Hace algunos años -no muchos por cierto-, el estar en contacto con alguna persona resultaba complicado, debido a que prácticamente los únicos medios de comunicación a distancia eran el teléfono fijo y el correo, pero no precisamente electrónico, sino el que llevaban los carteros; y más complicada todavía, la posibilidad de reencontrar a alguien de quien no se sabía en mucho tiempo, esto era casi una misión imposible.
Por cuestiones que en este momento estarían de más explicar, meses atrás, mi vida y la de una persona que considero especial, tomaron caminos distintos, y en el momento de la despedida, ella me decía -como una manera de reconfortarnos-, que a pesar de que no nos veríamos personalmente durante un buen tiempo, eso no era impedimento para seguir en contacto, y como prueba de ello, me recordó los medios por los cuales podíamos tener comunicación: teléfono de casa, teléfono de oficina, celular, mensajes de texto, e-mail, webcam, Messenger, Facebook, Twitter, más los que se acumularan en la semana; ante tan contundente argumento, sólo nos quedó aceptar, que con tantas opciones, el problema no era el poder, sino el querer, seguir teniendo noticias uno del otro.
A partir de este hecho anecdótico, empecé a reflexionar sobre la gran cantidad de formas y medios que tenemos actualmente para comunicarnos, algo que aunque parece obvio, y lo damos por hecho, la verdad es que estos han evolucionado, relativamente en poco tiempo. Hace más o menos quince años, el teléfono celular, era casi un artículo de lujo, además de que bien pudo haberse considerado como arma blanca, debido a su voluminoso tamaño, obviamente sus funciones eran muy limitadas: hacer y recibir llamadas, y uno que otro juego, con gráficos parecidos al ancestral Atari; para los mensajes de texto se utilizaba el beeper, muy poco práctico, ya que se tenía que llamar a un call center, donde una operadora capturaba y enviaba el mensaje; y que decir de la conexión telefónica a internet, en la que se escuchaba la marcación que hacía el modem y después el característico sonido que emitía mientras lograba conectarse a la red.
Visto desde la distancia, pareciera que estamos hablando de aparatos que existieron hace décadas, esto es debido al avance tecnológico tan acelerado que han tenido los dispositivos móviles y sus múltiples aplicaciones, haciéndose aún más evidentes, en los últimos cinco años.
Por supuesto, que son muchas, las ventajas que nos brinda el uso de la nueva tecnología, sobre todo porque han hecho más eficientes y efectivas las actividades, académicas, laborales, sociales, informativas, etc., pero como nada es perfecto, estos avances también tienen su lado potencialmente negativo, como la dependencia en su uso, la pérdida o disminución de la privacidad, e incluso la falta de contacto humano para socializar, es muy común ver reuniones, en las que todos están más pendientes de sus aparatos de comunicación, que de las personas que están a su alrededor, por lo que parece muy cierto aquello de que la tecnología ha acercado a los que están lejos y alejado a los que están cerca.
Cualquier exceso en la vida, tiene consecuencias, generalmente no muy agradables, pero cada uno de nosotros tenemos la libertad de elegir la forma y la cantidad con las que usamos la tecnología, y la prioridad que tenga, esta, en nuestra vida. Las formas de comunicarnos han cambiado de manera radical, de tal forma, que también nos han obligado a poner a trabajar la imaginación, en busca de nuevas excusas o pretextos, para no asistir a una cita romántica, a una convivencia con amigos, o alguna junta de trabajo, ya que la clásica: “no pude localizarte para avisar que no iba a poder llegar”, está perdiendo vigencia, porque siendo sinceros, la única restricción que tenemos, hoy en día, para estar en contacto con alguien, es el querer, porque el poder ya lo tenemos. .:m:.

