El diseño textil conjuga creatividad, sensaciones y belleza, puede entonces considerarse un arte; una vez que la creación original y única es reproducida y confeccionada al mayoreo para su venta, se convierte en una fuerza más poderosa que el arte, porque en ese momento consigue que miles de personas vivan su vida en ello.
Citando a Mary Grünfeld: “La moda es la expresión estética de una sociedad y sus valores…”*; convenientemente la moda es sensibilidad y aceptación de propuestas, así es que, estudiando las modas presentes en una sociedad de determinada época se puede discernir la noción de belleza que albergaba dicha sociedad.
Los mercados de la moda están regidos por la capacidad de seducción de sus diseños; el secreto para vender moda radica en la habilidad que tiene el diseñador de lograr que sus creaciones provoquen sensaciones cautivantes en los consumidores potenciales.
México representa un mercado bastante atractivo para la industria de la moda, sabemos que la sociedad mexicana es altamente consumista, sin embargo su consumo se divide en dos mercados principales: un primer nicho de alto poder adquisitivo que persigue las tendencias de la moda a cualquier costo; y un segundo mercado con un poder adquisitivo limitado que en primera instancia realiza adquisiciones más reflexivas y puede en determinado momento alternar practicidad con marca de acuerdo a la situación económica prevaleciente en el momento.
A esta altura me parece necesario puntualizar una diferencia importante entre hacer moda y confeccionar, ya que ambos conceptos conllevan efectos muy distantes uno del otro.
La industria textil en México representa la cuarta fuerza manufacturera más importante, y la segunda rama que más exporta a nivel nacional, pero en este ámbito nuestro país es un eslabón de la cadena productiva, en pocas palabras: el hecho de confeccionar ropa no significa que estemos creando moda. Bien es cierto que las maquiladoras emplean un gran porcentaje de mano de obra nacional, y que el 70% del ingreso generado se quedará en el país –en forma de sueldos, recibos de luz e impuestos-; pero esto significa que a nivel de innovación y creaciones originales, los diseñadores mexicanos dominan menos terreno que las creaciones extranjeras maquiladas en México.
En la actualidad las ciudades más reconocidas gracias a sus importantes aportaciones y a su moda de vanguardia son Nueva York, Londres, Milán, Tokio y París, en las cuales año con año se llevan a cabo festivales del más alto caché y en los cuáles México participa.
Las dificultades financieras no han impedido que los diseños mexicanos sean bien recibidos en otros países gracias a sus hermosas propuestas y al uso amplio de colores atractivos que caracterizan al folklore nacional; entre los artistas más reconocidos del ramo se encuentran: Alberto Rodríguez, Paola Hernández, Héctor Terrones, Macario Jiménez, Blanca Estela Sánchez y Alessa Casati, quienes han conseguido con éxito incursionar en las glamurosas pasarelas de las “Fashion weeks” alrededor del mundo.
Desde hace algunos años la industria de la moda en México ha adquirido mayor fuerza y relevancia en la vida pública; los artistas de televisión se han convertido en íconos de jóvenes y adultos estableciendo tendencias y pautas en el vestir. La televisión dedica mayor espacio a las discusiones relativas al tema debido a la enorme cantidad de audiencia que atrae; antes dicha audiencia se limitaba al público femenino, en la actualidad también los hombres comienzan a seguir las tendencias. Las pasarelas también han ido ganando popularidad entre los espectadores, una de las más reconocidas es el “Acapulco Fashion Fest”, donde decenas de diseñadores exponen sus creaciones que pueden ser contempladas en vivo o a través de los medios de comunicación, los cuales han jugado un papel de difusión irremplazable.
La tecnología computacional ha abierto una brecha de comunicación impresionante, hoy en día existe más información de las modas que nunca; la facilidad de comprar en línea impone un nuevo reto a las distribuidoras: antes los fans del mundo se conformaban con tener a disposición dos colecciones al año (primavera-verano y otoño-invierno), ahora los consumidores no están dispuestos a esperar seis meses desde que ven un producto en los Fashion-Fest hasta que éste se encuentre disponible en las tiendas, tampoco se satisfacen con dos colecciones al año.
A pesar de lo anterior, el impacto de México en el ámbito internacional aún no llega al nivel de las capitales de la moda, de hecho su popularidad se encuentra muy por debajo de ellas debido al ínfimo impulso con el que cuentan los diseñadores, esto aún considerando que la calidad de la producción textil en México es envidiable.
Otros factores que debilitan la incursión de la moda nacional en el mercado son la piratería y el contrabando; seis de cada diez prendas de vestir que se venden en nuestro país son ilegales , lo cual frena el crecimiento de las empresas del vestido y deja en claro el efecto de la crisis económica y financiera por la que atraviesa el país; en este contexto la moda adopta una función distinta: polarizar las diferencias económicas y distinguir aquél sector de la población que viste “ropa de marca” de aquél sector que no tiene acceso a ella.
A final de cuentas la moda es un tema elitista, las mejores marcas a nivel internacional se reúnen en la avenida más cara de la Ciudad de México, Presidente Masaryk, y son limitados los compradores que tendrán acceso a éstas.
¿Somos lo que vestimos? en un sentido estricto no; sin embargo lo que somos nos lleva a utilizar cierto “estilo”; nuestros valores, nuestro entorno social, el trabajo que desempeñamos, nuestros gustos y costumbres se reflejan en la indumentaria que portamos. En el peor de los casos dicho estilo reflejará el pensamiento de otros con motivo de la búsqueda de pertenencia.
Muchas subculturas han aprovechado la relevancia de la vestimenta en la vida diaria para confeccionar una identidad característica; aunque lo “deseable” es que estos grupos posean un pensamiento único y valores propios perfectamente distinguibles, en numerosas ocasiones será la ropa lo único que los diferencie de otras subculturas.
La moda está presente en nuestras vidas en todo momento, aún la ropa que se vende en un bazar de usados alguna vez fue modelada en una pasarela vanguardista. La indumentaria no nos debe situar en una escala de valor, aunque muchas veces permitimos que esto suceda y nos supeditamos a que las telas representen nuestra esencia. La influencia de los medios ha recrudecido esta situación, y es irónico entender que la industria de la moda recauda miles de millones en ventas al año, en un mundo donde el 18 % de la población vive con menos de 15 pesos al día. .:M:.
* Camára Nacional de la Industria del Vestido
Escrito originalmente para e.Metro, estación Polanco

