La transición entre el verano y el otoño ha traído una impresionante temporada de lluvias a la Ciudad de México. Sus efectos han sido tremendos en todos los sentidos, inundaciones, días nublados, pretexto de románticos encuentros, colosales embotellamientos, el agosto de los vendedores callejeros de paraguas y el colmo de los comentaristas del clima en radio, televisión y demás medios de comunicación.
e.Metro dedica su edición del mes de agosto a la estación del Tren ligero Xochimilco y sus artículos giran alrededor del agua.
El tren ligero da servicio al sur de nuestra gran urbe en sus diversas estaciones superficiales. Su diseño le otorga gran movilidad gracias a su estructura articulada y ha resultado una excelente opción para desahogar el servicio de transporte público. Los trenes actuales son una reminiscencia de los tranvías que surcaban la mancha urbana en nuestra ciudad a finales del siglo XIX.
Sobre la historia de Xochimilco podemos escribir volúmenes enteros, su origen prehispánico y su poderío; las coloridas fiestas que tienen lugar en sus barrios tradicionales, colmados de leyendas y alusiones al México antiguo; o sus hermosos mercados de flores que año con año atraen a propios y a extraños. Sin embargo, hablar de Xochimilco es hablar de agua.
Es imposible concebir una imagen de Xochimilco sin evocar sus canales y sus chinampas. Por ello, en este número, invitamos a todos seguidores a leer lo que nuestros articulistas tienen que decir sobre el agua y la urgente conciencia que debemos desarrollar para conservarla.
Así pues compartimos la visión sobre la actual problemática por la escases del agua de Paty Romero, Humberto Barreda y Adolfo Ortiz; la fobia que puede provocar una piscina o el mar abierto es narrada por la aguda pluma de Laura Elena Acevedo; mientas que Guillermina Sosa nos lleva de la mano por la sugerente magia que rodea al elemento vital.
Nuestra corresponsal en Argentina, Mariana Esquenazi recorre con su texto los impresionantes glaciares del fin del mundo. Julián Aizkoraluze aborda la potente relación entre la música y el agua. Y Luz María Ramíez nos ofrece un hermoso texto de creación literaria en el que se subrayan las raíces más profundas –y cotidianas- de México.
Esperemos que el dios Tláloc, el señor de la lluvia, nos vea con buenos ojos y que regule el nivel del agua en las presas, o bien, que amaine los aguaceros vespertinos, o por lo menos que nos permita llegar a salvo a la marquesina más cercana.
Hasta nuestro siguiente viaje. .:M:.
*Escrito originalmente para e.Metro, estación Xochimilco

