Nada se escucha mas que sólo el sonido del viento entre las ramas de los árboles, unos cuantos pajarillos que armonizan la estancia de cuerpos sin vida, de repente te encuentras caminado entre lapidas buscando el nombre conocido para ir a dejarle flores, miras a la derecha y ves tumbas con flores nuevas que despiden un agradable aroma pero a su vez también percibes el pestilente aroma a flores podridas en tumbas que nadie visita mas, volteas a la izquierda en donde ves tumbas sucias, olvidadas, llenas de tierra con pasto seco e insectos rondándoles.


De repente volteas y un anciano con flores en la mano buscando la tumba de su esposa, una hora después le vuelves a ver con una cara no muy paciente al seguir buscando y no encontrar éxito alguno.

Y si te paras enfrente de alguna lápida leerás palabras que no le fueron dichas al difunto, pero escritas sobre una piedra descansará el alma, al darse a notar algunas frases de arrepentimiento o amor no correspondido, breves salmos y hasta oraciones, esperanzas de volverse a encontrar y hasta hablan de Dios y un ángel que ha sido llevado al cielo para velar las imprudencias humanas.

Tan sólo al pisar suelo de un panteón se inhala una aroma a muerte, sin dejar de mencionar un aire lleno de dolor y desesperanza, quedando por sentado el inmenso abismo existente entre un mundo y el otro, siendo que estos habitan el mismo territorio.
Habrá lapidas que jamás volverán a ser visitadas, quizá porque nadie se acuerde del pobre difunto, o talvez porque solo esperaban su muerte para ya nunca volver a saber de el; también existen las que son visitadas cada fin de semana creyendo estos que así se sienten mas cerca de su difunto.

Respira profundo el aire que penetre a tus pulmones porque quizás otro día jamás lo vuelas a hacer. .:M:.
*Escrito originalmente para e.Metro, estación Panteones

