Existe solamente un día al año que es el más largo; a medio día el sol alcanza el punto más alto del cielo durante el año, la insolación es máxima. A este fenómeno se le conoce como solsticio de verano.
En los solsticios, el sol cae verticalmente sobre el trópico de Cáncer, la declinación del astro se mantiene durante varios días casi sin moverse; de aquí proviene su nombre que significa en latín “sol quieto”.
En varias partes del mundo se convierte en toda una festividad cargada de poder y magia la llegada de este día (21 de junio). La celebración del solsticio de verano es tan antigua como la misma humanidad, según datos históricos nuestros ancestros creían que el sol no volvería a su esplendor total, pero después de esta fecha, los días se volvían más cortos y por tal razón, en la víspera del verano se encendían fogatas y ritos de toda clase para simbolizar el poder del sol y ayudar a renovar la energía.
Se encendían fogatas en las cimas de las montañas, a mitad de las calles, enfrente de las casas y se echaban a girar ruedas ardiendo a través de los campos. Se bailaba y saltaba alrededor del fuego para purificarse y protegerse de influencias demoníacas y asegurar el renacimiento del sol.
Aunque parezca extraordinario, esta simbología era compartida por pueblos distantes, inclusos separados por el océano Atlántico. En el sur del continente Americano, en la cultura inca del Perú, uno de los festivales primordiales era el que se celebraba cada 24 de junio: el Inti-Raymi (la fiesta del sol) en la explanada del gran imperio, justo del momento de la salida del astro rey , el inca elevaba los brazos y exclamaba: “¡oh, mi sol! ¡oh, mi sol! Envíanos tu calor, que el frío desaparezca”. Esta gran fiesta se sigue practicando y representando hoy en día con un claro tinte turístico. Los habitantes de la zona visten sus mejores prendas al estilo de sus antepasados quechuas y recrean el rito inca.
Otra de las raíces de tan magna celebración, se encuentra en las fiestas griegas dedicadas al dios Apolo, que se celebraba en el solsticio de verano encendiendo grandes hogueras con carácter purificador. Los romanos por su parte, dedicaron a la diosa de la guerra Minerva una fiesta con fuegos y tenían la costumbre de saltar tres veces sobre las llamas.
El misterio del cielo, curiosidad para el hombre
Toda la magnitud de los espacios cósmicos no dejaron de ser fuente de curiosidad para el ser humano, incluso conforme a transcurrido la historia se han incluido ritos cristianos.
En las civilizaciones prehispánicas se creó un calendario basado en los movimientos aparentes del sol, la luna y las estrellas sobre los horizontes cuya configuración está definida por los grandes volcanes. Con base en estas fechas, el mundo precolombino festejaba con danzas religiosas que duraban varios días la llegada del sol.
El equinoccio, es otro fenómeno solar memorado por las culturas prehispánicas. Todos sabemos que debido al movimiento de rotación de la tierra, el sol sale en el oriente y se oculta en el poniente y entre los puntos que se conocen como solsticios, el sol llega a un punto intermedio conocido como equinoccio, que puede traducirse como “iguales”; lo que quiere decir que ese día en particular, la noche y el día tendrán la misma duración (12 horas cada una).
En el equinoccio de primavera (21 de marzo), todo un ritual prehispánico; miles de mexicanos acuden a los principales recintos arqueológicos del país para recibir la primavera cargados de energía y comenzar con nuevos augurios un nuevo ciclo de vida, rodeados de tradiciones indígenas.
Chichén Itzá, Tajín, Xochicalco, Malinalco y Teotihuacan se convierten en ese día en centros de peregrinación de miles de turistas que imitan las costumbres de las culturas dominantes de América antes de la llegada de los españoles.
En Chichén Itzá se contempla el descenso de Kukulkán, un fenómeno de luces y sombras que dibujan 7 triángulos sobre las escaleras del templo y ofrece una sensación de movimiento que culmina en la cabeza de una serpiente emplumada.
En Teotihuacan se recuerda a Quetzalcóatl; el descenso de la serpiente emplumada, los visitantes suben al punto más alto de la pirámide del sol para cargarse de energía cósmica.
Sin duda el hombre siempre se encuentra en búsqueda de seres supremos que expliquen la existencia de su ser, y miles de personas alrededor del mundo encuentran en el astro mayor, esa respuesta a sus inquietudes.
Sin pretender minimizar estas tradiciones, actualmente sabemos que se tratan solamente de rituales, y que los equinoccios y solsticios tienen que verse simplemente como lo que son. Un evento más en el continuo viajar de nuestra tierra alrededor del sol, dándonos las pautas para las estaciones del año; como sirve a los agricultores para las épocas de sembrar y cosechar, tal como se ha venido haciendo desde hace ya, algunos milenios. .:M:.
*Escrito originalmente para e.Metro, estación Tasqueña

