Ni desierto ni con leones

Uno de los puntos preferidos de los habitantes de la Ciudad de México es sin duda el Parque Nacional Desierto de los Leones, ubicado al occidente del Distrito Federal, ya que permite a los capitalinos, a unos cuantos kilómetros de distancia, acercarse a la provincia, al ambiente boscoso y campirano, de vivir otro clima y respirar otros aires.

La historia del que hoy llamamos Desierto de los Leones se remonta a los primeros años del siglo XVII, cuando tras los conquistadores españoles, la Orden de los Carmelitas Descalzos arribó a tierras de la Nueva España.

El Rey Felipe II, movido por el deseo de evangelizar los nuevos territorios encontró en la Orden del Carmelo una oportunidad de acercar a los naturales a la religión de Cristo, así que dentro de la Orden, el Padre Gracián, presidente del Capítulo de Lisboa optó por enviar doce misioneros a las Indias, en el afán de emular a los apóstoles. Fue así que el 4 de julio de 1585 y bajo el consentimiento de su majestad el Rey y de su Secretario de Indias, Don Juan de Ledesma, se dio orden de embarcar a los descalzos hacia la Nueva España.

Para septiembre de 1585, el Sumo Pontífice era Sixto V y la mitra del Arzobispado era portada por Don Pedro Moya Contreras. Fue el día 27 de ese mes que llegarían al puerto de San Juan de Ulúa (en el actual estado de Veracruz) los doce misioneros que habían embarcado en Sevilla. En esa misma flota también arribaría Don Álvaro Manrique de Zúñiga, Marqués de Villamanrique, llevando la labor de ser el séptimo Virrey de la Nueva España.

Tras haber tocado tierra comenzaron las fundaciones en la Nueva España. Nuestra Señora de los Remedios en Puebla, en el año de 1586; N. Señora del Carmen- Atlixco en 1589; N. Señora de la Soledad-Morelia y N. Señora de la Concepción en 1593; y otra dedicada a N. Señora del Carmen en 1597, esta vez en la ciudad de Celaya.

Fue hasta el año de 1606 que se fundaría el Santo Desierto de Nuestra Señora del Carmen, en las colinas de Santa Fe.

Un desierto, en el argot carmelita, se refería a las fundaciones ubicadas fuera de las ciudades, ya que ofrecían la oportunidad de recogimiento y asilamiento espiritual, siguiendo la tradición monástica original.

El nombre de Desierto de los Leones de debe quizá a una disputa por la posesión de los terrenos entre los hermanos José y Manuel de León en contra del cacique de Coyoacán, Don José Patiño de Ixtolinque , para defender la posesión del lugar a favor de los Carmelitas Descalzos. Otra teoría da pie a pensar que el predio se llama así por los pequeños pumas que habitaron la zona.

La primera piedra se colocó el 23 de enero de 1606, encabezando el acto el Virrey de la Nueva España, Juan de Mendoza y Luna, Marqués de Montesclaros. Además de un convento, la obra comprendía diez ermitas (El Portón, La Soledad, San José, San Elías, San Juan, Magdalena, Trinidad, Getsemaní, San Alberto y San Miguel) y la muralla del conjunto. Estas obras fueron terminadas el 12 de julio de 1611.

A causa de problemas como la humedad, incendios y de un terremoto en el año de 1711, el edificio conventual, que en principio estaba formado de dos plantas, fue demolido para quedar de una sola planta, la cual fue construida en 1722, bajo la batuta de Fray Andrés de San Miguel.

Durante más de doscientos años los carmelitas ocuparon el recinto, el cual tuvo que abandonarse totalmente en el año de 1814. La principal razón es sin duda el estallamiento de la guerra de independencia, lo que obligó a ceder la posesión de los terrenos al gobierno de la Ciudad de México. Por otro lado, el descuido del lugar en sus últimos días llevó a generar un ambiente insano dentro de las instalaciones, lo que llevó a los monjes a fundar una sede alterna en Tenancingo desde los años ochentas del siglo XVII.

Tras ser abandonado, el convento permaneció como parte del parque del Desierto de los Leones. El complejo cuenta con un patio que sirve como acceso principal al convento y un comedor. Además existe un camarín, donde hubo un retablo que correspondía al altar mayor de la iglesia, así como pinturas y escenas de la pasión. Se aprecia también el lugar que contenía la biblioteca, la iglesia, que conserva su fachada original, los sótanos y la Capilla del Secreto, que se llama así por tener el efecto de transmitir la voz de un ángulo a otro siguiendo la elipse de la bóveda.

El 15 de noviembre de 1917, el presidente Venustiano Carranza lo decretó como el primer parque nacional, expropiando las tierras para la conservación y la protección de los recursos hídricos y naturales.

En la actualidad, el Desierto de los Leones sigue cumpliendo su función original, ser un espacio calmo y de reflexión fuera de la Ciudad, sustituyendo la vida monacal por la convivencia familiar. El Desierto de los Leones, sin arena y sin felinos, es un sitio que da la oportunidad de trasladarse en el tiempo y en el espacio a un sitio que emite un estruendo construido de silencios. .:M:.