El malinchismo: Más allá de Doña Marina

Si se es mexicano, es bien conocido el término “malinchista”, como aquel sujeto que prefiere lo extranjero sobre aquello que es originario de nuestro país, o bien que ayuda a personas de nacionalidad distinta a la mexicana a aprovecharse de algún recurso o de los mismos mexicanos.

Este término es originario de una leyenda entre la mística fantasía de la mexicanidad moderna, originada por una famosa Doña Marina, que muchos acusan de ser una de las grandes traidoras de nuestro país, junto con Iturbide y Maximiliano (ninguno de los tres mexicano).

Para entender a Doña Marina, alias la Malinche, y de nombre Malitzin; debemos ubicar a esta “traidora de la mexicanidad” en una época en donde a México le faltaban unos trescientos años para nacer, me refiero a la conquista española del Imperio Azteca.

Muchos libros de historia (o historietas) nos dibujan al Imperio Mexica como una tierra de maravillas, en donde todos eran felices, y los habitantes bebían alegremente atole con los Mayas; de vez en cuando se hacían unas guerras llamadas “florales”, que eran para jugar a intercambiar esclavos para después usarlos como sacrificio a los dioses, en un juego inofensivo y por demás entendible para la época. La verdad es que los Aztecas eran un pueblo bárbaro, amante de la guerra y la violencia, sometedor y con un nivel científico y cultural muy inferior a otros pueblos que los antecedieron, como los Toltecas o los Mayas. Por medio de la violencia y la guerra lograron controlar un basto territorio, y esa raza de bronce que es idealizada era esclava de las figuras religiosas de la cima de las pirámides.

En este entorno cultural y social nació Malineli Tenepatl, que según Bernal Díaz del Castillo, era hija de importantes personas, caciques o nobles de la región. Tras una guerra contra pueblos de la región maya – los cuales resultaron vencedores- fue entregada como tributo y llevada a la región de Tabasco. Allí pudo aprender la lengua maya, además de dominar el Nahuatl como lengua materna, esto le permitió servir de intérprete incluso antes de la llegada de los conquistadores españoles.1

En 1519 fue entregada de nuevo como esclava, aunque en esta ocasión se le otorgó a Hernán Cortés como parte de un tributo por la derrota militar del pueblo maya de Tabasco antes las armas españolas. A partir de allí comenzaría una de las historias más “románticas” del período de la conquista del territorio mesoamericano… el de la gran intérprete y embajadora.

Esa conquista que duró varios años –a pesar de que en el imaginario popular se dibuja a Cortés llegando Tenochtitlan y conquistándola fácilmente- la Malinche fue pieza clave, no sólo por su labor de intérprete (aprovechando su habilidad para aprender el español de una manera muy rápida), sino porque conocía a la perfección los ritos y costumbres de los habitantes de la región. Al ser de origen mexica conocía perfectamente la leyenda del dios tolteca que regresaría a tomar su reino, y que personalizado en Cortés, terminaría por acabar con el paisaje piramidal del valle de México.

No habrá que minimizar este hecho para poner en un plano de debilidad al pueblo mexica, sino en un poder sustentado por la cosmogonía y las leyes divinas; ya que de otra manera hubiera sido imposible rodear y derrotar a una de las ciudades más importantes y pobladas de la época a nivel mundial. No fueron las bayonetas sino los virus que terminaron por debilitar a la ciudad, en una de las primeras guerras biológicas a gran escala, en donde las armas eran los cuerpos de los indígenas difuntos de viruela. Esta enfermedad terminó también con la vida de Doña Marina, pero no así con su papel histórico, más allá de su propia época.

Perdonarán ustedes que no abundemos más en la vida de este personaje histórico, pero puedo insistir que el malinchismo moderno nada tiene que ver con esa esclava que sabía hablar tres idiomas. Este fenómeno cultural es mucho más reciente, y me atrevería a decir –sin documentación que apoye mi argumento- que es una concepción del siglo veinte en relación directa a la presencia de Estados Unidos frente a la cultura mexicana.

La mexicanidad es un argumento más nuevo que el concepto de México, el cual se sustenta no en ideales ni en valores, sino en objetos y acciones; me refiero con esto a la mexicanidad del siglo veintiuno consiste en una playera verde, en tequila, en bigotes, charrería, chiles, nopales; de igual manera en celebrar, alburear, incluso fallar un penal en el fútbol; cuando no se posee o no se hace conforme a los estándares no se es mexicano, así de simple. Al ser estos objetos y acciones propias de la mexicanidad, el buscar otros sustentos materiales es una alteración y violación a la cultura misma; si se escucha música en inglés, se prefieren las hamburguesas o se usa ropa de marca extranjera, se es un traidor a la patria, “malinchista”, favorecedor de las culturas ajenas a la nuestra.

Para acabar de construir argumentos de mexicanidad, hay algunos que fundamentan su nacionalidad en el petróleo (objeto, cosa, hidrocarburo al fin), y que nuestra patria depende de la pertenencia de ese recurso fluctuante. Me inquieta pensar que mi identidad vaya en función del valor del mercado de un líquido viscoso y que algunos llaman oro negro. De igual manera me inquieta pensar que aquel sujeto que opte por otra expectativa de empresa sea un vende patrias, como la Malinche, que le entrega lo más sagrado a recursos extranjeros.

Y la Malinche es al fin y al cabo una vende patrias… aunque el silogismo más básico nos diga que no se puede vender algo que no existe. Es también una estatua que sirve para negar el pasado del pueblo mexicano, que emula a los grandes tlatoanis, pero que discrimina a los que hablan nahuatl; que tiene aberración por los españoles, pero que a su vez habla español.

Ni siquiera los ibéricos como conquistadores de pueblos están exentos de estos dilemas de la cultura, la cual se identificó como “España” no mucho antes de la adquisición de territorios fuera de Europa. “En España, en la actualidad, está sucediendo un fenómeno paralelo, con el pasado semítico (judío y musulmán). En la literatura, música, pintura y poesía, parece que hay un renacer y cierto sentimiento de culpabilidad por haber ignorado por tanto tiempo un pasado tan rico.2 Quizá en nuestro país esté ocurriendo algo similar, a través del mundo de la cultura, pero en esencia el fenómeno del “conquistado moderno”, va más allá de la expresión de las artes, ya que muchos mexicanos no las asumen como parte de su identidad nacional sino como un elemento decorativo de su propio país, como esferas en el árbol de navidad.

En otras vertientes se ha podido escuchar el término “neomalinchismo”, incluso fuera de México: “Puede haber Malinchismo en el anexionismo que es un fin, no un medio. Pero el neo-malinchista es un individuo que, situado en cualquier orilla -no importa si es en el faro de Key West o en el del Morro- ha comenzado a ocultar su acento y apellidos, o el de sus hijos, para pasar por extranjeros. Hombres sin historia: José Martí, la bandera cubana o el Himno de Bayamo son cosas de política que ya no le importan.”3

La anterior es la visión del malinchismo aplicado en la isla de Cuba, en donde lo extranjero es negado como política de estado. Es en estos regímenes la figura de la Malinche cobra el papel de villana en la perspectiva política, pero el malinchismo resulta una manera de escape de una cultura opresora o adversa a los intereses de algunos.

Ya que los objetos resultan ser símbolos de una cultura, el despojarse de ellos es la representación del librarse de esas conquistas. De esta manera Mahatma Gandhi logró inspirar la independencia de la India, la regresar a las vestiduras originales y generar una imagen de arraigo en la cultura4. Si esto es así, porqué estos procesos pueden ser tan favorables o perjudiciales. ¿Por qué la identidad nacional es un asunto tan discordante?

Maliztin, Doña Marina o como gusten llamarle, es un chivo expiatorio de aquello que el mexicano no puede definir; y mientas tanto nuestra cultura añadirá culpables de su situación; habrá que esperar que pase la infancia de la patria y que ésta – la enajenada de su gente – entienda que México no se constituye de recursos, terrenos, o vestiduras; sino de ideales, de voluntades; mientras estas estén bien sólidas podremos hablar alemán, celebrar el Hanuka y comer Sushi sin siquiera temer en vender nuestra patria o dejar de llamarnos mexicanos. .:M:.

1) La Malinche, http://es.wikipedia.org/wiki/La_Malinche, Wikipedia, Consultado el 4 de enero de 2009
2) Maura, Juan (2003), Leyenda y nacionalismo: alegorías de la derrota en La Malinche y Florinda «La Cava», http://www.ucm.es/info/especulo/numero23/malinche.html, Consultado el 4 de enero de 2009
3) Almargo, Francisco (2004), ¿Nuevo Malinchismo?, http://espaciosdigital.com/articulos/verarticulo.asp?ID=83, Revista Espacios, Digital, Consultado el 4 de enero de 2009
4) Idem