La resistencia civil pacífica que la Coalición por el Bien de Todos está llevando a cabo en la Ciudad de México ha traído a la capital del país un clima de inestabilidad política y económica, y sobre todo una gran molestia de mucho sectores de la población del Distrito Federal que diariamente usan el Paseo de la Reforma como medio de comunicación a sus labores cotidianas.
Para este gran ser vivo llamado “Ciudad de México” sin duda el Zócalo representa el corazón desde el cual se palpitan la mayoría de las acciones políticas de nuestro país, pero el Paseo de la Reforma es sin duda la aorta que lleva a los glóbulos capitalinos a sus trabajos, escuelas y hogares, arteria que oxigena la actividad económica de la ciudad, que a su vez es un icono del ambiente urbano ideal y del cosmopolitismo por el que la ciudad capital resplandece con fuerza hacia el extranjero.
Esta resistencia civil ha sido el coágulo que ha obstaculizado el flujo económico de esta región tan importante, siendo la industria hotelera la que ha recibido sus efectos más agudos y dañinos, haciendo que ésta contabilice pérdidas millonarias. El turismo, un factor de ingresos muy importante para esta la capital, se ha visto profundamente dañado tanto en su imagen como en sus finanzas. Los hoteles, restaurantes, aerolíneas, paseos turísticos, museos, etc.; han tenido que enfrentarse a habitaciones y mesas vacías, a comida que se descompone en los refrigeradores y a las aceras sólo llenas de consignas partidistas.
“Entre los individuos como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz”, esta frase tan comúnmente usada por la clase política izquierdista en nuestro país para esculpir en ésta la imagen de Juárez, posee cláusulas ocultas en su reestructura actual, en donde la libertad de expresión y reclamo justifica la pérdida de las libertades de tránsito, del ejercicio económico, de la seguridad y del respeto a la propiedad, tanto pública como privada; esta cláusula de letras chiquitas, la vemos reflejada en tanto en Paseo de la Reforma como en el Zócalo, en donde los reclamos por el recuento de votos y la inconformidad con el resultado han justificado las pintas, los boquetes en el suelo, la basura en la calle, el robo de energía eléctrica, el obstáculo para ir a trabajar y sobre todo la capacidad de transitar por las avenidas.
A pesar de ser este un asunto público, el sector privado ha sido el más golpeado sin justificación aparente o razonable. ¿Qué responsabilidad tienen en el conteo de votos Banamex, HSBC o Bancomer para que el acceso a sus oficinas sea bloqueado? ¿Qué a caso la Bolsa Mexicana de Valores operó el supuesto fraude del dos de julio? ¿Jumex es responsable de la derrota de Andrés Manuel López Obrador? ¿CAPUFE y los concesionarios de las carreteras operaron el robo de los votos para el candidato de izquierda? Los chivos expiatorios-industriales de la Coalición están siendo golpeados ante una cuestión de urnas y tribunales, viéndose éstos impotentes ante la inmovilidad política para actuar en contra de estas violaciones.
Por lo que respecta a la Macroeconomía, ésta ha resistido a pasar de los duros embates políticos, las caídas en la Bolsa Mexicana de Valores han sido las menos en comparación con el clima de inestabilidad que ha surgido. Aparentemente los inversionistas no están huyendo despavoridos ante este clima de inestabilidad, el peso está muy fuerte y el petróleo da certeza al gasto público; que curioso que este movimiento trate de atacar a los defensores de la Macroeconomía y que esta se mantenga firme, cuando en verdad los bloqueos afectan a las economías de los pequeños negocios del centro que abren sus cortinas sin que alguien las atraviese, multiplicándose el efecto por millones de pesos diarios, generando menos empleos y sí más pobreza.
El único empleo que se ha favorecido es el de plantonista, ya que cada persona que “decide” habitar en Reforma o en el Zócalo recibe alrededor de doscientos pesos diarios; esta acción ha hecho que muchas personas que atraviesan el antiguo Paseo de la Emperatriz aseveren irónicamente abandonar sus empleos y llegar al plantón, ya que es más lucrativo abrir una carpa en una calle que un negocio en la Plaza de la Constitución en estas fechas post-electorales.
Podré sonar tendenciosa, pero esta publicación desde hace más de un año se ha dedicado a promover el alma de la ciudad a través de su cosmopolitismo y en alguna ocasión también para e-Metro escribí acerca de la importancia del Paseo de la Reforma para todos los capitalinos; pero tristemente me percato, como una amante de esta gran urbe que este plantón a sobrepasado la cuestión de partidos y colores, ya es algo más que “voto por voto” y “casilla por casilla” ,es un ataque contra la ciudadanía, contra nuestro patrimonio, ¿o qué a caso la defensa de las ideas avalúa la destrucción del patrimonio nacional?
Defendamos la libertad de aquellos que no están conformes con el resultado electoral y su derecho a manifestarse para pedir el recuento de votos, respetemos los ideales de la izquierda que busca incluir a los pobres en el crecimiento del país, pero también preservemos la civilidad y el respeto por los otros que no comulgan con las ideas de la Coalición y que, junto con éstos, quieren ver a México crecer como una nación más exitosa y pacífica. Mi respuesta es: Ser, además un hombre muy bien educado, con muchos conocimientos que le ayuden sobrevivir. .:M:.

