“…desarrollar la naturaleza humana
para que pueda alcanzar su destino […]
cada generación, provista de los
conocimientos de las anteriores, puede realizar
una educación que desenvuelva de un modo
proporcional y conforme a un fin, todas las
disposiciones naturales del hombre, y conducir
así toda la especie humana a su destino.”
Immanuel Kant
Hemos terminado los preparativos para regresar a clases, las aulas universitarias nos esperan para construir entre sus muros, amistades, sueños, uno que otro romance y, naturalmente, para llenar nuestras cabezas con información y conocimientos… las tardes de café en las que compartimos horas estudiando, escuchando música, redactando notas y anhelando que llegue el fin de semana… pero ¿nos hemos preguntado para qué? resulta claro que la educación y la escuela forman parte importante de nuestra vida pero ¿por qué lo hacemos?, ¿qué es lo que esperamos conseguir al terminar?, ¿alguna vez concluimos?, ¿qué es educación?
Para responder estas preguntas, debemos comprender que educación forma parte de la dialéctica misma del ser humano y de su camino a través de los siglos, es decir, es el elemento básico para la transformación y el avance de la sociedad y lo ha sido desde siempre. La educación es un producto y, al mismo tiempo, una necesidad de la sociedad, cada una de ellas tiene ciertas normas y conductas aceptadas como “buenas”, “ejemplares” e “imprescindibles”, es en torno a estas características que se intenta formar a sus integrantes buscando el bienestar general; para alcanzar este objetivo se recurre a la educación. Naturalmente ésta involucra los parámetros que dicha sociedad considera óptimos y, de esta suerte, es la misma sociedad quien propone los objetivos fundamentales de su educación, mismos que son dictados por intereses políticos, filosóficos o religiosos.
Entonces, la educación se transforma a la par de las sociedades, se desarrolla a partir de las necesidades del hombre que se cambian continuamente, razón por la cual está en constante crisis, como nuestras propias vidas, en una dinámica incesante donde se buscan objetivos muy diversos.
A pesar de todos estos cambios, desde siempre la educación ha buscado el crecimiento del individuo y, a partir de éste, el florecimiento de la colectividad. Así, con el aprendizaje y el conocimiento, el hombre mejora su entorno y forma “personas” con cualidades valiosas para su época. Gracias a la íntima relación de la educación y las normas sociales el individuo adquiere características únicas que le ayudan a desenvolverse en su sociedad, a encontrar propia identidad y a trascender en su comunidad.
Los conocimientos que aprendemos de diversas instituciones consideran tanto los conocimientos de vanguardia como los obtenidos a lo largo de la historia, el saber transmitido de generación en generación nos ayuda a actuar con precisión y seguridad en nuestro propio tiempo.
Hablar de educación, es entonces, hablar también de historia y de la sociedad en sí misma, de sus cambios, de sus particularidades, de sus normas, de sus costumbres y de su política. Es, aceptando la naturaleza de la educación, cuando podemos abordar su carácter vital en el devenir del hombre gracias a su relación dialéctica con la historia. El ejercicio de la enseñanza en el ámbito que sea, dota al individuo de la fuerza necesaria, mediante su conciencia, para conducirse autónomamente; de esta forma, en el contexto social, a través de ella, el hombre lucha por una mejor calidad de vida, al asumir su capacidad transformadora y de interacción con las circunstancias que lo rodean.
Dentro de este contexto social es que el pensamiento se convierte en la manifestación colectiva, que atañe a todos los miembros de la comunidad, en esta búsqueda de conocimiento, de libertad y de progreso.
El proceso transformador de la educación, implica que cada uno de nosotros adquiera conciencia de si mismo y de sus objetivos; que asuma una postura crítica constante en la que alimente la curiosidad para apropiarse del significado de lo que estudia para, de esta forma, insertarse activa y conscientemente en el acontecer de su sociedad.
La educación es entonces un instrumento de transformación del hombre y de su sociedad, en el que, como escribe Paulo Freire, con un acto de valentía, amor y coraje el individuo conquista su autonomía, “…es una práctica de la libertad dirigida hacia la realidad.” Es por ello, que la enseñanza permite la praxis reflexiva, consciente y activa del individuo en su devenir histórico y social.
Concluyo entonces, que la educación va más allá de las aulas pero que la experiencia que en ellas tenemos es vital para nuestra historia personal, nuestras decisiones y la vida en la que día a día nos desarrollamos.
¡¡¡Feliz regreso a clases!!! .:M:.
*Escrito originalmente para e.Metro, estación Normal

