En esta edición de e.Metro quisiera esta vez escribir a manera de blog y hablar y reflexionar sobre mis sin sabores, amargas experiencias, pero también los encantos de estar en contacto con otras sociedades y culturas diferentes a la mía, la mexicana, de la Ciudad de México, que ya es decir algo porque es muy multicultural y en ocasiones difícil de sobrellevar.
La primera fue en Europa (Polonia), donde finalmente me pude sentir cómodo después de varias semanas, realmente la vida de estudiante que tuve allí me sirvió para ver donde estoy parado como estudiante y ciudadano mexicano frente a otros sistemas educativos, de los que a cada rato escuchaba, ser muy superiores al nuestro, al de México. Y la verdad es que finalmente hay de todo y en todos los lugares, y terminé corroborando que, como mexicanos no tenemos que envidiarle mucho a los europeos en términos de calidad de estudiantes.
La vida a pie en las calles, que parece tan simple, común y que hacemos automatizadamente, se convierte en una aventura tras otra, enfrentando las miradas, las groserías, incomprensión, discriminación incluso, de una sociedad no habituada a recibir oleadas de extranjeros no blancos.
Un par de meses después, intercambiar sonrisas y saludos (que esto hay que saber hacerlo bien para no terminar ofendiendo a alguien) con los empleados del supermercado, tiendas de comida rápida, de los vecinos, te hacen sentir mejor en casa.
Y bueno la lección más importante que aprendí fue que yo como estudiante, y el resto de los alumnos de intercambio, a mi entender buscamos lo mismo, lograr tener una vida con mayor dignidad, empleo bien remunerado y diversión.
Las diferencias están en esos detalles de la cultura difíciles de entender y que se deben lidiar día a día hasta que nuevamente se vuelven procesos automatizados. Y créanme que ese proceso puede ser tan doloroso a veces.
Y ahora estando del otro lado del mundo, en Filipinas, creí que esa distancia que yo percibía entre los europeos, en general y no como latino resultó no ser tan grande como yo pensaba. Llegué a pensar que estos asiáticos tendrían más rasgos latinos y pues resultó que no.
Los europeos podrán ser un tanto fríos y toscos en el trato sus expresiones, pero existe ese contacto físico diario del beso en la mejilla, el abrazo y formas más cálidas y corteses de darte la bienvenida, así como nosotros los latinos.
Aquí he percibido como el menor contacto posible y una forma tan propia, de respeto y amabilidad de dirigirse a los demás es la característica distintiva; y en el caso de los filipinos, teniendo un toque de ese catolicismo conservador que lo hace más único.
Y pues bien aquí los malentendidos no han faltado, las miradas escépticas, la forma de percibir el tiempo – esta gente se toma el tiempo para todo, primero desayunan antes que llegar temprano a una cita –.
No comer arroz es herejía, preguntar tu religión antes de tu edad es la norma y ser tolerante es también algo distintivo de la gente filipina, algo que se agradece mucho cuando necesitas ayuda.
Y finalmente, al igual que, como todo el mundo, el objetivo de sobresalir y tener una vida digna y más allá está presente en este país. Que es lo que todo humano busca en esta vida, ¿no?
Y así mis descubrimientos y percepciones de la vida en polos opuestos de este mundo, latinos, asiáticos y europeos, vaya que diferentes unos de otros, no sé como detalles que a la distancia parecen insignificantes son a veces tan relevantes; y creo sólo a través de las dichosas oportunidades que he tenido he llegado a entenderlos, apreciarlos e igualmente poder ser un vínculo hacia mi cultura, la latinoamericana. Y que finalmente el propósito de estos intercambios es el mutuo entendimiento. .:M:.

