Siempre imaginé que la muerte sería distinta, que al terminar la existencia, otros planos mucho mejores a este se verían, olerían, sentirían, respirarían, percibirían, en fin, algo mucho mejor a esto fue lo que siempre esperé. Pensé que el último escalafón de la existencia se alejaría en mucho con esto. También pensé, que el final de la vida, sería más que una pausa eterna en el enmudecimiento de los sentidos, más allá que el esperado descanso interminable de apacibles fantasías y de hermosas añoranzas impresas que se alargarían por el resto de los tiempos. Pero concretamente… ¿Quién podría describir con las palabras certeras lo que nos espera al concluirse la vida? Hasta mi último minuto de existencia, nunca he sabido de un muerto que resucite para hablarle al mundo mortal de las cosas habientes en el aquel plano desconocido.
Ahora, puedo decir que la muerte es muy parecida a un sueño, sólo que interminable simple, vacía, inerte y carente de bellas imágenes.
Hasta este momento, no he experimentado esa sensación de paz y tranquilidad que algunas personas hablaban al mirarse frente a los linteles del firmamento celestial, esa transportación al punto que muchos llamaban el paraíso prometido. Eso, no se ha experimentado para mí, por el contrario, mi cuerpo me duele y las fuertes punzadas en mis ojos me causan una confusión preocupante. Sé que esto resulta ridículo para alguien que esta muerto pero… incluso, puedo sentir como si mi cuerpo aun necesitara del oxígeno de la atmósfera, de aquel entorno que me escupiera hace días debajo de la tierra negra, a esa cruda y aterradora oscuridad.
¿Qué es la muerte exactamente? Una aterradora oscuridad.
Ahora, que las barreras que limitaban mi cuerpo se han anulado, ahora que las penas y el temor se han suprimido de mi espíritu, ahora que la noche y el día se han amalgamado en uno mismo para presumirse fascinantes espero el juicio que me libre de esta expectación. Se que he muerto, que la vida se ha desprendido de mi como el efluvio que escapa de las agitadas aguas del mar, pero aun siento la desesperación del tiempo cargarse sobre mi pecho haciendo mucho más lastimosa mi expectativa. ¿Qué espera Dios o Satanás para brindarme el paraíso o la condena eterna? deseosa espero escuchar la palabra que me conduzca al cielo o al infierno, sólo deseo escucharla para librarme de este plano neutral donde solamente impera la vana y aterradora oscuridad.
¡Que vaga y enrarecida es la muerte!
Nada frente de mí, nada que revele el camino que estoy siguiendo.
Sola. Sola impero en esta dominante negrura que me devora y que lentamente termina con mis sueños mortales.
Comienzo a sentirme angustiada, temerosa. No sé qué esta ocurriendo…
Estoy muerta y necesito de la luz, del espacio, del tiempo y del aire. Siento que lo necesito, que lo necesito todo desesperadamente.
¡Mis uñas se aferran al compacto espacio en el que me descubro! ¡Mis manos las llevo a mi garganta, mis uñas se hunden sobre mi carne, mis pies golpean contra los márgenes de este invisible y negro espacio! Ahora mis puños chocan desesperadamente contra el encogido entorno que me aprisiona. Los fragmentos de un cristal caen sobre mi rostro, mis dedos palpan, palpan ansiosos todo cuando a su camino se revela. Hilillos húmedos y calientes se deslizan por los costados de mi cara, mis labios los sienten, lo descubren. Mi lengua rosa mi ansiosa boca, me aterra el sabor del líquido que emana de mi rostro; ¡sangre!
¡No, esto no puede estar ocurriendo!
¡Me han traído a las entrañas de la tierra cuando aun no ha sido el momento!
¡Esto no puede ser cierto!
¡¡Dios mío, me han enterrado viva!!… .:M:.
*Escrito originalmente para e.Metro, estación Panteones

