El Viajero del Siglo de Andrés Neuman, Premio Alfaguara de novela 2009 es una atenta invitación a reflexionar respecto a la libertad limitada de una sociedad conservadora, una seductora narración que nos remonta al siglo XIX y nos obsequia una exquisita mezcla de escritores, músicos, guerras y pasiones que se confrontan con la realidad del siglo XXI.
Un viajero se adapta, cambia, conoce y en ocasiones reconoce, ¿por qué detenerse cuando hay tanto por descubrir? ¿Qué nos detiene? o mejor dicho ¿qué nos retiene? Confieso que me he enamorado de El Viajero del Siglo, es una novela que lo mismo puede leerse con calma que con prisa, con un poco de excitación y otro tanto de melancolía. Todo sucede en Wandernburgo, una pequeña ciudad donde los modales, la religión, el trabajo y la ciudad en sí impiden que sus habitantes la abandonen o se alejen de ella.
Andrés Neuman expone la pluriculturalidad a través de pláticas de amantes, tertulias de distinguidos personajes, conversaciones de taberna; la forma en que trenza temas que hoy son de lo más común como el deseo, la unión aduanal, la revolución industrial, la distribución de la riqueza, la visión de Sor Juana, la posibilidad de hacer llegar a todo el mundo la escritura de autores europeos o americanos sin fronteras, enfrentarse a la moral desde la trinchera de las letras, la libertad de la mujer para elegir con quién casarse o no hacerlo, obligan al lector a identificar el largo camino que la sociedad ha tenido que recorrer para compartir en un entorno global, todo aquello que identifica o condena a las naciones.
El hilo de Neuman: el amor, qué fino y qué delgado llega a ser cuando todo o nada se interpone entre dos jóvenes o viejos ansiosos, inquietos, conectados, amarse citando a poetas muertos, vivos o prohibidos, amarse en secreto, frente a todos, ese amor que muchos deseamos, fuerte, constante está presente también en El Viajero del Siglo.
La descripción de Wandernburgo, sus paisajes, la luz del verano o los sonidos de la primavera, sus calles, los ricos y pobres, la incondicional amistad de un perro, logra crear una atmósfera que atrapa, podemos escuchar la música de Bach, sentir a Kant, amar a Goethe, admirar a Schiller, añorar el pasado y quizá odiar al presente. Las manchas imborrables de la guerra, del abuso, la explotación, la falta de educación y de oportunidades, la marginación, son el espejo en no quisiéramos reflejarnos, mas sucede que ese contraste entre algo que pareciera tan lejano y a la vez resulta tan familiar es parte del éxito de Andrés Neuman para enganchar a quien lo está leyendo hasta el final.
La recomendación es, un buen café y algo de tiempo para disfrutar este trabajo que sin duda ilustra lo que hoy entendemos como globalización, una oportunidad para acercarnos a autores de la literatura universal, filósofos y por qué no, a simples personajes que bien pueden existir hoy a la vuelta de la esquina, sólo hace falta observarlos.
Hablo de que Europa llegue a pensar como país, como un conjunto de ciudadanos y no como una suma de socios económicos. Lo primero, de acuerdo, sería reducir las fronteras. Y después de eso, ¿por qué no seguir uniendo aduanas? ¿por qué no pensar en la unidad alemana como parte de la unidad continental? El profesor Mietter redondeó la boca como quien sorbe un cóctel. ¡Qué ingenuidad la suya!, dijo, ¿y unirnos con quién, Herr Hans? ¿Con los franceses, que nos invadieron? ¿Con los ingleses, que tienen acaparada la industria? ¿Con España, que igual corona dos veces al mismo rey que proclama una república salvaje? Seamos prácticos, ¡dejemos de soñar! En todo caso, se encogió de hombros Hans, me parece un sueño digno de soñarse.” El Viajero del Siglo, Andrés Neuman
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