Diego Rivera es recordado, además de como artista, como un hombre mujeriego, incluso libidinoso según Frida Kahlo lo manifestaba en sus pinturas, no obstante cinco mujeres atraparon a esta alma libre del arte gracias al compromiso matrimonial.
Gracias a la beca que le otorgara el Secretario de Educación Pública, Justo Sierra, Diego Rivera pudo continuar sus estudios artísticos, que comenzaran en la Academia de San Carlos, en España; hecho que le dio la oportunidad de viajar a varias naciones europeas como Francia y Bélgica. En este último país, en la ciudad de Brujas, Diego conoce a la que sería su primera esposa, la pintora Angelina Beloff.
Nacida en San Petersburgo Rusia en 1879, Angelina Beloff estudió en la Academia de Bellas Artes de su ciudad natal, y al igual que Diego, recorrió varios países europeos para aprender más sobre técnicas de pintura y grabado.
Fue gracias a la pintora española María Gutiérrez Blanchard que Angelina y Diego se conocieron, comenzando así una relación afectiva que se manifestó en el retrato que Diego Rivera hizo de la pintora rusa, una de las mejores obras simbólicas del autor. Su matrimonio tuvo lugar en 1911.
De esta relación nacería el primer hijo de Diego Rivera, en 1916, no obstante a causa del cruel invierno de Europa del este, a los dieciocho meses de haber nacido, el primogénito de Rivera y Beloff, murió.
Siete años en total durarían unidos Diego y Angelina y estos años serían de gran provecho para el pintor mexicano ya que Beloff era la puerta de entrada a los círculos de intelectuales soviéticos, mismos que tendrían gran influencia sobre él.
Durante la década de los veinte, Angelina se asentó en París, presentando su obra regularmente en recintos como el Salón de las Tullerías y el Salón de Otoñó, así mismo durante su estancia en la capital francesa, siguió vinculada al círculo intelectual mexicano pintando retratos de los artistas y pensadores que se habitaban allí.
También durante su estancia en Europa, Beloff destacó en las artes gráficas ilustrando varias obras literarias, entre las que destacan “El Soldadito de Plomo” de Hans Christian Andersen y “Construir un fuego” de Jack London; estas ilustraciones se encuentran actualmente exhibidas en el Museo Dolores Olmedo Patiño, junto con otros grabados de la artista que representan escenas típicas de su natal Rusia, como lo es Hombre Tocando la Balalaika.
En 1932 la pintora llegó a México, en donde continuó con su activismo político como miembro de la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios; asimismo para 1949, fundó el Salón de la Plástica Mexicana, reflejo de su nueva corriente artística enfocada al paisaje y a las representaciones nacionales. Lo anterior la llevaría a la artista a presentar su obra en la Sala de Arte de la Secretaría de Educación Pública, en la Galería de Arte Mexicano entre 1951 y 1952 y para 1956 en el Salón de la Plástica Mexicana, consumándose así como una importante pintora del siglo XX en nuestro país.
El 30 de diciembre de 1969 en la Ciudad de México, Angelina Beloff dejó este mundo con un gran legado artístico y aportaciones a la cultura mexicana.
Marie Vorobieff-Stebelska sería, después de Angelina, la segunda musa de Diego Rivera.
Marie nació en Cheboksary, Rusia en el año de 1892 y es considerada como la primera pintora cubista. En 1910 ella se trasladó a Moscú para estudiar en la academia del arte de Stroganov, pero en el año siguiente se mudó hacia Italia y de nuevo en 1912 a París, lugar en donde continuaría sus estudios y presentaría sus primeras exposiciones.
Aún y cuando seguía casado con Angelina Beloff, Diego Rivera comenzó una relación sentimental con Marie en el año de 1915, la cual se fraguó entre el clima intelectual de París desencadenado por el círculo de artistas cubistas encabezados por Amedeo Modigliani y Pablo Picasso entre otros.
Diego Rivera había llegado al apogeo de su fase cubista, rondando los treinta años de edad y con una situación matrimonial difícil después de la muerte de su primer hijo; era el clima idóneo para comenzar una relación con Marie, la cual perdería su manifestada fuerza en 1919 con el nacimiento de su hija Marika Rivera.
Aunque Marie y Diego no se casaron, continuó el vínculo entre ellos gracias a Marika, a pesar de que el pintor jamás la reconoció como su hija. Diego Rivera mantuvo económicamente a Marika, la cual continuaría la tendencia artística familiar a través de la expresión corporal y la dramaturgia.
Marika contraería primeras nupcias con el pintor Jean Paul Brusset en el año de 1938, matrimonio del cual surgiría un hijo, Jean. Para finales de los años cuarenta, la hija de Diego y Marie se volvería a casar, ahora con Rodney Phillips; habitando una famosa casa en Athelhampton, Inglaterra, lugar que vería nacer al su segundo hijo, David.
Marie Vorobieff-Stebelska viviría junto con su hija en Athelhampton, lugar que sirvió de inspiración para la artista, pintando retratos y paisajes de los bellos jardines de la residencia.
Marika se separó de Rodney, lo que obligó a Marie, su hija y a sus dos nietos a mudarse ala reina de los suburbios londinenses, Earling; lugar en donde el segundo amor de Rivera vivió hasta el año de 1984.
De vuelta en México, Diego Rivera ingresa al Partido Comunista Mexicano en 1922 y ese mismo año contrae nupcias con Guadalupe Marín.
Lupe Marín, a diferencia de sus dos musas anteriores, no provenía de una escuela artística europea, ni era parte del un círculo intelectual, sino que era “simplemente”, la mujer que hacía la limpieza en la casa del artista mientras él pintaba el mural La Creación en la Escuela Nacional Preparatoria, hoy Antiguo Colegio de San Ildefonso.
El origen indígena de Guadalupe, así como su profesión la llevó a ser conocida como “La gata Marín” y, su rostro peculiar, sus facciones, piel morena, larga cabellera negra y ojos verdes, fueron la inspiración que llevó a Diego Rivera a retratarla en varias de sus más famosas obras en caballete.
Lupe, nacida en 1925 y Ruth en 1926, serían las dos hijas del matrimonio Rivera Marín; aunque ellas no tendrían la dicha de tener juntos a sus padres por mucho tiempo ya que al año siguiente de haber nacido Ruth, la pareja se divorció.
Años atrás, como se había mencionado, Diego Rivera pintó un mural en la Escuela Nacional Preparatoria, y allí se dice que se dio el primer encuentro entre Frida Kahlo y él. Frida realizaba estudios en el recinto y algunas historias comentan que ella observaba con admiración al artista mientras él se conmovía por la fragilidad de aquella mujer.
Fue hasta 1929 que Diego Rivera y Frida Kalho contraerían nupcias y este amor entre “El elefante” y “la paloma”, estaría lleno de infidelidades reciprocas; ya que Diego Rivera era conocido por sus amoríos los cuales llegaron a incluir a la misma hermana de Frida Kahlo. Por otro lado existían rumores no confirmados sobre la bisexualidad de la pintora, los cuales incluían relaciones con actrices famosas de la época; por otro lado el asilo de León Trotsky en la Casa Azul de Coyoacán de 1937 a 1939 serviría de oportunidad para Frida de tener un romance con el revolucionario soviético.
Después del asesinato de Trotsky en 1939, Frida Kahlo sería acusada de haberlo matado y, aunque le fueron retirados los cargos, esa inestabilidad en la vida de la artista la llevaría divorciarse de Diego Rivera al año siguiente, aunque el distanciamiento terminó en 1941.
El matrimonio de Diego y Frida era a su vez una relación artística que les inspiraba a ambos, ya que fue el mismo Diego Rivera quien sugirió a Frida el uso de sus atuendos característicos e iconográficos, del mismo modo en que la pintora encontró en su esposo a su mejor maestro.
La relación llegaría a su fin con la muerte de Kahlo el 13 de julio de 1954, ocasionada por una recaída en su frágil salud y por una fuerte depresión intensificada por la amputación de una de sus piernas a causa de la gangrena el año anterior.
La última de las musas de Diego, Emma Hurtado, era mucho más joven que Diego Rivera y había sido amiga del pintor diez años antes. Emma había adquirido el privilegio de la comercialización y exhibición de algunos cuadros de Diego Rivera en el año de 1946, administrando así la Galería del artista.
La historia del matrimonio entre Emma Hurtado y Diego Rivera es muy controversial, como lo comentó Dolores Olmedo en una entrevista realizada por Elena Poniatowska en el año de 1922:
A Emma Hurtado yo le decía la bruja pirulí porque antes de que se casara con Diego le ponía los zapatos, le amarraba las agujetas, le limaba las uñas; nos invitaba a unas comilonas de maravilla en su casa, muy burguesa por cierto, pero el día que se casó con Diego no volvió a atenderlo. Diego se casó con ella en secreto, fue su »peor es nada», porque él pidió a varias mujeres que se casaran con él (a María Félix, por ejemplo) y todas le dijeron que no. Diego me propuso matrimonio, lo tengo en una carta, un día he de enseñársela, pero me pareció tan absurdo. ¿Para qué necesitaba casarme con Diego Rivera? 1
Emma acompañó a Diego hasta el día 25 de noviembre de 1957, día en que el famoso muralista falleció, terminando así la historia de amores (muchos amores) de uno de los más destacados personajes que ha dado la tierra mexicana e icono del arte del siglo XX; y es gracias a la pintura que las mujeres de Diego mantienen su belleza intacta para que, al igual que su leyenda, permanezcan inmutables hasta la eternidad.
.:M:.
1 – Poniatowska, Elena; “He tenido cuanto he querido”, Entrevista con Dolores Olmedo en La Insignia [En línea], Disponible en http://www.lainsignia.org/2002/agosto/cul_020.htm.

