Pocos hombres tienen el poder de ostentar un traje que diga “yo construí una ciudad”, y existe un arquitecto que durante los últimos años del siglo veinte se encargó de hacer que la vieja, piramidal, virreinal y afrancesada Ciudad de México entrara a la modernidad.
Pedro Ramírez Vázquez es el más importante arquitecto mexicano de nuestra época reciente, y lo sabrás a continuación porque muy seguramente has visto, estado y admirado alguna de sus obras. Chilango de nacimiento, llegó al mundo en 1919 y estaba a destinado a hacer historia… y qué mejor manera que construyendo lugares para preservarla.
El Museo Nacional de Antropología, por mucho el más importante de nuestro país es resultado de la idea de Ramírez Vázquez. Un espacio construido para preservar el pasado prehispánico de nuestro país, pensado para dar un lugar especial a cada una de las culturas más importantes que nos antecedieron. Pero lo que más puede impresionar es la gran fuente al centro del museo, con una lluvia magnífica que pareciera que el mismo Tláloc la envía, creando una cortina para la pieza central: símbolo de los mexicanos, monumento solar, estatua de Tonatiuh, el famoso Calendario Azteca.
Además del Museo del Caracol, el Museo del Templo Mayor -con su forma piramidal- y el de Arte Moderno son obras del arquitecto capitalino. El MAM, famoso no sólo por obras tan conocidas como “Las dos Fridas”, sino por sus magníficas escaleras y jardines; armoniza con el Paseo de la Reforma dejando entender que en esa avenida conviven lo moderno y lo antiguo bajo un mismo sello de mexicanidad.
Si hablamos de símbolos, la ciudad de México es la capital religiosa del país, teniendo en un monte a la madre de los mexicanos. La Virgen de Guadalupe tuvo como casa una “sencilla” basílica hasta que en 1976 se construyó un nuevo santuario que, en forma de montaña, fuera el nuevo hogar de la morenita del Tepeyac. Con amplios espacios y pasillos, es un edificio de uso rudo, pues ninguno en nuestro país (y pocos en el mundo) reciben tantos visitantes al año. De esta manera -y gracias a un pabellón bajo el altar con bandas móviles- todos los fieles pueden mirar muy de cerca a la Reina de México.
Como templo es la Basílica, también lo es el Estadio Azteca. El “Coloso de Santa Úrsula” ostenta con orgullo y razón su sobrenombre, pues es el estadio más importante, grande e impresionante de nuestro país. Pocos en el mundo pueden presumir de ser sede de Juegos Olímpicos, dos copas mundiales, conciertos y reuniones masivas pudiendo albergar a 105,000 espectadores.
Además de crear el estadio que serviría como sede olímpica en 1968, Ramírez Vázquez fue presidente del comité organizador de los Juegos. Él como responsable de la organización tenía el gran reto de colocar a México ya no como el país rural y árido sino como una nación moderna y floreciente. Mucho ayudó la identidad gráfica de los juegos para borrar el sombrero de charro y el sarape y dar una imagen moderna; junto con Lance Wyman diseñó el cartel y el emblema de México 68, y tan importante fue esta propuesta gráfica que marcó el diseño mundial de la década de los setenta, con esas famosas líneas paralelas. Tal hazaña creativa le hizo obtener el Premio Nacional de Bellas Artes en 1973.
El ambiente urbano quedaría vacío sin torres como la de Tlaltelolco, actual sede el Museo Universitario y que es en sí una estatua luminosa que aparece alumbrando el centro de la Ciudad. O bien la antes llamada “Torre Mexicana” (que poco a poco va perdiendo su nombre junto con el prestigio de la aerolínea), que es un símbolo de la Colonia del Valle, fiel compañera del WTC en todas las fotografías, pues su peculiar forma -de una torre de control (misma que hace a varios despistados llamarle “la torre licuadora”.)- hacen imposible que quede desapercibida.
La sede de un poder de la Unión, el Palacio Legislativo de San Lázaro, es otro edificio que representa a la nación en sí, con su fachada tricolor que se abre como dos brazos o como dos penínsulas, y que dentro de sí guarda a quienes son la voces del pueblo mexicano (por lo menos de manera estricta).
Podríamos mencionar más y más edificios, logros arquitectónicos y condecoraciones que este mexicano ha ganado en su país y en el extranjero, y todas servirían para fortalecer el argumento que si nuestra Ciudad moderna tuviera un padre, este sería Pedro Ramírez Vázquez. .:m:.

