en cada ciudad y en cada circulo social; éstas se mueven, a lo largo del tiempo, no importando prohibiciones, sistemas de control, campañas de “Vive sin drogas” -con una flor que lo único que nos transmite es ganas de drogarnos para no imaginar cosas tan aberrantes.

Lo que importa es que a través de su narración, Burroughs cuenta que cómo las cucarachas… los yonquis siempre sobrevivirán y se encontrarán los unos con los otros. Como dice mi mami “Dios los hace y ellos se juntan” y encontrarán la manera de sustentar su manera de ver la vida y vivirla.

La interesante reflexión es: si ellos no desaparecerán creo que sería justo que nuestro sistema los incluyera de tal manera que nadie se aproveche de ellos y que la educación haga que no todos tengan que vivir de esta manera, sólo aquellos que en verdad están convencidos de hacerlo.

Espero puedan encontrar el libro, abrir su mente y dejar que les cuenten una historia desde otra perspectiva. No olviden que William S. Burroughs también es una persona con intelecto y genialidad extraordinarios, pero no es un ejemplo a seguir ni autoridad médica, moral, religiosa o de cualquier otra índole para que le adjudiquemos una labor educativa que no tiene este libro, cuyo propósito -si bien es ilustrar- no significa por eso que instruya en cualquier sentido. .:m:.

Bibliografía:

  • Burroughs, William S. “YONQUI”  Editorial Anagrama, España  2010.