Hollywood, la Raza y varios más – Apoyemos al (buen) cine mexicano.

Revisando la cartelera de cine el fin de semana, además de darme cuenta que no había algo sobresaliente, también noté, que como ya es costumbre, la oferta de producciones mexicanas es muy baja; los motivos son diversos, tal vez sea que no existe en nuestro país una verdadera industria cinematográfica, puede ser también, la falta de apoyo, o de plano, será porque a veces nos encontramos con cada película, que nos deja la sensación de haber perdido, más o menos, una hora y media de nuestra vida.

Como simple espectador, muy común y muy corriente, clasifico las películas que veo en buenas, regulares, malas y ¡no te pases!, y cuando decido ir al cine, procuro no leer ninguna crítica, pues aunque hay reseñas muy buenas, que invitan o previenen de ir a ver determinado filme, no dejan de ser puntos de vista personales, visiones subjetivas, en mayor o menor grado. Aunque también es innegable, que no solo el criterio propio interviene en la elección de que película ir a ver, ya que el veredicto de nuestra gente cercana, al calificarla como, “estuvo buena o no”, nos deja un amplio margen de curiosidad, como para ir a confirmarlo personalmente.

En todos los países y en todas las épocas se han realizado películas buenas y malas, y hablando específicamente del cine mexicano, este ha pasado por diversas etapas, una de las más brillantes fue, la llamada época de oro, donde surgieron actores y actrices que hoy son considerados leyendas, como, Dolores del Río, María Félix, Pedro Infante, Jorge Negrete, Pedro Armendáriz, por mencionar algunos, quienes participaron en producciones de gran calidad, muchas de ellas han trascendido hasta nuestro días; pero nuestro cine también ha tenido etapas oscuras, y probablemente, el periodo que duró, desde finales de la década de los 70 hasta principios de los 90, es el de más retroceso cinematográfico que hemos tenido.

El llamado cine de ficheras, era el que reinaba en esos años, en donde actrices no brillantes pero si muy buenas –perdón pero no encontré otro adjetivo-, como Saha Montenegro, Angélica Chaín, Maribel Fernández, etc., y actores de dudosa calidad, pero muy populares, como Alfonso Zayas, Rafael Inclán, César Bono, por mencionar algunos, eran los reyes de la taquilla, con clásicos como  Los plomeros y las ficheras, Bellas de Noche, Las Cariñosas etc., aunque también habían historias que por su complejidad no podían contarse en una sola película, y se realizaron secuelas, entre las que se encuentran, La Pulquería I, II y III, Los Verduleros I, II y III, o El día de los albañiles I,II y III, como podremos notar, además del buen gusto, la creatividad tampoco era lo suyo.

A la par de estas películas, también se proyectaban en las pantallas, historias de narco-traficantes, Camelia la texana o La banda del carro rojo, por ejemplo, o las de humor involuntario, con Pedrito Fernández en Pánico en la montaña o Vacaciones de terror; afortunadamente con la llegada de los 90, comenzó la decadencia de estas producciones, y el cine mexicano, empezó una renovación con algunas propuestas interesantes: Como agua para chocolate, El callejón de los milagros, Cilantro y perejil, Solo con tu pareja, La mujer de Benjamín, por ejemplo.

Aunque se seguían produciendo películas de las estrellitas de televisión y en las carteleras se veían anunciadas a Alejandra Guzmán en Verano Peligroso, al grupo Garibaldi protagonizando, En donde quedó la bolita, o a Gloria Trevi en Pelo suelto y la Papa sin cátsup, ya habían, también otras opciones, como Rojo Amanecer, Cronos, La Tarea, y algunas otras, que anunciaban que el cine mexicano estaba de regreso.

A finales de esa década, en 1999 para ser más exacto, apareció una gran película, La ley de Herodes, y en ese mismo año, Sexo, pudor y lágrimas, que en lo personal, no me pareció buena, pero a mucha gente si, ya que rompió record de taquilla, además de venir acompañada de una gran campaña de marketing, incluyendo una canción con el mismo nombre de la película, e igualmente exitosa.

En el año 2000, en el comienzo del nuevo siglo, pudimos apreciar una de las mejores películas mexicanas, tal vez de todos los tiempos, Amores Perros, que aunque por sí sola, la historia era muy buena, el soundtrack, fue el complemento perfecto. A partir de allí se empezaron a producir una buena cantidad de filmes, algunos valían la pena, otros no tanto, pero lo rescatable era que el cine mexicano se movía nuevamente, al parecer en buena dirección.

Algunas de estas cintas son: Perfume de Violetas, Amar te duele, El Tigre de Santa Julia, Matando Cabos, Asesino en serio, Y tu mamá también, El Crimen del Padre Amaro, Rudo y Cursi, De la calle, Año bisiesto, El Infierno, entre muchas otras; aunque algunos directores empezaron a volver repetitiva y por consecuencia, desgastar la fórmula, con historias citadinas, o de narcotráfico, violentas y con un lenguaje exageradamente plagado de groserías, que en cualquier momento podrían terminar por cansar al espectador.

El cine como cualquier expresión artística, es de apreciación, o sea que, es cuestión de gustos, y así como hay historias que me han encantado, también están las que me han dejado con la sensación de haber sido asaltado en la taquilla, pero sobre todo, de haber perdido valioso tiempo, que bien puede haber invertido en dormir, Niñas mal, Inspiración, Cansada de besar sapos, No eres tú soy yo; o aquellas que sinceramente no tuve el valor de ir a verlas, haciendo caso al sexto sentido, que me decía que mi dinero merecía un mejor final, Casi divas, Zapata, Cabeza de Buda, Recién cazado, y una que está actualmente en cartelera, Labios Rojos.

Obviamente este artículo está dedicado al cine hecho en México, pero me parece importante recalcar que las películas buenas, regulares, ¡y no te pases!, se hacen en cualquier parte del mundo, y también nos llega cada cosa del extranjero, que ¡que espanto!

En general, calificaría como bueno, el cine que se produce en nuestro país, con algunas historias que trascienden al grado de provocarnos emociones, reflexiones y recuerdos, otras, simplemente nos divierten, nos hacen pasar un buen rato y disfrutar las palomitas, y algunas más, deberían venir con la advertencia: “véala bajo su propio riesgo”.

El cine nacional, nos ofrece opciones para todos los gustos, y si bien es cierto que todavía está lejos de ser una industria, siempre encontraremos algo digno de verse. Por eso cuando nos dicen que apoyemos al cine mexicano, creo que están excluyendo una palabra que hace la gran diferencia: Apoyemos al buen cine mexicano.   .:m:.