
Todas las tardes
se reúnen las gaviotas
frente a la estación del tren:
Allí repasan sus amores.
En su libro de memorias
dos flores de sándalo:
una señala la página de los puentes,
otra la de los suicidas.
Y también guardan una fotografía
del mendigo que, hace tiempo, transportaba
los despojos del mercado.

Pero en su pequeño corazón
–que es el de los equilibristas-
por nada suspira tanto
como por esa lluvia tonta
que casi siempre trae el viento,
que casi siempre trae el sol.

Por nada suspira tanto como por el inacabable (cabalé, cabalá)
continuo mudar del cielo y de los días.
Las gaviotas
de Bernardo Atxaga

Hay dos clases de personas. Los que viven, juegan y mueren.
Y los que se mantienen en equilibrio en la arista de la vida.
Los actores. Y los funámbulos.
Nieve
de Maxence Fermine
.:M:.
*Escrito originalmente para e.Metro, estación Chapultepec

